Cultura
Blanco o Negro… reflexiones sobre las antinomias
Blanco o Negro, Boca o River, la grieta… A propósito de debates interminables, tengo la sensación de que los seres humanos necesitan que las cosas sean “blanco o negro”. No existen los grises. Creo que sólo así se puede explicar que exista tanto odio todavía, … tantas guerras. Se me dirá que la base de […]

Blanco o Negro, Boca o River, la grieta…
A propósito de debates interminables, tengo la sensación de que los seres humanos necesitan que las cosas sean “blanco o negro”.
No existen los grises. Creo que sólo así se puede explicar que exista tanto odio todavía, ... tantas guerras.
Se me dirá que la base de los odios y las guerras, por lo menos en la actualidad, está en la injusticia social, pero acaso... ¿ésta no es una consecuencia de aquella manera de pensar: blanco o negro?
Veamos. Todavía seguimos debatiendo si es mejor el capitalismo o el socialismo. La caída de la Unión Soviética pareció inclinar la balanza de las preferencias hacia el libre mercado, pero ya comienzan a verse (de nuevo) las con-tradiciones históricas de esa filosofía, acentuadas hoy por el dispar acceso de las distintas capas sociales a la costosa tecnología moderna.
A nivel científico, la falta de respuestas claras a muchos padecimientos, por parte de la biología - madre de la medicina – condujo a una concepción psicologista cuyo ulterior fracaso resucitó la investigación científica del cerebro, de la mano de la química y la genética. Es así que nos encontramos otra vez frente a la tentación organicista de negar todo componente psicológico puro de muchos males.

No me olvido de otra gran causa de odios y guerras en el mundo de hoy y de siempre: la intolerancia racial y religiosa. En el panorama actual puede leerse esto como “Islam contra el resto del mundo”. Aquí surge claramente el pensamiento “blanco o negro”: todo el que no piensa como yo es mi enemigo, es un “infiel” y hay que exterminarlo.
Creo que el mundo realmente cambiará cuando la especie humana comprenda que debe desprenderse de los absolutos. Cuando se termine el fanatismo ideológico, puesto al servicio de la política, la ciencia o la religión. Al fin y al cabo, cada una a su manera han dado respuestas a las necesidades humanas; respuestas que serían mejores si no estuvieran impregnadas de dogmatismo.
Es de esperar que la evolución de las ideas, que ha derrumbado tantos prejuicios, sea capaz de derrumbar también el rígido edificio de esa concepción bipolar de las cosas que nos afligen.
Sólo así, “evolución” será igual a “progreso”.
Por Jorge Miauro
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