Opinión
Lecciones ambientales
La toma de conciencia global sobre los daños de la radiación ultravioleta a propósito del ya recompuesto “agujero de ozono”

Por Carolina Estebarena
La toma de conciencia global sobre los daños de la radiación ultravioleta a propósito del ya recompuesto “agujero de ozono” y el accionar conjunto para frenar la destrucción de este gas tan importante para la vida fueron no sólo una lección que aprendimos como humanidad sino también el botón de muestra para adoptar un sendero similar en términos de acción climática.

A finales de la década de los años ‘70 los científicos descubrieron que la actividad del hombre estaba destruyendo la llamada “capa de ozono” y si bien no fue inmediata la respuesta de la comunidad internacional, en el año 1985 se adoptó la Convención de Viena para la Protección de la Capa de Ozono y dos años más tarde se firmó Protocolo de Montreal, por el cual los gobiernos, los científicos y la industria se comprometieron a trabajar juntos para eliminar el 99% de las sustancias que destruían aquél gas, cuya presencia en la estratósfera nos protegió de los daños que vimos cuando el llamado “agujero de ozono” empezó a hacer estragos al incrementarse notablemente la cantidad de casos de cáncer de piel.
El esfuerzo planetario para reconstituir este escudo protector fue un ejemplo de lo que podemos lograr cuando estamos convencidos de combatir un flagelo como el del adelgazamiento de la capa de ozono cuatro décadas atrás, así como también la musa inspiradora para replicar ese acuerdo mundial sólo que en esta ocasión -en vez de combatir los hidrofluorocarbonos (HFC)- la lucha es contra las actividades antropogénicas que incrementan los gases de efecto invernadero en general –siendo los HFC una pequeña porción de aquellos- que contribuyen al calentamiento global y al cambio climático.
Así como en su momento fue el Protocolo de Montreal, ahora es el Acuerdo de París adoptado en 2015 (versión “voluntaria” pos Protocolo de Kioto, 1997) y sin lugar a dudas es el turno de la ciudadanía global. Porque el activismo ambiental puede hacer mucho, los políticos en el mundo pueden dar ejemplos valiosos, pero el planeta Tierra requiere de la convicción de todos sus habitantes para detener la degradación y preservarla para las generaciones futuras, tal como reza el art. 41 de nuestra Constitución.
Sobre la autora: Carolina Estebarena, Diputada MC, es asistente científica y tecnológica. Ha trabajado en periodismo científico. Actualmente, es Directora General de Planificación en la Policía de Seguridad Aeroportuaria.
Por Carolina Estebarena
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