Opinión
Brasil, desinformación un adversario a vencer
En las elecciones de Brasil, la desinformación es un adversario a vencer

En las elecciones de Brasil, la desinformación es un adversario a vencer

Por Sylvia Colombo. Corresponsal para América Latina del diario ‘Folha de São Paulo’ y autora del libro ‘O ano da cólera’.
La desinformación y las noticias falsas (fake news) fueron elementos esenciales para que el ultraderechista Jair Bolsonaro ganara las elecciones presidenciales de 2018 en Brasil. Por medio de redes sociales, y principalmente del mensajero WhatsApp, logró viralizar falsedades que lo ayudaron en su triunfo.Recibe noticias y columnas de opinión en español en nuestro boletín
En las elecciones de este año en Brasil, donde se enfrentarán muy probablemente Bolsonaro con el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, el escenario es un poco diferente. Ha habido avances en temas de legislación, y acciones del Poder Judicial y del periodismo para evitar que las noticias falsas impacten negativamente en el resultado electoral. Pero probablemente no sea suficiente.
El ejército de simpatizantes y asesores del bolsonarismo ya han creado nuevos modelos de propagación de noticias falsas, utilizando plataformas alternativas.
El aparato de propaganda bolsonarista difundió en 2018 que un “kit gay” sería repartido a los niños de guarderías si llegara a ganar el candidato del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad.
Como ese bulo hubo varios más que formaron parte importante del arsenal. Empresas aliadas al hoy presidente fueron acusadas de difundir mensajes masivos a través de WhatsApp. Otros partidos también utilizaron mecanismo parecido. El propio servicio de mensajería admitió, meses después, que esto habría ocurrido.
En un país donde 80% de la población utiliza WhatsApp, al bolsonarismo, encabezado por el llamado “gabinete do ódio” (oficina del odio), integrado por los hijos de Bolsonaro y asesores cercanos al presidente, le resulta muy fácil producir y difundir información falsa sobre opositores.
Hay investigaciones abiertas sobre la participación del "gabinete do ódio" en la incitación a protestas antidemocráticas, como marchas y actos pidiendo la intervención militar, el cierre del Congreso y de la Corte Suprema.
Además de WhatsApp, Bolsonaro utiliza sus redes sociales para difundir desinformación, como una tramisión semanal en vivo en Facebook —donde reune a más de 10 millones de espectadores— en la que ha afirmado que las vacunas contra el coronavirus aumentan el riesgo de contraer VIH, lo cual es falso.
A pesar de que Facebook eliminó el video con la declaración, y de que Bolsonaro es un negacionista de la pandemia, las transmisiones continúan ocurriendo semanalmente.
Sin embargo, desde 2018 ha habido avances para contener este tipo de daños a la democracia. Las agencias de verificación de datos brasileñas, como la Agência Lupa y Aos Fatos, se profesionalizaron aún más y se asociaron con los principales medios de comunicación para refutar la información falsa de Bolsonaro. El periodismo también ha aprendido a ser más cauto al divulgar frases de políticos que desinforman, especialmente vinculadas a la pandemia de COVID-19.
El Tribunal Superior Electoral (TSE) ha establecido alianzas con las principales plataformas como Facebook, Instagram, Twitter, WhatsApp y TikTok para formular mecanismos de identificación de noticias falsas. Además, una resolución recientemente promulgada señala que la divulgación de hechos “que se sabe que no son ciertos” para influir en los votantes puede ser castigada con dos meses de prisión.
También se prohibió la difusión masiva de mensajes mediante WhatsApp y, a diferencia de la elección anterior, ya no es posible contratar empresas para realizar este tipo de servicio.
Mediante una orden del TSE, Youtube suspendió la monetización a 14 canales que afirmaban que había existido fraude en las máquinas de votación —una proclama bolsonarista— y eliminó videos en los que el presidente publicitaba el uso del medicamento ivermectina contra el COVID-19.
El magistrado de la Corte SupremaAlexandre de Moraes, comprometido con la lucha contra la desinformación, es visto como un enemigo del bolsonarismo. En octubre, advirtió que los responsables de difundir noticias falsas “irían a la cárcel”. También ordenó la extradición del bloguero bolsonaristaAllan dos Santos, una de sus principales voces, quien se encuentra prófugo en Estados Unidos.
El impacto de la desinformación en Brasil
En enero de este año, más de 80 organizaciones de verificación de datos enviaron un documento a YouTube para pedirle “no permitir que su plataforma de video sea utilizada como arma por actores sin escrúpulos”. Agregaba: “En Brasil, la plataforma se ha utilizado para amplificar el discurso de odio contra grupos vulnerables, llegando a decenas de miles de usuarios. Las elecciones no son seguras”.
Estas iniciativas, sin embargo, están lejos de garantizar que los comicios de 2022 estén libres de noticias falsas. Sobre todo porque estas acciones contra la desinformación son tomadas como una provocación por parte de los seguidores del presidente, quienes aseguran ser víctimas de la censura y que son medidas que van en contra de la libertad de expresión.
Si bien la presión sobre las principales plataformas ha tenido algún efecto y hay más preocupación por atacar las noticias falsas, aún existen territorios virtuales que el bolsonarismo está usando de forma masiva. Al limitar a Whats App y su difusión masiva de mensajes, el mensajero Telegram ha surgido como una opción enorme para desinformar.
Aparte de permitir formar grupos mucho más voluminosos de usuarios, Telegram también tiene canales y Bolsonaro ha pedido a su audiencia suscribirse al suyo. En estos canales no hay debate, solo difusión masiva de mensajes. Más de 50% de los brasileños hoy tienen instalada la aplicación y el presidente tiene un millón de seguidores en la plataforma.
El TSE ha tratado de establecer contacto con Telegram para contener lo que podría ser una nueva ola de desinformación, pero no tiene representantes en Brasil y su sede internacional no respondió a los magistrados.
Otro recurso que utiliza la propaganda bolsonarista es Gettr, una plataforma alternativa a Twitter que ha atraído a la extrema derecha, donde Bolsonaro tiene más de 615,000 seguidores.
Quienes laboran en las agencias de verificación de datos reciben amenazas constantes —hasta 56,000 al mes, en 2018— tanto a nivel digital como físico, lo cual no solo hace más difícil su trabajo, sino que desalienta a los jóvenes periodistas a especializarse en esa área.
El escenario, por lo tanto, no es el más alentador y hace temer una campaña electoral sucia, con golpes bajos y mucha desinformación, el tono que ha marcado la pauta de los cuatro años de gobierno de Bolsonaro.
Lo que está en juego no es solo una elección en medio de un océano de desinformación que podría llevar a los brasileños a tomar malas decisiones democráticas, sino también el riesgo de que la polarización y la violencia en el debate y las campañas lleven a episodios violentos, lo cual debe ser evitado a toda costa por las autoridades y la sociedad.
Fuente The Washingron Post
Por Sylvia Colombo

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