Mundo empresarial
El otro yacimiento
Vaca Muerta y la minería del litio proyectan miles de nuevos empleos en condiciones extremas. Cuánto cuesta no cuidar a quien sostiene la producción y qué están haciendo las empresas al respecto.

El costo de no cuidar a quienes sostienen la producción.
Mientras la Argentina proyecta inversiones millonarias en Vaca Muerta, litio y cobre, empresas y gobiernos enfrentan un desafío que ya no pueden postergar: proteger el capital humano que hará posible ese crecimiento.
Hay un yacimiento que no figura en los mapas geológicos ni se mide en barriles, toneladas o reservas minerales. Está formado por técnicos, operarios, camioneros, profesionales, mandos medios y gerentes que trabajan lejos de sus hogares, bajo presión productiva y, muchas veces, en condiciones geográficas y climáticas extremas.
Ese capital humano sostiene el crecimiento energético y minero de la Argentina. Y también necesita inversión.

El otro récord de Vaca Muerta
Vaca Muerta atraviesa una etapa decisiva. YPF estima que su desarrollo podría movilizar inversiones por aproximadamente USD 130.000 millones durante los próximos cuatro o cinco años.
A ese horizonte se suma otro desafío: contar con las personas necesarias para sostener la expansión. Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, proyectó que el crecimiento energético podría generar más de 40.000 puestos de trabajo hacia 2032. Fuente: YPF.
La minería avanza en la misma dirección. En 2025, las exportaciones mineras argentinas alcanzaron el récord de USD 6.073 millones, un 30% más que el año anterior. El oro, el litio y la plata concentraron más del 95% de esas ventas, mientras los nuevos proyectos de cobre preparan el terreno para una expansión todavía mayor. Fuente: Secretaría de Minería de la Nación.
El potencial es enorme. Pero detrás de cada pozo, planta, campamento o proyecto existe una realidad menos visible: personas que deben sostener durante años un ritmo de trabajo extraordinario.

Crecer también cansa
En numerosas operaciones energéticas y mineras se trabaja con sistemas de permanencia y descanso como el 14x14. Durante esos períodos, las jornadas pueden extenderse hasta doce horas y combinar esfuerzo físico, aislamiento, altura, frío, calor extremo, traslados y falta de sueño.
El cuerpo puede adaptarse a muchas exigencias, pero no deja de acumular cansancio y estrés.
Una contractura mal atendida puede convertirse en una lesión. La fatiga sostenida puede disminuir la capacidad de reacción. El dolor, cuando se naturaliza, puede acompañar durante días a una persona que continúa trabajando porque no quiere abandonar a su equipo ni alterar el diagrama del turno. También existe una situación difícil de detectar: el trabajador está presente, pero no se encuentra realmente en condiciones de realizar su tarea con seguridad.
En una oficina, ese agotamiento puede provocar errores o una baja en la productividad. En una mina, una base petrolera, una planta o una ruta, las consecuencias pueden ser mucho más graves.
Cuando la fatiga entra en el balance
Durante años, el cuidado físico fue considerado principalmente una cuestión médica, laboral o humana, pero hoy también debe analizarse como una variable económica.
Un accidente no termina con la atención de urgencia, ya sabemos que puede implicar licencias, reemplazos, reorganización de equipos, pérdida de horas de trabajo, investigaciones, trámites, litigios y la necesidad de formar nuevamente a personal especializado.
Para las contingencias ocurridas entre el 1 de marzo y el 31 de agosto de 2026, la Superintendencia de Riesgos del Trabajo fijó en $97.502.420 la base del piso indemnizatorio. Ese monto se multiplica por el porcentaje de incapacidad y se actualiza mediante el RIPTE.
Por ejemplo, una incapacidad del 40% representa un piso inicial cercano a los $39 millones, antes de la actualización y de los adicionales que pudieran corresponder. Cuando se trata de un accidente laboral o de una enfermedad profesional - exceptuando los accidentes in itinere - puede agregarse un 20%. La fórmula también considera el salario y la edad del trabajador, por lo que el importe final puede ser mayor. Fuente: Superintendencia de Riesgos del Trabajo.
Pero la indemnización es solo la parte más evidente.
También están el ausentismo, la rotación, las evacuaciones médicas, los reemplazos, la capacitación de nuevos ingresos y el impacto reputacional de un accidente que pudo haberse evitado.
En un mercado donde el talento técnico es escaso, perder a una persona calificada también significa perder conocimiento acumulado.

El crecimiento energético y minero argentino necesitará inversiones, infraestructura y miles de trabajadores. Y la prevención y la recuperación física son parte de la ecuación productiva que no debe queda fuera.
No es solamente el operario
El riesgo no solo se concentra en la boca de pozo o en el frente de mina.
Los camioneros que trasladan insumos, equipos y personal enfrentan una combinación particularmente delicada de cansancio y exposición vial. Conducir durante horas por rutas exigidas por el aumento de la actividad requiere algo más que experiencia: exige descanso, atención y condiciones físicas adecuadas.
Los mandos medios y gerentes atraviesan otro tipo de desgaste sumamente estresantes. Ellos y ellas viajan, coordinan equipos, toman decisiones bajo presión y responden por resultados. En algunos casos se trasladan con sus familias a ciudades cercanas a las operaciones y quedan lejos de sus redes habituales de contención, sin espacios para el ocio ni el entretenimiento.
Para ellos, el riesgo puede no ser una lesión inmediata, sino el agotamiento sostenido, el deterioro de la vida familiar o la decisión de abandonar la empresa.
La rotación del talento gerencial también tiene un costo muy alto, aunque rara vez aparezca de manera clara en los balances. Después se escuchan las quejas en los directorios, porque no pueden retener los talentos, y se van a otros países, con mejores condiciones. Los altos sueldos no son suficiente motivo para retenerlos, y eso ya lo sabemos.
Entonces..?
El desafío también alcanza a los gobiernos
La expansión productiva no solo transforma los territorios donde se instala, también transforma la vida de los trabajadores que llegan con ella.
Localidades como Añelo, Rincón de los Sauces y otras ciudades próximas a grandes desarrollos energéticos y mineros reciben trabajadores, empresas proveedoras y nuevas familias. Con ellos aumenta la demanda de viviendas, rutas, escuelas, atención médica, transporte, conectividad y servicios básicos y la cultura.
Cuando la infraestructura no crece al mismo ritmo, una parte del costo termina trasladándose a los municipios y las provincias: hospitales más exigidos, accidentes viales, dificultades habitacionales y mayor presión sobre servicios que ya funcionaban al límite.
Por eso, cuidar al trabajador no es únicamente responsabilidad de una empresa. Es un posible punto de encuentro y diálogo entre el sector privado, los gobiernos provinciales y municipales, las ART, los sindicatos, las cámaras empresariales y las instituciones de formación.

