viernes, 14 de agosto de 2026
Acercando Naciones Logo
Deportes

Mayweather vs Paul, algo mas que meramente box

Box, El dulce vino de las amargas uvas de la avaricia


sábado, 8 de enero de 2022
Compartir nota

Mayweather vs Paul, algo mas que meramente box

Mayweather vs Paul: El dulce vino de las amargas uvas de la avaricia 

Por Diego Morilla 

Hay aquí un fracaso que derriba a todos nuestros éxitos 

John Steinbeck, “Las uvas de la ira” 

La primavera es hermosa en Florida.  

El boxeo vuelve a la ciudad, y con gente en las gradas, por suerte.  Las lluvias aisladas que amenazaron con provocar la cancelación o demora temporaria del evento estelar finalmente se detienen. 

El sol ya se fue.  El centro del ring está ocupado por un enorme signo de pesos, siendo secado diligentemente por una cuadrilla de empleados con toallas y paños. 

Pasan sus trapos por ese cuadrado verde hasta que vuelve a brillar, y frotan cada rincón del ring como si debajo del mismo hubiese un genio encerrado, listo para emerger de la lámpara mágica a cumplir deseos.  

El enorme logo en el ring pronto estará acompañado de un par de publicidades igualmente atractivas, llevadas hasta ahí por los mismos boxeadores.  

Hay una página web que te permite participar en subastas, y en las cuales la persona con la oferta más alta puede pasar un día de aventuras con su celebridad de redes sociales favorita, entre otras cosas.  Logan Paul lleva ese logo en sus pantalones, junto a otros anuncios que lo transforman, antes de lanzar su primer golpe, en el boxeador con récord negativo (0-1) mejor pago de la historia.  

Mayweather vs Paul: El dulce vino de las amargas uvas de la avaricia

Floyd Mayweather Jr., conocido por sus coloridos pantalones durante sus mejores años pero no por llenarlos con publicidades, ahora lleva varios logos y nombres de empresa en el suyo.  Hay un anuncio de una cadena de criptomonedas en su cintura.

Lleva el nombre de un sitio de apuestas en su barbijo.  Y viste una gorra en la que promociona una app que se hizo famosa por permitir a la gente pagar de forma anónima por «contenidos personalizados para adultos». 

Pero hoy no hace falta ingresar a la app en cuestión para echarle un vistazo a la chanchada del día. 

La obscenidad de poner al dinero en el mismo centro (literalmente) del ring en esta «atracción especial a ocho asaltos» en el Hard Rock Stadium de Miami este domingo 6 de junio está a la vista de todos. 

Obviamente, el boxeo ha estado asociado a la obscenidad, la violencia y el dinero del mismo modo en que las vacas han sido asociadas a la leche, el cuero y los esteroides. 

Pero este evento lleva las cosas un paso más allá.  Es un «robo bancario legalizado», tal como lo expresó Mayweather.  Es una pena que el boxeo mismo haga el triste papel del «banco» en esa metáfora.  

El concepto del boxeo como donante de órganos para la industria del entretenimiento quizás haya llegado a su pico más alto durante la farsa del infame duelo entre Mayweather y McGregor. 

Pero Mayweather vs Paul bien puede transformarse en el puntapié inicial de una operación de robo y venta de órganos a gran escala. 

Y de ser así, el boxeo tendrá suerte si pierde solamente un riñón y un par de litros de sangre.  

Podría terminar siendo mucho, mucho peor.  Y probablemente lo sea.  

Hay una razón por la cual mi hijo Francisco, a sus 15 años de edad, está sentado al lado mío mirando su primer combate de boxeo en su vida (¡éste sí que es «una uva que cayó lejos de la parra»!)  

Como producto de la era digital, está muy al tanto de las maneras en las que cualquier hijo de vecino puede transformarse en una sensación instantánea con sólo poner contenidos atrevidos en la web.  Verlos trepar y caer en tiempo real es apenas una parte de la diversión. 

Y Paul se expone voluntariamente esta noche para caer de manera espectacular al enfrentar a Mayweather. 

Para Francisco, ver cómo le dan una paliza al idiota que le faltó el respeto a una víctima de suicidio japonesa en una publicación de redes sociales es tan atractivo como lo fue para los fanáticos de boxeo ver las viejas peleas «reales» de Mayweather en la vana espera de que alguien le cierre la bocaza a golpes, de una vez por todas. 

