Opinión
Las encuestas definen la comunicación política ?
Las encuestas definen la comunicación política ?

Hoy asistimos a un fenómeno que no era común hace 10 años atrás, la importancia de las encuestas.
Pero no solo para entender una cierta inclinación de voto si no como una variable de importancia tal que reformula, y a veces tuerce la postura partidaria sobre un tema en específico
Los nuevos instrumentos de la tecnología han transformado de manera radical el modelo tradicional de comunicación política. La información se transmite de manera instantánea y viral a través de las redes sociales en un nuevo entorno cada vez más agresivo y polarizado. Históricamente, la opinión pública ha sido estudiada para una gran variedad de propósitos, destacando su papel en el marco de los procesos electorales en sociedades democráticas.

Las encuestas son herramientas esenciales para medir la opinión pública en torno a los grandes temas de discusión en la arena política, y no sólo se reducen a ser fotografías del momento.
Las encuestas también permiten que los partidos políticos, candidatos y electores tomen decisiones informadas al conocer el estado real de la opinión pública.
Por lo tanto, la relevancia de las encuestas electorales es enorme: motiva la participación de los ciudadanos, quienes, al conocer los resultados de las encuestas, perciben que su voz es escuchada y que su voto cuenta; brindan información para que los candidatos y los partidos políticos diseñen sus mensajes para comunicarse mejor con los electores; permiten la discusión pública sobre los temas que más preocupan a la sociedad y, en general, promueven una atmósfera de rendición de cuentas al presentar a los candidatos y gobernantes al rigor de la evaluación de la gente.
Quizá la razón principal de la relevancia de las encuestas electorales de calidad sea que, efectivamente, constituyen una herramienta útil en la predicción de los resultados electorales, lo que en una sociedad democrática es útil y necesario.
En este contexto, resulta evidente la responsabilidad social de los profesionales del estudio de la opinión pública.
A lo largo de los últimos ocho años, las Misiones de Observación Electoral de la OEA han atestiguado el rol crucial de las encuestas en la competencia política y en el diseño de estrategias de campaña y de gobierno.
La conclusión es clara, los estudios de opinión pública electoral de calidad y con rigor técnico fortalecen los procesos democráticos.
Por el contrario, las encuestas de mala calidad, incluso falsas, siempre forman parte de los escenarios de incertidumbre, desinformación y fake news que tanto han afectado a la democracia en los años recientes.
El panorama de la discusión pública ha cambiado mucho en las últimas décadas, la nueva plaza pública es, como sabemos, digital y fenómenos como la inteligencia artificial, las cámaras de eco, y la influencia de las redes sociales en la discusión pública han tenido efectos como la polarización extrema, la demonización del adversario, la distorsión del diálogo y, en general, una afectación a los valores democráticos de la región.
Es a este nuevo entorno al que se tiene que adaptar la disciplina demoscópica que ha tratado de mantener el ritmo del cambio adoptando a su vez, herramientas de medición de opinión pública cada vez más apoyadas en la tecnología y en la consideración de nuevas corrientes de opinión impulsadas por influencers y youtubers.
Balance entre la realidad y los resultados de las encuestas
Los retos para una nueva disciplina del estudio de la opinión pública son enormes: los profesionales de las encuestas se enfrentan a un entorno siempre cambiante de información volátil en donde el diálogo propositivo a veces parece perderse en tendencias y hashtags coyunturales que desvían la energía del debate público constructivo.
Es en este nuevo panorama digital que todos debemos hacer lo que nos corresponde para generar mejores condiciones para que los estudios de opinión pública genuinos y serios sigan contribuyendo al fortalecimiento de la confianza democrática de la sociedad.
La irrupción de los nuevos instrumentos tecnológicos ha causado una transformación radical en el tradicional modelo de comunicación política. Hoy en día, la información se propaga de manera instantánea y viral a través de las redes sociales en un entorno cada vez más agresivo y polarizado.
Desde hace mucho tiempo, la opinión pública ha sido objeto de estudio para una gran variedad de propósitos, destacando su papel en el marco de los procesos electorales en sociedades democráticas.
Las encuestas son herramientas esenciales para medir la opinión pública en torno a los grandes temas de discusión en la arena política, y no se limitan únicamente a ser una fotografía del momento. Las encuestas permiten que los partidos políticos, candidatos y electores tomen decisiones informadas al conocer el estado real de la opinión pública.
Por lo tanto, la relevancia de las encuestas electorales es enorme: motivan la participación ciudadana, ya que al conocer los resultados de las encuestas, los ciudadanos sienten que su voz es escuchada y que su voto cuenta; brindan información a los candidatos y partidos políticos para que diseñen mensajes que se comuniquen mejor con los electores; permiten la discusión pública sobre los temas que más preocupan a la sociedad y, en general, promueven una atmósfera de rendición de cuentas al presentar a los candidatos y gobernantes al rigor de la evaluación de la gente.
Quizá la razón principal de la relevancia de las encuestas electorales de calidad sea que, efectivamente, constituyen una herramienta útil en la predicción de los resultados electorales, lo que en una sociedad democrática es esencial.
En este contexto, resulta evidente la responsabilidad social de los profesionales del estudio de la opinión pública. A lo largo de los últimos ocho años, las Misiones de Observación Electoral de la OEA han atestiguado el papel crucial de las encuestas en la competencia política y en el diseño de estrategias de campaña y de gobierno.
En conclusión, los estudios de opinión pública electoral de calidad y con rigor técnico fortalecen los procesos democráticos. Por el contrario, las encuestas de mala calidad, incluso falsas, siempre forman parte de los escenarios de incertidumbre, desinformación y noticias falsas que tanto han afectado a la democracia en los años recientes.
El panorama de la discusión pública ha cambiado drásticamente en las últimas décadas, la nueva plaza pública es digital y fenómenos como la inteligencia artificial, las cámaras de eco y la influencia de las redes sociales en la discusión pública han tenido efectos como la polarización extrema, la demonización del adversario, la distorsión del diálogo y, en general, una afectación a los valores democráticos de la región.
Es a este nuevo entorno al que la disciplina del estudio de la opinión pública debe adaptarse. Esta disciplina ha tratado de mantener el ritmo del cambio adoptando herramientas de medición de opinión pública cada vez más apoyadas en la tecnología y en la consideración de nuevas corrientes de opinión impulsadas por influencers y youtubers.
Los retos para una nueva disciplina del estudio de la opinión pública son enormes.
Los profesionales de las encuestas se enfrentan a un entorno siempre cambiante y juegan su prestigio cual "profetas" políticos. Un riesgo grande .
Aún mayor riesgo es la tendencia al voto en manada, es decir que aquellos que sienten que quieren subirse al podio de los ganadores, voten no en conciencia de la importancia del mismo, sino sujetos a lo que las encuestas muestren.
Contenido reelaborado por ACERCANDO NACIONES
Por Jorge E. Tuero
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