Cultura
Murales enriquecen la cultura en vecindarios de NYC
El popular dicho ‘si las paredes hablaran’ se hace realidad en los vibrantes murales en vecindarios latinos, considerados por muchos como la voz gráfica de los más vulnerables. Para sus autores esa expresión artística representa meses -incluso años- de trabajo, investigación, búsqueda de fondos y consulta comunitaria, a menudo a cambio de una retribución mínima […]
El popular dicho 'si las paredes hablaran' se hace realidad en los vibrantes murales en vecindarios latinos, considerados por muchos como la voz gráfica de los más vulnerables.
Para sus autores esa expresión artística representa meses -incluso años- de trabajo, investigación, búsqueda de fondos y consulta comunitaria, a menudo a cambio de una retribución mínima que les impide vivir del arte.
La muralista chilena Virginia Ayress dice que el primer gran desafío es asegurar un muro que sirva de lienzo. La egresada de la Scuola Internazionale di Grafica, en Venecia, recuerda la ocasión en que solicitó el libre uso del muro de una bodega en Mott Haven.
The popular saying ' if walls could talk ' becomes reality in vibrant murals in Latino neighborhoods , considered by many as the graphic voice of the most vulnerable .
To the authors that artistic expression represents months - even years of work, research , fundraising and community consultation , often in exchange for a minimum wage that keeps them living art .
Chilean muralist Virginia Ayress says the first challenge is to ensure a wall to serve as a canvas. The graduate of the Scuola Internazionale di Grafica in Venice, recalls the time he applied for the free use of the wall of a warehouse in Mott Haven. "El propietario recién había pintado un grafiti dedicado a un pandillero muerto y me aseguró que permitir un mural ocasionaría una guerra en las calles", dijo con frustración. "La ganga intentó intimidarlo y amenazó con destruirle el lugar".
Katie Yamasaki, residente en Brooklyn y autora de unos 30 murales en varias ciudades del país y Latinoamérica, expresó que el interés económico es otro gran obstáculo. "Un dueño de pared prefiere alquilar el espacio para publicidad y ganar dinero. El arte nos hace ricos en cultura, pero no llena los bolsillos de los propietarios", dijo.
Yamasaki, de ascendencia japonesa, concuerda con Ayress en que un mural implica un gran coste en diseño, creación y mantenimiento, pero las ganancias para los autores son pocas o nulas. "Muchas organizaciones garantizan los fondos para la pintura y materiales, pero muy pocas cubren las horas de trabajo del artista", indicó Yamasaki. "Yo soy maestra por 14 años y escribo libros para niños. No podría vivir del mural, muy pocos muralistas podrían vivir de ello". Ayress, autora del mural 'Y yo ya estaba' en la Iglesia Evangélica Española en el Sur de El Bronx, que representa el sueño de los inmigrantes, reconoce que el desempleo es un episodio frecuente en su vida.
"He donado mi tiempo y trabajo para murales en El Bronx y Washigton Heights. Involucro a los residentes en mis proyectos, pero al igual que ellos, yo tengo una renta que pagar". Yamasaki, cuya obra 'Voices Her'd: Informed, Empowered' cautiva a los caminantes en la calle 23 y la Tercera Avenida, en Sunset Park, destacó que organizaciones como Groundswell Community Mural Project son un alivio para muchos artistas, especialmente emergentes. La agencia financia proyectos de arte en los cinco condados.
Un mural, dependiendo del tamaño, puede costar de $5,000 a $15,000. Un muralista puede ganar hasta $1,000 por semana en los grandes proyectos, pero no son frecuentes. Muchos solo tienen uno o dos por año. Un gran mural puede involucrar hasta cinco semanas de trabajo. El espejo donde no todos se ven Los murales revitalizan y embellecen a los vecindarios latinos, pero en muchas ocasiones terminan siendo un dolor de cabeza para sus autores.
"En murales con temas de inmigración o pobreza, algunos residentes se acercan con un 'pero yo no me veo ahí'. Es frustrante", indicó Yamasaki. "Tanto se ven en cine y revistas que no quieren perder su protagonismo en los vecindarios maltratados, sin entender que hay situaciones que no sufren".
Por su lado, Ayress encaró la censura en algunos de sus murales, en que se vio obligada a maquillar los desnudos por solicitud de sus auspiciadores.
Artistas emergentes como el mexicano Hugo Andrés (32), quien aprendió por su cuenta el muralismo y lo practica hace una década, prefieren enfocarse en los murales comerciales, encargados por restaurantes o negocios. "Se dice que del arte no se vive, y eso aplica para muchos", indicó el prolífico escultor y pintor, quien destacó que muchos artistas se ven obligados a dejar de lado la profesión. "Tengo una hija que necesita la garantía de que mi talento será remunerado".
Eldiariony
" The owner had just painted graffiti dedicated to a dead gangster and assured me that allowing a mural cause a war in the streets ," he said in frustration. " The gang tried to intimidate him and threatened to destroy the place ."Katie Yamasaki , Brooklyn resident and author of some 30 murals in cities around the country and Latin America , said the economic interest is another major obstacle . " A wall owner prefers to rent the advertising space and make money. Art makes us rich in culture, but not the pockets of the owners ," he said .
Yamasaki , Japanese ancestry, consistent with a mural Ayress that involves a large cost in design , development and maintenance , but gains for authors are slim to none . "Many organizations provide funds for paint and materials, but very few cover the hours of work of the artist ," Yamasaki said. " I am a teacher for 14 years and I write children's books. Could not live mural , muralists very few could live on it." Ayress , author of the mural ' And I was already ' in the Spanish Evangelical Church in the South Bronx , which represents the dream of immigrants, recognizes that unemployment is a frequent episode in his life.
"I've donated my time and work to murals in the Bronx , and Washington Heights. Involucre to residents in my projects , but like them, I have a rent to pay." Yamasaki , whose book ' Voices Her'd : Informed , Empowered ' captivates walkers at 23rd Street and Third Avenue in Sunset Park , said that organizations like Groundswell Community Mural Project is a relief to many artists, especially emerging . The agency funds art projects in all five boroughs .
A mural, depending on size, can cost $ 5,000 to $ 15,000. A muralist can earn up to $ 1,000 per week for large projects , but are rare. Many only have one or two per year. A large mural can involve up to five weeks of work. The mirror in which not all are The murals beautify and revitalize Latino neighborhoods , but often end up being a headache for authors.
"In murals with immigration issues or poverty , some residents are coming up with a" but I do not see myself there. " It's frustrating," Yamasaki said. "Both are in movies and magazines you do not want to lose their role in the battered neighborhoods , not understanding that there are situations that do not suffer ."
For its part, faced censorship Ayress some of his murals , in which she was forced to make up bare request of its sponsors .
Emerging artists like Mexico's Hugo Andrés (32 ), who taught himself murals and practice a decade ago, prefer to focus on commercial murals, commissioned by restaurants or businesses . " It is said that art does not live, and that applies to many ," said the prolific sculptor and painter, who noted that many artists are forced to put aside the profession. "I have a daughter who needs the assurance that my talent will be paid ."
Eldiariony
Traduction by Google Translator
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