Tecnología

Barcelona capital global del humanismo tecnológico

Barcelona tiene un plan: ser una capital global del humanismo tecnológico

Cómo puede convertirse la ciudad en un referente mundial de la ‘tecnoética’
Barcelona tiene un plan: ser una capital global del humanismo tecnológico

Los interrogantes que plantea la irrupción de los robots en el mundo laboral figuran entre los temas que podrían abordarse en un foro permanente de tecnoética

Convertir Barcelona en la capital global del humanismo tecnológico, en un foro abierto donde se estudien y se ensayen los derechos de la ciudadanía en cuestiones como la privacidad de los datos, los límites de las grandes corporaciones tecnológicas, la robótica, la revolución de la computación cuántica o el desarrollo de la inteligencia artificial, es una oportunidad que hay que tomar al vuelo.

Nunca la coyuntura será tan favorable como lo es ahora. Sobre la mesa existe ya un proyecto.

He aquí los motivos que lo sustentan.

Si existiera un índice de politización por habitante, Barcelona se saldría en los ranking.

A la histórica sensibilidad de su ciudadanía por la paz, la justicia social, la igualdad o la ecología se suma ahora el debate a corazón abierto sobre el proceso independentista.

“No hay virtud como la necesidad”, decía un personaje del Ricardo III de Shakespeare, estrenando un proverbio que enfatiza las ventajas de las situaciones de crisis.

La ciudad tiene que aprovechar como una ventaja su elevado grado de politización

Más que nunca, Barcelona está en condiciones de aprovechar esa tradición de repensar el mundo (a veces de una forma bastante abrupta) mediante el impulso de un proyecto capaz de integrar algunas de las tendencias más emergentes y prometedoras que se detectan en la ciudad en los frente tecnológico, educativo, científico o cultural.

Este proyecto no tiene madre ni padre, sino que se construye a partir de iniciativas que están condenadas a converger.

En un primer momento, hace más de dos años, se bautizó como Davos digital la iniciativa planteada por el entonces secretario de Estado de Agenda Digital, José María Lassalle, de aprovechar el impulso del Mobile World Congress para organizar en la capital catalana, en el marco de la Mobile Capital, un foro sobre los efectos en las personas de la revolución tecnológica en marcha.

El propio Lassalle, ahora ya como profesor, sin cargo público, ha elaborado junto a la consultoría barcelonesa Ideograma, que dirige el consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí, un documento titulado Barcelona, capital global del humanismo tecnológico que está siendo presentado estos días a diferentes actores sociales, políticos y económicos.

El edificio histórico de Correos (aquí visto a través de un retrovisor durante la feria Loop) es sugerido como una de las posibles futuras sedes de la capital del humanismo tecnológico

El edificio histórico de Correos (aquí visto a través de un retrovisor durante la feria Loop) es sugerido como una de las posibles futuras sedes de la capital del humanismo tecnológico (Xavier Cervera Xavier Cervera)

“La ética y la ciudadanía, que responde a través de políticas públicas, puede permitir desactivar las externalidades negativas de la tecnología”, afirma Lassalle. En su opinión, “asentada sobre una clara tradición mediterránea, Barcelona puede convertirse en una especie de capital de la mediterraneidad digital que desde las ciudades peninsulares del sur de Europa se forje como una alternativa al diseño de smart cities que promueven Estados Unidos y China”.

El documento identifica las fortalezas barcelonesas en cuestiones como el dinamismo tecnológico, las startup y el pensamiento y sugiere que la idea tenga un desarrollo urbanístico en la ciudad.

Se trataría de una sede difusa que se ubicaría a lo largo del litoral aprovechando equipamientos e instituciones ya existentes: desde el celebrado Pier 01 de Barcelona Tech City en el Port Vell, pendiente de ampliación, hasta las tres chimeneas de Sant Adrià de Besòs (un espacio sólo contemplado en una posterior expansión metropolitana) pasando por los centros científicos y culturales del entorno de la Ciutadella y la Vila Olímpica y, por supuesto, el distrito creativo del 22@.

En el estudio se plantea, por ejemplo, la oportunidad de integrar en este proyecto edificios icónicos que pertenecen a la Administración del Estado y que actualmente están infrautilizados, como la Estación de França o la sede central de Correos.

El proyecto sugiere que la Estación de França, ahora infrautilizada, se a una de las sedes de la capital global del humanismo tecnológico

El proyecto sugiere que la Estación de França, ahora infrautilizada, se a una de las sedes de la capital global del humanismo tecnológico (Àlex Garcia)
Gutiérrez Rubí ve claro el momentum barcelonés: “Estamos frente a una serie de debates éticos sobre la tecnología; desafíos globales que se desprenden de las experiencias negativas no deseadas que se generan en el nuevo ecosistema tecnológico, como fake news, cámaras de eco, monopolios, censuras…

Y en Barcelona no empezamos de cero.

Hay una vocación, una preocupación por el impacto tecnológico.

Es una vocación desde la que nos parece que hay que traer eventos internacionales”.

