Casa Grande del Pueblo, recupera la identidad boliviana

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 Junto con miles de personas, el presidente Evo Morales y todo el Órgano Ejecutivo dejaron ayer el Palacio Quemado, símbolo del Estado colonial, e inauguraron la Casa Grande del Pueblo, que recupera la identidad boliviana que fue relegada en la etapa republicana.

Ante un auditorio repleto, Morales —que lució el mismo traje que utilizó el 22 de enero de 2006, cuando juró a la presidencia del país— justificó la construcción del nuevo edificio, cuyo objetivo es “acabar con el Estado inquilino” y recuperar la identidad de los pueblos ancestrales de Bolivia, de la cual carecía el Palacio Quemado.

“Después de tantos años, ahora los movimientos sociales indígenas construimos; recuperamos nuestra identidad para construir esta Casa Grande del Pueblo”, expresó Morales.

Durante su discurso, que fue precedido por una ceremonia ancestral para agradecer a la Madre Tierra, Morales hizo un repaso de la historia del Palacio Quemado, marcada por las peleas fruto de los intereses políticos, primero, entre los invasores y, después, entre quienes alentaron políticas del saqueo de Bolivia.

Así recordó que el Palacio Quemado tiene como antecedente que donde está ubicado se erigió en 1562 el denominado cabildo, que en realidad era una cárcel donde los líderes indígenas fueron encarcelados, como Bartolina Sisa, además torturada y posteriormente descuartizada en la plaza Murillo.

Refirió que en el Palacio Quemado, que fue inaugurado en 1853, fueron asesinados tres presidentes: Manuel Isidoro Belzu (1865) Agustín Morales (1872) y Gualberto Villarroel (1946).

Con ello, el Jefe de Estado concluyó que “ese Palacio de Gobierno no sólo fue el símbolo del poder político de Bolivia, sino también el símbolo del dolor y sangre con que estaban manchadas sus paredes y ladrillos”.

“Siento que nunca pensaban en Bolivia desde ese Palacio”, expresó el Presidente.

Basado en esos antecedentes, Morales defendió la Casa Grande del Pueblo como el símbolo del Estado Plurinacional de Bolivia, pues recupera las características de la arquitectura tiwanakota de solidez, sencillez, monumentalidad y simetría.

Además, en su interior se recuperan, en pinturas y tejidos, las culturas del oriente y del valle del país.

Refirió que el edificio, construido en 874 días, y el Teleférico se constituyen en un patrimonio de los paceños y bolivianos.

Anticipó que la nueva construcción será abierta a la población, pues se permitirá que se realicen las graduaciones de las promociones, que los recién casados la visiten, al igual que los jóvenes durante los fines de semana.

Después de afirmar que en cinco años se recuperarán los 35 millones de dólares que costó la nueva infraestructura, que además cobijará a los ministerios de la Presidencia, Comunicación, Culturas, Medio Ambiente y Agua, y de Energía, Morales dijo que su objetivo es continuar dotando de infraestructura a la administración estatal.

Pidió a la Alcaldía de La Paz que ayude en ese propósito e identifique un manzano para reunir a todas las dependencias del Ejecutivo.
“Tenemos que seguir pensando y planificando para una buena gestión para toda Bolivia”, dijo.

Luego del discurso del Jefe de Estado, el cardenal Toribio Ticona —definido por Morales como el “cardenal de los pobres”— realizó la bendición de la Casa Grande del Pueblo.

Durante su ceremonia pidió construir más “casas pequeñas del pueblo” en el resto del país y también convocó a hacer a un lado las “rencillas y egoísmos” para trabajar por el progreso y desarrollo que los bolivianos necesitan.

La noche se cerró con una velada cultural en la plaza Murillo, que fue abarrotada por centenares de personas que portaban la tricolor nacional y wiphalas.

“Se pone al Estado a la altura que se merece”

El histórico dirigente de la Central Obrera Boliviana (COB) Édgar ‘Huracán’ Ramírez afirmó que con la Casa Grande del Pueblo el Gobierno nacional pone al Estado Plurinacional de Bolivia a la altura que se merece.

“Con esta construcción, el Gobierno está poniendo al Estado Plurinacional de Bolivia a la altura que se merece, porque si no hubiese hecho esta obra este gobierno, este Estado, continuaríamos habitando aquello (Palacio de Gobierno) que tenemos que convertirlo en museo”, afirmó Ramírez.

El también integrante de la Comisión de la Verdad, que investiga el período de las dictaduras en el país, recordó que una de sus visitas al antiguo Palacio Quemado la hizo junto con Juan Lechín Oquendo, dirigente de la COB, en la gestión del presidente Hernán Siles Zuazo. En esa ocasión “faltaba que nos toquen las partes íntimas para entrar al Palacio”, contó.

Por ello, le agradeció de forma infinita al Jefe de Estado.

Indicó que la Casa Grande del Pueblo marca un momento trascendental en el país y rechazó las críticas en torno al nuevo edificio, que cobijará a cinco ministerios y centralizará la labor del Órgano Ejecutivo.

En tanto, el secretario general de la COB, Juan Carlos Huarachi, dijo: Con la nueva Casa Grande del Pueblo “dejamos de ser inquilinos” porque “tenemos nuestra propia casa, nuestra propia identidad”.

Señaló que con el cierre del Palacio Quemado se deja en el pasado las megacoaliciones y las dictaduras.

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