Opinión
¿Racismo? Soy igual que los demás !!
Racismo, increíble que hoy exista siquiera la palabra, ni hablar de la existencia real de discriminación por esa causa.
Racismo, increíble que hoy exista siquiera la palabra, ni hablar de la existencia real de discriminación por esa causa.
Es mas y como contribución a la opinión del autor de la nota ACERCANDO NACIONES, sostiene que es una falacia la seudo denominación de raza originada por el color de la piel.
No existe razón para hablar de raza negra o blanca o amarilla... solo existe la RAZA HUMANA
El pasado 25 de mayo, el mundo fue golpeado con la muerte de George Floyd, un afroamericano que fue asfixiado durante su detención por un policía blanco al presionar la rodilla sobre su cuello por más de nueve minutos.

Esta noticia nos recordó que el racismo –de forma abierta o solapada– continúa siendo un problema fundamental en las sociedades modernas y que tenemos mucho trabajo por delante para derribar las barreras que todavía nos separan, por ese y otros criterios que se utilizan para marginar a las personas.
Debemos preguntarnos ¿cómo acabar con el racismo y sus prácticas?
En un libro que acabo de leer de Melinda Gates sobre “El poder de las mujeres para cambiar el mundo”, ella explica que, dependiendo de quién tenga el poder o cuál sea el grupo dominante en una sociedad, a cualquier persona se le puede hacer sentir que es un marginado; que a menudo, el criterio que se utiliza para excluir y marginar es la raza.
Explica que, dependiendo de los prejuicios culturales y el lente con que se mire, los judíos, los cristianos, los musulmanes, los pobres, los enfermos, las personas con discapacidad, los miembros de la comunidad LGTBI y los inmigrantes, pueden ser tratados como marginados; en la misma línea que, en casi todas las sociedades, las mujeres son marginadas, incluso en su propia casa.
Al igual que me sucedió con la lectura de otro libro titulado “El regreso del hijo pródigo” de Henri Howen, que a veces me hizo sentir como el perdido hijo menor, que pide su herencia y abandona su familia, o el celoso y fariseo hijo mayor que se queda en casa, o incluso el acogedor padre, que sin preguntas ni condiciones amorosamente acoge al hijo que regresa; con el libro de Melinda Gates aprendo que, en algún momento, de alguna forma y por algún criterio discriminador, todos sin exclusión hemos estado en los dos lados: en el de acosador y en el de víctima.
Si de verdad creemos en los derechos humanos, la criminal muerte de George Floyd debería servir para que hagamos un examen de introspección y nos dispongamos a poner fin a las profundas y variadas desigualdades que abundan en el seno de la sociedad, no solo raciales. Para lograrlo, el primer paso consiste en aceptar con humildad que no soy superior ni mejor que los demás y que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado los mayores actos de barbarie entre los seres humanos, hasta el día de hoy; y que, más bien, si aceptamos que todos somos iguales podríamos cambiar el mundo para el bien de toda la humanidad.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), nos enseña, sin importar las distinciones que hagan las personas, que hay un principio básico que subyace en el seno de toda organización humana: que todos las personas, por el solo hecho de ser personas, tienen los mismos derechos, sin que se pueda hacer distinción de ninguna clase, como raza, color, sexo, orientación sexual o identidad de género, idioma, religión, opinión política o de cualquier otro tipo, origen nacional o social, fortuna, nacimiento y cualquier otra situación.
Esta es la única realidad que se puede derivar de las normas, principios y creencias que imperan en el mundo civilizado y humanista en el que vivimos: repito que somos iguales y que los talentos y las fortalezas están muy bien repartidos entre todas las personas.
No hay duda de que las sociedades serán más sanas cuando cambiemos de mentalidad y desterremos para siempre este tipo de prácticas. En esto consiste el reto que tenemos por delante: no más racismo, no más marginados ni excluidos.
La verdadera paz llegará cuando desde lo más profundo de nuestro corazón, con amor aceptemos que somos iguales y tratemos a los demás como iguales, por la simple razón de que somos seres humanos. ¡Todos fuimos fabricados con el mismo barro!
Fuente CR
Por Alexander Solís F.
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