Más allá de las ideas que pone sobre la mesa este proyecto, uno de sus puntos fuertes es que coincide con otras iniciativas que van tomando cuerpo en la ciudad.

De entrada, los dos partidos que integran el equipo de gobierno municipal comparten el objetivo principal de posicionar Barcelona como referente mundial de ese humanismo tecnológico.

La ciudad tiene el público para este tipo de proyectos: lo demuestran el CCCB y la bienal Barcelona Oberta

El teniente de alcalde de Cultura, Joan Subirats, de BComú, puso en marcha el año pasado una exitosa bienal de pensamiento, Ciutat Oberta, donde ya se planteó el debate sobre conceptos como la ciudadanía inteligente o la urgencia de una nueva tecnoética.

Aquel evento, al que sucedió en febrero la bienal Ciutat i Ciència , se nutrió en parte de la audiencia comprometida con la filosofía y el pensamiento político que ha ido cultivando a lo largo de los años el CCCB, que dirige Judit Carrera.

Sintoniza también con este proyecto la teniente de alcalde de Agenda 2030, Laia Bonet.

Esta edil socialista ha asumido –con matices– el trabajo hecho por la anterior comisionada digital, Francesca Bria, responsable de que Barcelona lidere una coalición con Nueva York o Amsterdam en defensa de los derechos digitales. Bonet ya se posicionó claramente a favor de la idea de apostar por Barcelona como ciudad referente de la tecnoética en un artículo publicado el pasado mes de agosto en El País.

Bonet advierte que hay que arrancar con modestia, no pretendiendo de entrada ser la capital de nada, sino “desarrollando el enorme potencial que Barcelona tiene en esta cuestión del humanismo tecnológico o, dicho de otra manera, de poner la tecnología al servicio de las personas”.

Sobre cómo debe impulsarse la idea, considera que “hay que ir sumando apoyos y ver cuántos sujetos somos, pero sin dejar de avanzar, de modo que quien quiera incorporarse lo vaya haciendo” sobre la marcha.

El nuevo polo de ‘tecnoética’ debería retroalimentarse con el proyecto de la Ciutadella del Coneixement

El proyecto de la capitalidad del humanismo tecnológico no sólo no colisiona, sino que debería retroalimentarse con otra iniciativa que va a desarrollarse en el mismo frente litoral: la conversión del parque de la Ciutadella y de su entorno en un polo de conocimiento que integrará institutos y entidades del ámbito científico y cultural como son el Institut de Recerca Biomèdica (IRB), la Fundació Pasqual Maragall, la Universitat Pompeu Fabra, ICREA/FCRi, el Arxiu de la Corona d’Aragó, el Museu Picasso, el Born Centre Cultural, el Arxiu Fotogràfic, la biblioteca del Parlament o la futura Biblioteca de Barcelona.

La Ciutadella del Coneixement es un proyecto que dirige Francesc Subirada. Concebido en su día por el científico Jordi Camí y el ex conseller Andreu Mas Colell y luego asumido desde el Ayuntamiento por el socialista Jaume Collboni y desde la sociedad civil por Barcelona Global, requiere para su pleno desarrollo una solución urbanística que también es clave para asentar sobre el terreno la capital del humanismo tecnológico: salvar la playa de vías para unir el frente litoral con la Ciutadella.

El proyecto de capital tecnoética ha sido presentado ya a Laia Bonet, al presidente del Cercle d’Economia, Javier Faus, al director de 4YFN, Esteban Redolfi, y a representantes del mundo académico en la sesión Barcelona y las Human Centered Cities.

Allí se constató lo oportuna que es una iniciativa como esta en un momento en que la indefensión de la ciudadanía ante la voracidad de gigante como Google y Facebook ha dado pie a un debate sobre la conveniencia de que estos acaben siendo troceados.

Otra baza barcelonesa es su buen posicionamiento en el sector de las smart cities, incluso en un momento en que se empieza a anteponer el concepto de los smart citizens.

El trabajo desarrollado en este campo por administraciones municipales de diferente color político (PSC, CiU y Barcelona en Comú), cada una de ellas con su propio enfoque, pone en evidencia una capacidad de consenso que, por el bien de la ciudad, debería recuperarse.

Los puntos fuertes de Barcelona son evidentes, pero también sus carencias.

En especial, la dificultad de trabajar en un entorno político de presupuestos que son sistemáticamente prorrogados.

Dificilmente este proyecto saldrá adelante sin el apoyo decidido del Gobierno central, que tiene aquí una oportunidad de oro para demostrar su compromiso con Barcelona, en un esquema de bicapitalidad Barcelona-Madrid.

Por diferentes motivos, las ciudades identificadas como potenciales rivales son Toronto, Seúl, Masdar, Amsterdam, Estocolmo o Viena.

La ventana de oportunidad barcelonesa puede cerrarse si no se actúa con determinación, ambición y capacidad de seducción.

Impulsado inicialmente por la sociedad civil, el proyecto debería liderarlo el Ayuntamiento, concibiéndolo como una suma de proyectos que de concretarse daría sentido al trabajo que vienen desarrollando en los últimos tiempos diferentes agentes de la ciudad.

Fuente La Vanguardia

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