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El deporte es diplomacia. ¿Alguien en Argentina lo está tomando en serio?

Hoy Asunción demuestra lo que el deporte puede hacer cuando un país decide tomarlo en serio. Derechos, turismo, infraestructura, cultura, soft power. Argentina tiene los jugadores, los clubes, la historia. Le falta una sola cosa: articulación. Y eso tiene solución.


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El deporte es diplomacia. ¿Alguien en Argentina lo está tomando en serio?

7 de mayo de 2026. Asunción, Paraguay.


Hoy Asunción está llena de gente que habla de fútbol — pero no de goles. Habla de derechos, de marcas, de audiencias, de estrategia. El Latam Football Forum 2026 está ocurriendo ahora mismo en el Hotel Bourbon – CONMEBOL, y desde acá, mirando la agenda, me quedé pensando en algo que me incomoda hace rato. link

Voy a usar el fútbol como ejemplo porque es lo que está pasando hoy. Pero la verdad es que lo que quiero decir vale para todos los deportes. Para la cultura. Para el bienestar. La conversación que Argentina necesita dar es mucho más amplia que una pelota — y hace tiempo que tendríamos que estarla dando con más seriedad. El foro en sí no es el fenómeno. Es el espejo de uno. Y a veces los espejos muestran cosas que preferiríamos no ver.

Lo que el deporte mueve — y casi nadie cuenta, ni mide
Cuando una ciudad recibe un evento deportivo de escala — da igual si es una final de Libertadores, un campeonato de pádel, una maratón internacional o un congreso de la industria del bienestar — lo que se activa es una cadena enorme. Silenciosa. Y extraordinariamente poderosa.
Infraestructura que se mejora y se queda. Hoteles que se llenan semanas antes. Restaurantes que agotan reservas. Decenas de proveedores locales — el tipo de la imprenta, el equipo de sonido, la empresa de catering — que facturan por ese evento lo que a veces no facturan en dos meses normales. Y eso sin contar las productoras, los técnicos, los equipos de comunicación que trabajan en silencio para que todo parezca fácil.
Además, y esto es algo que me parece fundamental, está la experiencia alrededor del evento. La fan zone. El show de la noche anterior. La feria gastronómica. El artista que toca después. Porque hoy nadie — ningún organizador serio en el mundo — diseña un evento deportivo pensando solo en el partido o en el panel. El espectáculo es todo lo que lo rodea. Y eso también genera economía, empleo, identidad.
Y después está lo que casi nunca se nombra, pero que en realidad define quién se queda con el valor real: los derechos. De transmisión, de imagen, de marca. El merchandising que se vende meses después del evento. Los contenidos que se generan en un día y circulan durante años. La verdad es que en la economía del deporte moderno, la propiedad intelectual no es un detalle para los abogados — es el activo más importante de toda la cadena. Quien no la gestiona con cabeza, trabaja para que otro se lleve lo que él mismo construyó. Y eso, lamentablemente, nos ha pasado más de una vez.
Encima de todo eso: el turismo deportivo, que es hoy uno de los segmentos de mayor crecimiento en el planeta. No es lo mismo que el turismo de playa o el cultural — es un visitante que viene con agenda, con contactos, con ganas de hacer negocios y de volver. Una ciudad que recibe bien un evento deportivo no vende estadías. Vende una experiencia de país entera.
Todo eso junto no es un evento. Es una política de desarrollo disfrazada de deporte. Y los países que lo entienden, lo tratan como tal.

Imagen generada con IA


Nosotros lo venimos viendo desde 2015
No hablo desde la tribuna ni desde un paper académico. Lo venimos construyendo en Acercando Naciones desde hace más de una década — desde que empezamos, casi sin recursos pero con mucha convicción, a darle forma a la plataforma de Diplomacia Deportiva junto a cancillerías, embajadas, clubes, organismos internacionales y empresas que creyeron que valía la pena intentarlo.

En 2019 co-organizamos con el Ministerio de Relaciones Exteriores el primer Seminario Internacional de Diplomacia Deportiva en Argentina. Vinieron los embajadores del Reino Unido, Francia e Italia. Estuvo Cancillería. Estuvieron AFA, River, Racing, dirigentes, deportistas y referentes del sector privado. Fue una de esas jornadas donde uno sale pensando que sí, que se puede. El entonces Canciller Jorge Faurie dijo algo que todavía recuerdo: "En mis visitas a Asia, no era común que se conociera a Argentina. Pero si decía Messi, todos sabían que era argentino y hasta tenían la camiseta. Eso es prueba de la importancia del deporte como herramienta de la diplomacia."
Exactamente eso. El deporte llega donde la política exterior no llega. Entra por la emoción, no por el protocolo.
En 2025 co-ejecutamos con el PNUD un relanzamiento en un conversatorio híbrido — en sus propias oficinas, lo cual no es poca cosa — donde participaron AFA, River, Racing,All Boys, Adidas, Torneos y representantes de cinco embajadas. El Representante Residente del PNUD cerró el encuentro con algo que me pareció muy justo: "El deporte es mucho más que competencia: es inclusión, salud, valores, cultura, desarrollo económico, innovación y diplomacia. Cuando el deporte convoca, las alianzas se vuelven posibles." Sí. Exactamente eso también.