Un joven Cassius Clay predijo alguna vez que el 99% de su audiencia miraba sus peleas para verlo caer en lugar de verlo triunfar, y durante gran parte de su carrera no le erró por mucho.  

Sin embargo, este evento lleva el sueño de la inserción en un evento inalcanzable a un nivel mucho más alto.  Aquí se nos está vendiendo la idea de que alguno de nosotros quizás esté a apenas un par de millones de seguidores/likes/shares/comentarios de protagonizar nuestro propio duelo de fantasía. 

Esto es turismo espacial para los ultra-ricos, amigos. Un viaje a territorios inexplorados para quienes puedan pagarlo.  Y ustedes podrían, claro, si el Ratón Pérez de los Clics les deja una cantidad suficiente de «likes» bajo la almohada esta noche.  

O quizás sea más fácil pensar en esto en una versión boxística del programa «Shark Tank».  Vos traés la idea y los seguidores, yo pongo el dinero y una cantidad mínima de credibilidad que yo pueda perder si es que las cosas no van bien... ¡Y listo!  Trato hecho. 

Vendido, al muchachito rubio con cara de surfista y actitud YOLO.  Y ahora el cielo es el límite.  ¿Qué tal si repetimos la invasión de los aliados a Normandía, pero en versión paintball?  ¿Por qué no? 

Más allá de todo sarcasmo o ironía, se puede afirmar que cualquier grado de laxitud moral que se le imponga a una actividad humana tan peligrosa como el boxeo no debería ser tomada a la ligera. 

Hay razones por las cuales la gente busca en el boxeo respuestas y metáforas que no están disponibles en otros deportes.  La más importante es la presencia de reglas inextricablemente ligadas a las serias consecuencias que se sufren al no obedecerlas.  

Éste es, quizás, el mayor peligro que emerge de este evento, y podría transformarse en uno de sus legados más perturbadores.  Un cabezazo, un codazo, un golpe bajo y otras faltas similares acarrean consecuencias en una pelea real.  Aquí, según las «reglas especiales» de ese «combate de exhibición», no las tuvieron.  

Y las faltas sí sucedieron.  Y la noción de que una estrella de las redes sociales (o cualquier otra persona con suficiente popularidad) pueda pagar para subirse al ring a descargar sus frustraciones sobre un atleta de élite es la peor razón por la cual los Franciscos del mundo puedan sentirse ahora atraídos por el boxeo.  ¿Acaso yo podría desafiar a Usain Bolt a una carrera mano a mano y después hacerle una zancadilla tan pronto se empiece a adelantarse frente a mí?  ¿Puede acaso un pleito boxístico ser tan impunemente sucio como yo lo desee?  

La industria del boxeo quiso que los Franciscos del mundo se pongan frente al televisor el pasado domingo.  Y ahora, ellos pueden pasar de odiar a Paul por faltarle el respeto a un suicida, a ser testigos oculares privilegiados del suicidio del boxeo mismo, en vivo y en directo. 

Antes de que los odiemos por eso, recordemos que si lo hacemos los estaremos recompensando con el mismo producto que los puso frente al televisor esta vez.  

Y no hay en el mundo tal cosa como «demasiados haters con dinero». Siempre hay lugar para uno más.  Si tienen dudas, Mayweather mismo puede darles más detalles.  

Los neófitos del boxeo seguramente se divirtieron mucho durante Mayweather vs. Paul, pero no hay nada más divertido que ser un fanático del boxeo de toda la vida y sentarse frente al televisor sabiendo que cada golpe tiene el potencial de transformar a tu querido deporte en el hazmerreír del mundo.  

Jun 6, 2021; Miami, Florida, USA; Floyd Mayweather Jr. (Green Trunks) fights Logan Paul (Yellow Trunks) during an exhibition boxing match at Hard Rock Stadium. Mandatory Credit: Jasen Vinlove-USA TODAY Sports     TPX IMAGES OF THE DAY

Lejos de la curiosidad y el morbo de los inexpertos en el tema, los fans acérrimos del boxeo que tuvieron la valentía o el aburrimiento suficientes como para ver la pelea terminaron aguantando la respiración y escondiendo el mentón en el pecho para que los detractores del deporte no los vean tragar su desazón a medida que la noche progresaba y el nocaut espectacular que todos vaticinaron no se materializaba ante las cámaras.   

