hablemos de corrupción… pero en serio

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En el contexto de la ONU y de la OEA, y de toda Organización Supranacional se define como corrupción el  uso indebido o abierto abuso de la función o cargo que se desempeña, en procura de bienes o ventajas para sí o para un tercero.

Por Jorge Tuero

 

 

Cabe tanto para acciones positivas (hacer) como, de manera relevante, para omisiones (no hacer), en ambos casos contra los deberes legales. La mayoría de estas conductas son dolosas (con conocimiento y voluntad de realizarlas); excepcionalmente son culposas (por violación al deber de cuidado).

Sin duda implican una ventaja patrimonial para los implicados en el acto de corrupción, pero simultáneamente implica una lesión patrimonial al bien público, es decir a lo patrimonial de la Sociedad toda

Tampoco puede perderse de vista que en el fenómeno de la corrupción existe una bipolaridad: corruptor y corrupto, siempre presente; ya se trate de relaciones entre estados, entre individuos particulares y funcionarios públicos.

No hay funcionario corrupto sin su contraparte que es un empresario o una organización delictiva que corrompe

En el primer caso son frecuentes los hechos de empresas transnacionales afincadas en países económicamente poderosos, que corrompen a funcionarios de países empobrecidos.

El segundo caso nos lleva a un tipo de relación frecuente, donde personas particulares, casi siempre empresarios con intereses en vender bienes o servicios, influyen indebidamente en funcionarios para violentar la ley y obtener ventajas.

Este último aspecto nos lleva a advertir cuán subdesarrollada está la teoría, la legislación y la jurisprudencia en materia de corrupción privada, pues todo apunta al juzgamiento y castigo del funcionario corrupto mas no del corruptor y esto es una de las lagunas de la Ley que en Argentina más beneficia a quienes aprovechan la venalidad en beneficio propio o de sus organizaciones.

Volviendo a las convenciones internacionales, en vista de que las definiciones genéricas que ensayan no cumplen con el requisito de la tipicidad estricta de la materia penal, optan por echar mano a la enumeración de listados, más o menos amplios, de figuras delictivas como el cohecho impropio, el cohecho propio, el soborno, la malversación, las apropiaciones indebidas, el peculado, el prevaricato, el abuso de poder.

Más recientemente se ha dado importancia, en el contexto de las relaciones internacionales, al lavado de dineros, al tráfico de influencias, las distintas figuras de  encubrimiento y de obstrucción de la justicia, entre otras.

Asimismo merece un capítulo aparte el mecanismo de la propia justicia que como parte de esa corrupción favorece culpables, retrasa juzgamientos o en casos extremos hasta oculta probatorias, actos que llevan al sobreseimiento técnico de culpables

De igual manera deben hacerse los esfuerzos necesarios para diagnosticar cuán avanzado está el crimen organizado (tráfico de sustancias prohibidas, tráfico de armas y personas, sicariato, etc.) y el grado de corrupción pública y privada en el país.

Está por conocerse a ciencia cierta si estamos ante hechos aislados que han sido y seguirán siendo atendidos, o por el contrario, si el ejercicio del poder público tiene ya vicios estructurales que requerirán algo más que respuestas meramente policiales o jurídicas. En este sentido, conviene escudriñar la relación entre formas de crimen organizado y la corrupción pública y privada.

Capitulo al rojo es la situación de connivencia entre el narcotráfico y ciertos estamentos de Seguridad

Según criterios expertos (Stier y Richards -1997) existen tres fases que nos permiten entender la evolución de las relaciones entre crimen organizado y Estado.

En la primera fase, denominada predatoria, los criminales buscan asentarse en territorios y controlar rutas mediante la eliminación de la competencia y de quienes resisten sus objetivos.

En la segunda fase, parasitaria, la organización criminal procura ganar influencia económica y política corrompiendo actores públicos y privados.

Cuanto de financiamiento de campañas de ciertos políticos viene de asociaciones espurias con el dinero del narcotráfico

Y por último, en la tercera fase, simbiótica, se define la interrelación entre criminalidad organizada y sistema político y económico, de manera que se nutren mutuamente.

Las manifestaciones políticas y pseudoinstitucionales de este proceso se encuentran en la construcción de estados paralelos, -primero gobiernos locales, luego nacionales-, hasta la aparición del “estado fallido”, sin capacidad alguna de controlar el crimen y, en el punto de degradación total, con la emergencia del “estado mafioso”, encarnado en organizaciones criminales que corrompen y dirigen las instituciones que debieran combatirlos

Hemos de insistir en que el fenómeno de la corrupción y su imbricación con el crimen organizado en todas sus modalidades, solo puede ser neutralizado por medio de una institucionalidad democrática fuerte, que pueda dar respuesta desde sus sistemas preventivo y represivo, mediante poderes públicos que efectivamente ejerzan pesos y contrapesos; así como cuerpos policiales íntegros y competentes, que faciliten la labor de fiscales y jueces probos y diligentes.

Por supuesto que en todo caso hace falta también una ciudadanía alerta y dispuesta a jugar un papel protagónico en la escogencia de sus representantes y en la vigilancia y defensa de sus intereses.

(Acercando Naciones deja aclarado a todo efecto, que no necesariamente comparte o sostiene las ideas y aseveraciones del autor, siendo estas vertidas por cuenta propia y bajo su entera responsabilidad)

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