Y sin embargo, Argentina sigue fragmentada
Y es que ahí está la paradoja que más me duele.
Argentina tiene los deportistas más reconocidos del mundo en múltiples disciplinas. Tiene clubes con historia centenaria y marcas que se conocen en lugares donde nadie sabe dónde queda Buenos Aires. Tiene golf, polo, rugby, tenis, básquet, atletismo, pádel, deportes ecuestres — una variedad que muy pocos países pueden mostrar con esa profundidad. Tiene infraestructura, conectividad, prensa especializada de calidad y una cultura deportiva que es, para mucha gente, la forma más honesta de entender quiénes somos.
Tiene todo. Menos articulación.
El sector privado va por un lado. Las federaciones por otro. El Estado aparece pero rara vez convoca. Los clubes de barrio sin recursos. Las oportunidades de sede — finales, foros, congresos de industria — se van a Montevideo, a Lima, a Asunción. El turismo deportivo no tiene política nacional seria. Los derechos se negocian en conflicto permanente, como si el tamaño de la torta no importara, solo quién agarra el cuchillo. Y los grandes referentes del deporte argentino — leyendas con nombre y convocatoria global — terminan siendo embajadores de proyectos de otros países. Poniendo su historia al servicio de agendas que no son las propias.

No es falta de talento. Nunca fue eso.
Es falta de diálogo. De mesa común. De alguien que junte a los que ya están y les proponga, con humildad y con método, trabajar hacia algo más grande que cada uno por separado.

Pero lo más importante no es nada de eso
La verdad es que puedo hablar todo el día de infraestructura, de derechos, de turismo, de soft power. Y todo eso importa — y mucho. Pero si soy honesta sobre lo que nos mueve de verdad, desde el primer día, es algo bastante más simple. Y más profundo.
El deporte educa. Y Argentina necesita, con cierta urgencia, volver a educarse en valores.

Trabajo en equipo. Juego limpio. Reglas claras.
Tres cosas que cualquier chico aprende en una cancha de tierra, en una pileta municipal, en una pista de atletismo con el piso rajado. Cosas que el deporte enseña mejor que ningún aula porque las hace reales, porque las pone a prueba en tiempo real, porque cuando hacés trampa hay consecuencia — y cuando ganás limpio, se nota diferente. Se siente diferente.
Y es que el legado más importante de un evento deportivo no es el estadio nuevo ni las divisas que deja. Es la semilla que planta. En el pibe que vio a alguien luchar de verdad y ganar con esfuerzo. En la comunidad que se organizó alrededor de un club de barrio para hacer algo juntos. En el dirigente que descubrió que se puede gestionar con transparencia y que eso, además, funciona mejor. En el país que, por un momento, se vio capaz de algo grande — y decidió intentar serlo también en lo cotidiano.
Eso es lo que buscamos. No el evento brillante que dura una tarde. Sino las semillas bien plantadas en tierra fértil. Las que no se ven crecer — pero que un día están ahí, y son enormes.
Argentina tiene esa tierra. Siempre la tuvo.

Entonces, ¿cuándo empezamos?
El hub deportivo, cultural y de bienestar de América Latina todavía no tiene dueño. Asunción pelea con inteligencia. Lima también. Y Buenos Aires — con todo lo que tiene, con todo lo que es — sigue siendo la candidata natural. Pero los lugares estratégicos no se heredan ni se decretan. Se construyen, despacio, con conversaciones que todavía nadie está teniendo a la escala que corresponde.
Hace más de una década que trabajamos exactamente eso. A veces con mucho apoyo, a veces casi solos. Pero seguimos — porque creemos que se puede, porque lo hemos visto funcionar en pequeño y en grande, y porque Argentina merece estar a la altura de lo que sus deportistas muestran al mundo. Dentro y fuera de la cancha.
"Con trabajo en equipo. Con juego limpio. Con reglas claras."
Eso es hacer patria en serio. Y no hay otra manera.

Ver mas #Colapinto
ong.acercandonaciones.com
@diplomaciadeportiva


Por Patricia Pitaluga
Presidenta — Acercando Naciones Plataforma Diplomacia Deportiva

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