Opinión

Pandemia , Una dialéctica de la finitud

La pandemia, un despertador para el ser humano.

por Adrian Aranda 

Desde que Nietzsche en el siglo XIX diagnosticó “la muerte de Dios”, el ser humano ha devenido en un proceso de tomar cada vez más conciencia de su finitud, en los múltiples sentidos que puede adoptar esta palabra.

Parece que la Ilustración, una de las cosas que hizo en la conciencia de Occidente fue inhibir el tomar conciencia de nuestra finitud humana. Las promesas de un nuevo tipo de ser humano, junto a la exaltación del progreso, de la razón y la técnica, nos hicieron olvidar nuestra condición humana, finita y mortal.

Pero para no caer en el cliché de echarle a la Ilustración la culpa de todos los males de Occidente, es menester reconocer que si uno repasa la Historia de la Humanidad encuentra que el ser humano mediante diversos mecanismos ha buscado siempre adormecer la conciencia de ser finitos. Pareciera que como especie no soportamos la idea de que la finitud es intrínseca a nuestra condición humana. La conciencia, que nos distingue de las demás especies terrestres, actúa como un arma de doble filo, por un lado nos permite acceder al horizonte de posibilidades del mundo y sobrepasarlo, y por otro, nos recuerda constantemente que somos seres temporales.

En su obra magna, Ser y Tiempo, el filósofo alemán Martin Heidegger, nos recuerda que el ser humano constantemente construye un relato que le ayuda a huir del factum de que la muerte es inevitable y potencialmente inminente para el mismo, y que por ende la finitud y la temporalidad nos constituyen. Heidegger llama a esto “la huída”.

Sin embargo, Heidegger también pone de manifiesto que hay experiencias fundamentales en la vida tales como la angustia, que dejan nuestro yo desnudo ante nuestra condición humana y finita, y nos dan la posibilidad de asumir nuestra finitud y el Ser del ser humano, que es la temporalidad. Estas experiencias según Heidegger, en la medida que asumimos nuestra finitud, nos cambian rotundamente, nos hacen ordenar nuestras prioridades, nuestra escala de valores, y nuestro discurso.

¿No nos ha colocado esta Pandemia ante una situación similar?

El Covid-19 nos recuerda que toda la raza humana, y por ende cada uno de nosotros, es finito, mortal, frágil. Esta autoconciencia de finitud puede sumirnos en la desesperación, también podemos intentar solaparla diciendo “era mayor y tenía patologías previas”, o bien puede darnos la oportunidad de despertar ante la más originaria de las características de nuestra condición humana: La finitud.

La Pandemia nos está transformando, de eso creo que no hay duda, la incógnita es que si una vez que esto termine volveremos a nuestro anterior estado como humanidad o nos apropiaremos de lo que esta Pandemia nos está poniendo delante de los ojos y realizaremos cambios profundos, a nivel político, social, ético, etc. Creo que es necesario comenzar a pensar en una Etica de la finitud, que podamos construir sobre las bases de asumir nuestra condición humana. Varios fenómenos deberían poder verse en esta ética, voy a mencionar al menos dos:

  • Nos necesitamos los unos a los otros, sin cooperación tanto a nivel social como a nivel de Estados con Estados estaríamos peor. Por lo tanto la idea de comunidad debería ser revitalizada y primar sobre la idea de individuo.

  • La escala de valores de la eticidad capitalista se desmorona ante una crisis como ésta. Deberíamos replantearnos los recursos que los Estados asignan a la investigación y desarrollo, a la Educación, a la Salud, y repensar como hemos infravalorado labores y profesiones que hoy resultan tan imprescindibles.

Quizá esta Pandemia sea el comienzo del despertar de una nueva conciencia del ser humano ante sí mismo y ante el mundo, o solo sea un acontecimiento que pasara de largo y recordaremos como Historia. Depende de nosotros, escuchar al Ser, o seguir olvidándolo…

Fuente Cordialmente

Por Adrián Aranda

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