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Sembrar libertad, en el bosque
Por Patricia Pitaluga
No podemos dejar de sembrar. El libro es la semilla
Cincuenta ediciones no se cumplen por inercia. Se cumplen por convicción. La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires llega a su medio siglo como lo que siempre fue: un acto de resistencia silenciosa y persistente frente a todo aquello que amenaza con empobrecer el alma de una sociedad.
Cuidar la industria del libro es, ante todo, cuidar una cadena humana extraordinaria. Detrás de cada ejemplar hay un autor que pensó, un editor que apostó, un diseñador que imaginó, un librero que recomendó y un lector que eligió detenerse. Ese ecosistema frágil y vital merece ser protegido con la misma seriedad con que protegemos cualquier bien estratégico de una nación. Y en ese sentido, la defensa de la propiedad intelectual no es un tecnicismo legal: es la garantía de que seguirá habiendo autores dispuestos a escribir lo que otros necesitan leer.
Pero la Feria no es solo industria. Es, sobre todo, una declaración de principios: el conocimiento debe ser accesible. En un mundo que avanza hacia la concentración de la información en manos de unos pocos, un espacio donde cualquier persona puede recorrer miles de títulos, escuchar a sus autores favoritos y llevarse un libro a casa es, en sí mismo, un acto político. Una sociedad que lee es una sociedad que piensa. Y una sociedad que piensa difícilmente puede ser sometida.
Hoy, el avance tecnológico desafía los formatos pero no puede reemplazar el fondo. El reto no es elegir entre lo digital y lo impreso, sino humanizar lo digital: usarlo para ampliar el acceso, para que más voces lleguen más lejos, para que la creatividad y el pensamiento crítico alcancen a quienes aún no tienen una librería cerca.
La tecnología es una herramienta; la cultura, el fin.
Un bosque no se construye de un día para otro. Requiere paciencia, compromiso y la certeza de que quienes vendrán después merecen encontrar sombra. Cada libro que se publica, cada feria que se sostiene, cada lector que se forma es una semilla plantada con esa fe. La Feria es nuestro bosque. Y nuestra responsabilidad es no dejar de sembrarlo.
Por Patricia K.Pitaluga
Ceo de Acercando Naciones
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