Opinión
Residuos:¿Por qué seguimos enterrando valor?
¿Solución ambiental o modelo de negocio? Esteban Daneri cuestiona la persistencia de los rellenos sanitarios en Argentina. En un mundo que demanda economía circular y reducción de emisiones, el autor expone las resistencias estructurales que impiden transformar los residuos en recursos y explica por qué seguir enterrando basura es, hoy más que nunca, económicamente irracional.

Por Esteban Daneri
En pleno 2026, con la presión global sobre emisiones, trazabilidad ambiental y eficiencia de recursos en su punto más alto, resulta difícil explicar —desde cualquier criterio de salud, técnico o económico— que todavía se siga discutiendo la expansión de rellenos sanitarios como solución estructural para los residuos urbanos.
Enterrar residuos no es una solución. Es, en el mejor de los casos, una forma de postergar un problema. En el peor, un modelo de negocio consolidado que depende de que el problema continúe existiendo.

El costo de la inercia
Cada tonelada enterrada es materia que pierde valor, emisiones que se liberan y costos que se acumulan en el tiempo. El metano generado por la descomposición de residuos orgánicos es uno de los gases con mayor impacto climático; su liberación no es un efecto colateral, es una consecuencia directa del sistema elegido. La salud de todos en riesgo mortal.
Lo llamativo no es que esto ocurra, sino que siga siendo defendido por ciertos sectores. Hoy en Argentina ya existen tecnologías industriales capaces de tratar residuos sin incineración, sin contaminación, sin lixiviados y sin enterramiento, estabilizando la fracción orgánica antes de que genere emisiones y transformando ese flujo en materiales utilizables o energía. No hablamos de soluciones experimentales: es ingeniería aplicada, modular y escalable.

¿Por qué seguimos enterrando?
Sin embargo, el eje de la discusión pública sigue girando alrededor de dónde ubicar el próximo relleno sanitario. La pregunta debería ser otra: ¿Por qué seguimos diseñando sistemas para enterrar residuos cuando técnicamente ya es posible prescindir de los vertederos?
La respuesta no es tecnológica, es estructural. El sistema actual mueve cifras significativas en transporte, disposición final y contratos de largo plazo. Es un esquema conocido, consolidado y con actores definidos. Cambiarlo implica modificar flujos económicos y redistribuir ingresos. Y eso, naturalmente, genera resistencia.
Una irracionalidad económica
Sostener un modelo ineficiente por inercia —o por conveniencia— tiene un costo creciente. En un contexto donde el mundo avanza hacia la economía circular y la reducción de emisiones verificables, seguir enterrando basura no solo es ambientalmente cuestionable; empieza a ser, también, económicamente irracional.
La discusión ya no debería ser dónde enterrar.
Debería ser por qué seguimos haciéndolo?
Por Esteban Daneri
Consultor en Soluciones AmbientalesConsultoria AN
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