En teoría, nos reunimos todos a ver cómo un boxeador desmantelaba a un chiquillo insolente con una golpiza preprogramada de antemano. 

Pero en verdad, sabemos que somos apenas una banda de trabajadores de astilleros y diseñadores de botes mirando una transmisión en vivo del viaje inaugural del Titanic, golpeándonos el pecho y gritando a los cuatro vientos que somos los mejores, mientras por dentro rogamos en silencio por una ruta marítima libre de témpanos.  

Lo cual sucede el 99% del tiempo, claro.  Pero es una pena que nuestro temerario capitán de turno se haya comprometido a poner a prueba esas probabilidades de triunfo futuro. 

Eso es lo que sucede cuando uno estira la vista a lo lejos en el horizonte para ver cómo crece su cuenta bancaria, ignorando la presencia ominosa de la bancarrota moral que flota frente al navío.  Mayweather demostró haber estado equipado para navegar con mano firme a través de las aguas plagadas de témpanos del boxeo en sus mejores años, pero ahora está arriesgando no solamente a su nave sino también el prestigio de toda la industria naviera en cada salida. 

Y cuando naufrague, habrán tiburones de sobra para terminar el trabajo que el témpano no logró terminar.  

El boxeo podrá estar encaminado a la puerta de salida como fuente de entretenimiento masivo, pero este descarado robo a mano armada no debería ser el principio del fin para un deporte que se ganó un lugar entre la gente por empoderar a otro tipo de espíritus. 

Y si así sucede, no debería suceder por decisión personal de Mayweather.  Hay que frenarlo, antes de que sus acciones se transformen en una negación viviente de todo lo que el boxeo llegó a simbolizar. 

Habrán más de estos combates.  Eso lo sabemos.  Uno de estos eventos futuros terminará en tragedia, quizás no tanto para los protagonistas pero sí para el deporte.  Mayweather estará involucrado en él.  Su habilidad para esquivar o bloquear golpes irá disminuyendo gradualmente hasta que termine recibiendo un golpe perdido de parte del turista del ring de turno, y el boxeo como deporte volverá a sentarse en el banquillo de los acusados en la corte de la opinión pública, para responder más de una pregunta incómoda.  

El riesgo crece con cada pelea que pasa.  

El peligro de privar de sentido, propósito y valores a una actividad seria y riesgosa como el boxeo (por más cuestionables que esas virtudes les resulten a muchos), devendrá en una crisis que puede terminar causando la pérdida de mucho más que la multitud de fanáticos jóvenes adictos a las redes sociales que el boxeo espera atraer con este tipo de farsas televisadas.  Y eso será apenas el comienzo.  De ahora en más, cualquier «evento especial» de esta naturaleza será como una mano de black jack en la que el boxeo estará obligado a sacar 21 en cada mano.   

O también puede ser que yo esté equivocado.  Puede que los tontos se queden sin dinero.  Quizás la gente se cansará de las celebridades de las redes sociales. 

Mayweather podría terminar retirándose para siempre.  

Mi hijo Francisco quizás llegue algún día a apreciar el boxeo por las mismas razones que todos nosotros lo hacemos.  

Me encantaría creer en todo eso, pero ya no hay tiempo.  En algún perfil de redes sociales, en la pizarra de planeamiento de algún experto de marketing, en algún gimnasio de boxeo en esta viña del Señor, las amargas uvas de la avaricia se llenan y crecen, crecen y se preparan para la cosecha.  

Cortesía del Autor para con ACERCANDO NACIONES


Compartir nota

Temas Relacionados
Buenos Aires Ciudad - La ley se cumple y el orden se respeta
AN logo

El informe que leen +2.000 líderes

¿Qué esperás para ser el próximo? Cada semana, una cápsula con las noticias y el análisis más importante para quienes toman decisiones en países y corporaciones. Sin ruido.

Sin spam. Podés darte de baja cuando quieras.
Acercando Naciones ONG
Ezequiel Carpio Coiffeur
Carrera Linux - CLA Training
Leonarda Valdez - Cosmetóloga y Esteticista
Sonido Gremial

Tal vez te interese leer