Internacional
Putin, vas a venir o no? gran pregunta hoy
Rusia, Putin te va a hacer venir o no? Toda Ucrania y el mundo se pregunta

Rusia, Putin te va a hacer venir o no? Toda Ucrania y el mundo se pregunta esto y día a día esta atento a un foco de conflicto que se puede globalizar

Estas son algunas cosas que tenés que saber:
Por Juan Elman

¿Por qué?
Hay varias lecturas y no necesariamente excluyentes. Me interesa resumir tres.
La primera sostiene que Putin realmente se prepara para una invasión. Que habría que tomarlo en serio. En defensa de esta mirada, ya lo hizo: en 2014, año clave para entender la escalada de hoy, Rusia invadió Crimea y unos meses más tarde comenzó a apoyar a tropas separatistas en el este de Ucrania. La guerra sigue hasta el día de hoy. Los motivos para una nueva intervención serían los mismos: reforzar la presencia rusa y condicionar por la fuerza el futuro vínculo de Ucrania –que, según la visión de Putin, es el mismo pueblo que el ruso– con Occidente, tanto con la OTAN como con la Unión Europea, dos bloques a los que Kiev sigue mirando de lejos. El Kremlin, sostienen los agitadores, quiere aprovechar la división europea y la desatención americana para avanzar.
Se trata de una lectura que ha perdido peso con el correr de las semanas, al calor de la diplomacia, y a pesar de que todavía no aparece una solución. La atención, por otro lado, sobra.
La segunda argumenta que Putin está desplegando la amenaza para forzar a que la alianza tenga en cuenta sus preocupaciones y lograr algunas concesiones, lo que enviaría un mensaje potente a Kiev respecto a la estatura rusa en el conflicto. Para Putin, además, cualquier oportunidad para ser tomado en cuenta como un igual de las grandes potencias representa una victoria simbólica. Por último, reza el argumento, Putin tiene motivos de sobra para sentirse cercado y amenazado por el anillo de la OTAN: le conviene alejarlo.

La tercera suma un grado más de sutileza. Es cuestión de ver los hilos. Con este despliegue, Putin debilita la estrategia militar norteamericana de pivot a Asia –confirmada con la retirada de Afganistán– al arrastrar a Estados Unidos a discutir sobre el espacio de seguridad europeo y su presencia en él. También lo empuja a repetir mensajes que para el Kremlin y sus vecinos son bien relevantes: la Administración Biden puede patalear y sacar pecho, flexear, como dicen los jóvenes. Puede jugar al TEG, mover tropas al Este y hasta donar unas buenas dosis de armas a los ucranianos. Pero a la hora de la verdad, el mensaje sigue siendo el mismo que el de la OTAN: si la invasión llega, ellos harán todo lo posible para detenerla... desde afuera.
Siguiendo esta lectura, hay un último efecto deseado y para advertirlo sólo hace falta darse un chapuzón breve en la prensa europea. Y es que no todos los miembros de la OTAN están alineados en cómo responder a la actual amenaza, y se nota. Mientras los vecinos de Rusia y el sector anglosajón aparecen más convencidos de la certeza de la invasión, adoptando en consecuencia un tono más agresivo, Francia y Alemania se inclinan por disolver respuestas apuradas y seguir apostando a la diplomacia. El gobierno alemán, de hecho, se negó a que la alianza suministre armas a Ucrania. La equidistancia de Berlín sigue raíces históricas, más presentes en la socialdemocracia gobernante que en la derecha. Recién ahora, después de años de presión, el gobierno alemán dijo que estaría dispuesto a renunciar al gasoducto Nord Stream 2, que comparte con Rusia, en caso de que esta avance con una invasión. Por otro lado, el presidente francés, que dicho sea de paso se enfrenta a la reelección este año, es un firme convencido de que Europa, en busca de su autonomía perdida, tiene que volver a acercarse a Rusia; por lo demás, no es particularmente fan de la OTAN, a la que decretó de “muerte cerebral” hace un par de años.

Esta tercera lectura es relevante porque ayuda a entender las luces y sombras de la ofensiva de Putin. El ruso tiene demasiado en su plato y eso puede ser un problema. La cara de la moneda que hoy consagra su legítima fama de estratega puede girar rápido y el escenario más aguafiestas puede ser el de la invasión. Este implicaría, de base, un paquete de sanciones que profundizaría la debilidad de la economía rusa. Pero sobre todo, una ofensiva de Rusia le daría la unidad que hoy le falta a la OTAN y reforzaría su presencia en el Este, con el visto bueno de Estados Unidos. Precisamente aquello que Putin quiere evitar y por lo que se está rebelando.
El ruso podría entonces optar por una “incursión menor”, como dicen los analistas. Un poquito de hackeo sin romper nada, o echar más leña al fuego separatista en el este ucraniano. O también puede jugar con el recurso más valioso de esta trama, que es el tiempo. La posibilidad de que el dilema se extienda. Ya hay voces, por si acaso, que aseguran que esto podría durar más de lo previsto, y que no necesariamente debe haber un desenlace inmediato. Pero la pregunta, otra vez y después de varios años, sigue siendo la misma. Es la novela de Lenin en tercera persona: ¿qué va a hacer?
Extractado por ACERCANDO NACIONES de Cenital
Temas Relacionados

Newsletter
Suscribite para recibir las últimas noticias.







