Opinión
Sanar bailando: Inspirada en Edith Eger, “la bailarina de Auschwitz”
La historia de Edith Eger, la bailarina de Auschwitz, inspira a Patricia Pitaluga a reflexionar sobre cómo el arte, la cultura y el deporte pueden sanar heridas, transformar el dolor en propósito y construir una sociedad más empática y en paz.

Por Patricia K. Pitaluga – Presidenta de Acercando Naciones
(Inspirada en la nota de Ariana Budasoff, Infobae, 25 de octubre de 2025)
Leí la conmovedora nota de Ariana Budasoff sobre Edith Eger, conocida como “la bailarina de Auschwitz”, y no pude evitar emocionarme profundamente. Su historia de vida —marcada por el horror, la resiliencia y el poder sanador del arte— resuena en mí de un modo muy especial.
Edith, que a los 16 años estuvo “a punto de morir en una cámara de gas” y fue salvada por un gesto tan inhumano como inesperado —bailar frente a Mengele—, transformó su tragedia en una misión: ayudar a otros a liberarse del dolor.
A sus 97 años, sigue repitiendo:
“No soy una víctima, soy una sobreviviente. No es lo que soy. Es lo que me hicieron.”
Y también enseña algo esencial:
“Tenemos la capacidad de escapar de las prisiones que construimos en nuestras mentes y podemos elegir ser libres, sean cuales sean las circunstancias de nuestras vidas.”

Leerla me hizo mirar hacia atrás. Yo también fui bailarina. Y recuerdo momentos de mi infancia en los que el bullying, por ser diferente, por ser morocha, por no encajar, me lastimó profundamente.
Sin embargo, el amor de mi familia, el deporte, la danza y la cultura me ayudaron a sanar. Fueron mi refugio, mi lenguaje de libertad.
Hoy comprendo que todo aquello formó parte de un aprendizaje que debía vivir para poder acompañar a otros.
Como Edith, creo que el propósito surge cuando transformamos el dolor en fuerza, cuando dejamos de reaccionar desde el odio y elegimos el amor, el perdón y la comprensión.
“La violencia trae violencia —decía Edith—. A mí me gusta la negociación y el compromiso. Está mi verdad y está tu verdad. No hay que huir del pasado, sino aprender de él.”

Esa frase resume lo que intento promover desde Acercando Naciones: el diálogo, la empatía y la cooperación como caminos para sanar y construir juntos. Porque todos, de alguna manera, tenemos nuestras propias prisiones emocionales. Y todos, también, tenemos la posibilidad de bailar para liberarnos.
Como Embajadora para la Paz, creo firmemente que acercar a las naciones, a las personas y a sus pueblos es una misión vital. "Pues, nadie ama lo que no conoce."
La ignorancia y el desconocimiento son semillas del prejuicio: discriminan, dividen, enferman y matan.
Por eso, el deporte y la cultura no deben verse como algo simbólico o accesorio, sino como políticas de Estado prioritarias.
Los gobiernos deberían aumentar los presupuestos destinados a estas áreas, nos son un gasto, porque en definitiva y de manera concreta generan empleo, turismo, infraestructura y desarrollo humano, y pacifican.
Son una base sólida para la inclusión y la prosperidad de los pueblos.
Desde la Asociación Civil Acercando Naciones, venimos trabajando en la plataforma de Diplomacia Deportiva, un espacio para visibilizar, conectar y medir el ecosistema del deporte, promoviendo su acceso para todas las personas, sin distinción de edad, género o condición socioeconómica.
Creemos que el deporte debe ser un derecho y no un privilegio, accesible también para quienes no pueden asistir a un club o gimnasio, y con oportunidades reales para los deportistas que hoy no tienen los recursos para competir al nivel de la élite.
Por eso impulsamos políticas y alianzas que integren al deporte en la agenda del desarrollo humano, fomentando la cooperación entre los sectores público y privado, y promoviendo su internacionalización como motor de inclusión, salud, empleo y paz social.
La historia de Edith Eger lo confirma: que el arte la salvó, le brindó herramientas para sanar y trascender. Hoy lo cuenta en sus libros.

Su legado nos inspira a seguir trabajando por un mundo donde la cultura, el deporte y el conocimiento sean puentes hacia una vida más justa, humana y en paz.
Vivimos tiempos en los que se naturalizan guerras, violencias y conflictos armados por intereses mezquinos: se creen dueños de los minerales, el agua, los alimentos, y suman "poder". Y ... nos olvidamos que el Creador —Dios, la Vida, o como cada quien lo llame— hizo este mundo para todos. Pues,
nada de lo material nos acompañará al partir.
Creo que este es un tiempo para reflexionar, para transformar la mente y el corazón, y dar un verdadero sentido a nuestra existencia humana, a la verdadera inteligencia humana, y no a la artificial, antes de que sea demasiado tarde.
Por Patricia Pitaluga
Presidente Acercando Naciones
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