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Y conocí que se llamaba … Utopía?
Comercio global, desigualdad y pobreza Marx Aguirre Ochoa Si América Latina, África y el sur de Asía vieran incrementada en un por ciento respectivamente su participación en las exportaciones mundiales, el aumento resultante de sus ingresos podría libera a 128 millones de pobres. La interacción global, más que el aislamiento, han sido la base […]
Comercio global, desigualdad y pobreza Marx Aguirre Ochoa
Si América Latina, África y el sur de Asía vieran incrementada en un por ciento respectivamente su participación en las exportaciones mundiales, el aumento resultante de sus ingresos podría libera a 128 millones de pobres.
La interacción global, más que el aislamiento, han sido la base del progreso económico mundial. El comercio y las migraciones, la comunicación y la difusión del conocimiento científico y tecnológico han ayudado en algunos aspectos a vencer el dominio de una pobreza lacerante y la generalización de los desequilibrados modos de vida. En el mundo globalizado de este siglo, el comercio es una de las fuerzas más poderosas que relacionan las vidas de todos los seres humanos y es una fuente de generación de riqueza sin precedentes en la que, sin embargo, se deja atrás a millones de personas pobres en el mundo. El aumento en la prosperidad en las naciones industrializada ha ido de la mano de
un predominio de desigualdades entre países pobres y ricos que se profundiza cada día más. El comercio mundial, tema fundamental para el desarrollo de cualquier país, representa hoy más que nunca el papel de una poderosa fuerza para reducir la pobreza y conseguir un crecimiento económico. No bien así, la realidad nos habla de la generación de profundas desigualdades e incompetitividad entre las naciones poderosas y las menos. El potencial se está desaprovechando. El problema estriba en que el comercio internacional se opone inherentemente a las necesidades e intereses de los pobres en favor de los que más tienen. El modelo es, por tanto, injusto. En su discurso, los gobiernos de los países ricos insisten constantemente en su compromiso con la reducción de la pobreza. No obstante, esos mismos gobiernos utilizan políticas comerciales para llevar a cabo lo que viene a ser un robo, saquear a los pobres para dárselo a los ricos, cuando los países en desarrollo exportan a los mercados de los ricos, se enfrentan a barreras arancelarias cuatro veces superiores a las que encuentran los países ricos. Esas barreras cuestan a los países en desarrollo 100 mil millones de dólares anuales, lo que representa el doble de lo que reciben por concepto de ayuda, llamada a veces humanitaria. El problema estriba en que el comercio internacional se opone inherentemente a las necesidades e intereses de los pobres en favor de los que más tienen. (Foto: Cambio de Michoacán) Estos son sólo los costos inmediatos, los costos a largo plazo están asociados con la pérdida de oportunidades de inversión, de dinamismo económico y desperdicio de enormes energías humanas. Supuestamente, la retirada de las barreras comerciales
produciría claros beneficios para las economías más pobres. La liberación de las importaciones podría generar mayores oportunidades a los menos competitivos si se diseñan estrategias coherentes y efectivas para conseguir un crecimiento equitativo. Si los países son capaces de participar en un comercio con un mayor valor agregado, de acceso a mercados más amplios y a nuevas tecnologías, crearán incentivos para la inversión buscando alcanzar los objetivos de desarrollo humano. El comercio está intensificando la pobreza y la desigualdad en el mundo debido a la forma en la que está operando. Las reglas del juego reflejan el poder de los privilegios adquiridos sólo para unos cuantos. Esto podría cambiar con una campaña bien organizada, como se ha demostrado con la campaña internacional para cancelar la deuda de los países pobres. La movilización ciudadana ha demostrado que los intereses de los pobres se pueden incorporar a la agenda internacional en un contexto de participación ciudadana. Una reforma del comercio mundial es sólo uno de los requisitos para acabar con las profundas injusticias sociales que acompañan a la globalización. Hacen falta acciones contundentes para ampliar las oportunidades en los aspectos de salud, agricultura, educación y distribución de la riqueza. Sin embargo, las normas que rigen el comercio internacional son parte fundamental del problema de la pobreza. ¿Cómo sigue competiendo un campesino mexicano con sus costos de producción y rendimientos con un productor norteamericano en sus bajos costos de producción, subsidiados y altos rendimientos?, ¿se vuelve peón de las grandes transnacionales? Hay una decisión clara que los gobiernos deberán tomar en materia económica y desarrollo humano: se puede optar por permitir que las normas comerciales injustas sigan causando pobreza y desolación y afrontar las consecuencias, o forjar un nuevo modelo de globalización incluyente sobre la base de valores compartidos y principios de justicia social o permitir que la globalización siga trabajando para unos pocos en lugar de hacerlo para otros muchos.
Este texto ha sido publicado en el sitio Cambio de Michoacán, en la dirección http://www.cambiodemichoacan.com.mx/columna-nc5044
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