Lo que las empresas ya comenzaron a hacer
Las principales operadoras comprendieron que el crecimiento no puede sostenerse sin formación.
El Instituto Vaca Muerta, impulsado por YPF junto con otras compañías del sector, busca preparar técnicos mediante prácticas vinculadas con la operación real, la seguridad y la excelencia profesional. La incorporación de empresas como Total Energies muestra que el desarrollo del talento dejó de ser un problema individual para convertirse en un desafío compartido por toda la industria. Fuente: YPF.
Muchas empresas también desarrollan programas de salud, seguridad y bienestar para sus trabajadores y las comunidades cercanas a sus operaciones.
Sin embargo, todavía queda un eslabón por fortalecer: la recuperación física y mental, organizada y medible de quienes trabajan bajo regímenes de alta exigencia.

La recuperación como infraestructura preventiva
En las actividades de alto riesgo, la prevención suele concentrarse en los elementos de protección, los procedimientos de seguridad, los controles médicos y la capacitación.
Todo eso es indispensable. Pero existe una pregunta anterior a cada jornada: ¿en qué condiciones físicas y mentales, se encuentra la persona que va a conducir, operar una máquina o tomar una decisión crítica?
Evaluaciones funcionales, protocolos de movilidad, recuperación muscular, seguimiento de molestias y controles relacionados con la fatiga podrían incorporarse de manera modular en campamentos, bases operativas, centros logísticos y espacios de descanso.
No se trata de sumar un beneficio accesorio.
Se trata de crear procedimientos sencillos que ayuden a detectar riesgos, recuperar capacidades y evitar que una molestia menor termine convertida en una lesión, una licencia o un accidente.
Para tener verdadero valor empresarial, la propuesta debe ser medible y arrojar data real. Es interesante lo que planteo el Dr. Andrés Palas - Ceo de Kinetic Workout - en su participación como orador en Smart City acerca de implementar un piloto que arroje indicadores para medir
- días de ausentismo;
- lesiones musculares;
- derivaciones y evacuaciones médicas;
- incidentes relacionados con la fatiga;
- rotación de personal;
- percepción de bienestar psico-emocional;
- continuidad del personal especializado.
La comparación de esos indicadores antes y después de una intervención permitiría determinar qué soluciones funcionan y qué ajustes necesita cada operación.

Como cuidar a quienes sostienen la producción?
Esta mirada es impulsada por el CEO de Kinetic Workout, el doctor Andrés Palas, quien desde hace más de una década, trabaja en el desarrollo e implementación de sistemas de evaluación, prevención y recuperación física.
La propuesta consiste en adaptar ese conocimiento a las condiciones concretas de quienes trabajan no solo en deporte y bienestar, sino también en el sector de mas exigencia y crecimiento como son la energía, la minería, el transporte y la logística.
El mismo explico en cada entrevista que cada operación presenta una realidad diferente. No tienen las mismas necesidades un conductor, un operario de maquinaria, un trabajador que desarrolla tareas en altura o un gerente responsable de equipos distribuidos en distintos puntos del territorio.
Por eso, el modelo no debería comenzar con la venta de equipamiento, sino con un diagnóstico de la empresa, el club, el centro médico o el campamento: qué tareas se realizan, cuáles son los factores de desgaste, qué problemas se repiten y qué indicadores necesita mejorar la organización.
A partir de ese análisis, y en conjunto con el equipo local y sus profesionales, pueden diseñarse protocolos, espacios y herramientas de recuperación adecuados a cada empresa o territorio.
El próximo paso podría ser el desarrollo de experiencias piloto junto con empresas operadoras y de servicios, gobiernos provinciales, ART, sindicatos o cámaras sectoriales interesadas en medir resultados.
Porque el futuro energético y minero argentino no dependerá solamente de la cantidad de inversiones, pozos o toneladas exportadas.
También dependerá de la capacidad para formar, atraer, recuperar y cuidar a las personas que hacen posible ese crecimiento.
El otro yacimiento ya está a la vista.
Y también necesita ser desarrollado.
Patricia Pitaluga
Acercando Naciones -
Temas Relacionados

Newsletter
Suscribite para recibir las últimas noticias.
Últimas noticias
La Copa del Mundo no está en venta: geopolítica, negocios y deporte en el mayor quiebre de la FIFA
El otro yacimiento
Cuando el Día del Amigo se convierte en agenda de ciudad
El tango vuelve a los barrios: llega la 8ª Semana de las Milongas a Buenos Aires
Colombia celebró 216 años de Independencia con ofrenda floral y recepción diplomática en Buenos Aires








