Política, Hombres, fútbol.. y otras reflexiones

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Parece que no hay forma de salir de la política o del mundial como temas periodísticos.

Por Juan Manuel López

Sin embargo, del mundial ya nos sacaron del campeonato, y por eso periodísticamente intentaré salir también por la puerta de atrás.

Entre tantas cosas que nos ha hecho ver este evento están casi desapercibidas las que ya consumimos a diario. Hace apenas veinticinco años era inconcebible Rusia como sede del evento más atractivo y costoso del mundo; apenas se imponía el Glasnost y la Perestroika, y nadie pensaba que acabaría la Unión Soviética dividida en una veintena de nuevos países y que Moscú se convertiría en el más próspero centro del capitalismo.

Quienes vivimos en la época de la Guerra Fría conocimos una geografía política en la que la ONU la formaban inicialmente 51 países, con la descolonización subió al orden de 100 y después con la desaparición de la Guerra Fría, la disolución de la URRS y la antigua Yugoslavia, son ya más de 200 los miembros de esa organización.

Por supuesto, y aunque parezca historia antigua para los millennials, el internet  apenas cumple bodas de plata y los smartphone ni siquiera eso.

Es vertiginoso el cambio en el mundo de la política y en el tecnológico.

En el simple campo demográfico parece olvidarse lo abominable que pareció en su momento la prohibición en China de tener más de un hijo y la discriminación en caso de que fuera niña. Sin embargo, esta medida permitió el crecimiento de su economía a tasas del 10 % anual, y que gracias a ello fue superior al crecimiento d la población mundial. Por lo demás, al mismo resultado están llegando los países más avanzados como Alemania, Suiza o los escandinavos donde es la inmigración la que genera el aumento poblacional. En cambio, la Democracia más grande del mundo -la India- entró ahora a similares tasas de cifras del PIB aumentando simultáneamente su población. En todo caso, sin la contribución de los dos gigantes poblacionales el ingreso per cápita promedio del mundo, estaría disminuyendo.

Pero el ver a los jugadores del mundial llenos de tatuajes me hizo pensar también en cuánto ha cambiado el ser humano.

La transformación más grande y de más impacto ha sido por supuesto la del control de la reproducción. Desde la aparición de la píldora pasamos a ser en la práctica una especie diferente: se concluyó que la preservación de la especie era ya una conquista lograda, y la función sexual dejó por una parte de cumplir el mismo objetivo que los animales y por otra dejó de pertenecer al ámbito de las religiones (por ahora principalmente en Occidente) y bajo el orden de los sacerdotes.

Con esto aparecen nuevas relaciones sociales e incluso modificaciones en la naturaleza humana. En Todas las llamadas ‘liberaciones de género’, feministas o de los LGBT, son en realidad más que luchas heroicas una evolución tanto del ser social como de las características de la nueva especie por vivir en un contorno completamente diferente. Se aplica el principio de que las necesidades crean o eliminan funciones u órganos…  El hombre  ya no necesita ser ‘machó’ ni la mujer ser ‘hembra’ porque ya no se dedican a cumplir esas funciones.

Ya no hay tal que emociona el ‘hombre de pelo en pecho’
ni son solo los varones los que las prefieren rubias

Ya no hay tal que emociona el ‘hombre de pelo en pecho’ ni son solo los varones los que las prefieren rubias. Existe la belleza andrógina, y, volviendo a los tatuajes, pareciera que cumpliera alguna función aún desconocida pues cada vez se generaliza más su uso en los iconos (deportivos, celebridades, farándula e icónos de la política) que marcan pautas para la humanidad.

Si el fútbol fuera premonitorio se puede recordar que David Beckham alcanzó a ser el precursor como figura pública de lo que entonces se llamó ‘metrosexual’, es decir la caracterización de la imagen sin género sexual, pero también de los tatuajes.

La pregunta es si el ser humano deberá seguir cambiando su naturaleza y eventualmente su presencia física e imagen al ritmo de los cambios de la sociedad, de la tecnología, y de la capacidad del planeta de asimilar el aumento de los cambios demográficos y económicos que lo están caracterizando.

Fuente Las2orillas.com

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