Economía Moral

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Agnes Heller y las teorías de las necesidades humanas

La autora aborda la concepción filosófica y la alienación de las necesidades

En el capítulo II de Teoría de las necesidades en Marx (TNM, Península, 1978), Agnes Heller (AH) aborda la concepción filosófica de necesidad (N) y la alienación de las N. La N humana (NH) y el objeto de la N están correlacionados: “la N se refiere en todo momento a algún objeto material o a una actividad concreta”, dice AH. Los objetos ‘hacen existir’ las N y las N a los objetos. La N y su objeto son ‘momentos’, ‘lados’ de un mismo conjunto. Sin embargo, añade que si analizamos la dinámica social, la producción tiene primacía ya que es la que crea nuevas N (p.43). AH aclara, por un lado, que por “‘objeto’ de la N no hay que entender tan sólo objetualidad cosal” y, por otro lado, que el “objeto más elevado de la N humana es el otro hombre”. Esta visión lleva implícita una tipología de satisfactores similar a las de Lederer y de Kamenetsky (citadas por Doyal y Gough, A Theory of Human Need, McMillan, 1991; hay edición en español) integrada por objetos, actividades y relaciones. En este pasaje la autora se refiere a la objetivación humana y señala que Marx, más adelante, sin decir dónde, distinguirá entre objetivación y objetualización, pero no desarrolla esta distinción con claridad en lo que sigue, donde usa ambos términos.i A diferencia de los animales, cuyas N se dirigen siempre a objetos dados por la constitución biológica del animal, las NH, argumenta AH, hacen retroceder los límites naturales y se dirigen cada vez más a la objetualización: el hombre crea los objetos de su N y al mismo tiempo crea también los medios para satisfacerla. La génesis del hombre, remata AH, es en el fondo la génesis de las N (p.44). Acude a La ideología alemana y llega a conclusiones similares a las de Márkus: para satisfacer N, el hombre produce herramientas y la N de éstas es ya una N nueva, diferente a la animal. A la creación de N nuevas Marx le llama el primer hecho histórico (p.45).

La NH, continúa, se realiza en el proceso de objetualización; los objetos dirigen y regulan el desarrollo de las NH. Las N son explicitadas sobre todo en las objetivaciones y en el mundo objetualizado, y las actividades que se objetualizan crean nuevas N. Para Marx, dice, el concepto de N conlleva tanto el lado activo como el pasivo del hombre: capacidades (C) y pasiones; y las C implican N. Para Marx, la capacidad para la actividad concreta es por tanto una de las mayores NH. Así reafirma AH el carácter de todo unitario de las fuerzas esenciales humanas, N y C, en coincidencia con Márkus (Marxismo y Antropología, Grijalbo, 1973/1985).

AH busca precisar el concepto de N en Marx: “En general denominamos N solamente a la propiamente humana referida a objetivaciones2 y dirigida hacia ellas; en el animal se trata de instinto, drive (Bedarf).” Introduce la importante distinción entre la actitud hacia los objetos (guiada por las N) y el objeto particular del drive (guiado por los deseos, pasiones, nostalgias), haciendo notar que en el animal no es posible, pero sí en el ser humano, distinguir entre N y deseo. Distingue “la N como exigencia, ‘creada’ por las ‘objetualizaciones’, dirigida a clases de objetos cualitativamente distintas y el deseo individual orientado por esas N hacia determinaciones concretas de tales objetos”. Es decir: los deseos van dirigidos a objetos individuales concretos, mientras las N están dirigidas a clases de los mismos, generalización que AH atribuye a Marx sin probarlo. Marx distingue también, narra, entre apetitos universales y apetitos específicos de la sociedad burguesa, y sostiene que los segundos serán despojados de sus condiciones de vida en la sociedad comunista, mientras los primeros serán sólo modificados en cuanto a su forma y orientación, alcanzando su desarrollo y satisfacción normales (limitados sólo “por las propias N”). Heller añade aquí que, para Marx, la sociedad comunista elimina la distinción entre N y deseos:

“Si el hombre es rico en N, si sólo otras N ponen límite a la satisfacción de sus propias N, entonces los deseos van dirigidos en un sentido ‘normal’, no están fijados exclusivamente a un único objeto y, en consecuencia, pueden ser satisfechos normalmente”. (p.47).

AH critica a Marx por dar por supuesto que en la sociedad de los productores asociados los seres humanos tendrán otra estructura síquica, y por no abordar el asunto de la temporalidad del cambio de mentalidad. Considera que la superación de la alienación es un proceso más largo y complicado de lo que Marx creía. Pero además AH pone en duda la posibilidad, que atribuye a Marx, de que pueda existir una sociedad (y una psique humana) en la que sea posible eliminar cualquier contraste entre deseos y N (p.48). AH nunca logra mostrar dos fuertes tesis que Atribuye a Marx: que distinga entre deseos y N, y que sostenga que en el comunismo esta distinción será eliminada. AH parece no captar la importancia de la profunda visión de Marx sobre las N como límite al desarrollo y satisfacción de las N. La discusión sobre la sociedad de consumo de masas ha supuesto siempre la expansión ilimitada de las ‘NH’. Heller ve con claridad que esto sólo es posible respecto a las N alienadas que se han reducido a la de tener. Las N cualitativas, en cambio, no son ilimitadas. La capacidad humana de desarrollar (y satisfacer) N es limitada porque el tiempo y la energía humana son limitadas. Por tanto, el desarrollo de unas N limita el de otras.

Para AH el problema de la alienación de las N constituye el núcleo del análisis filosófico de las N en Marx, y también aquí sirve como criterio valorativo el hombre rico en N, por lo cual la alienación de las N equivale a la alienación de esa riqueza. Según AH el hombre rico en N es una construcción filosófica que no se remite a hechos empíricos, pues no habría habido nunca una sociedad en la que los miembros de una clase estuviesen caracterizados por la riqueza de N (pp. 48-49). Sin embargo, añade y se contradice, que el hombre rico en N constituye sólo en parte una construcción filosófica pura, pues Marx pretende basarla en hechos empíricos particularmente significativos sirviéndose del “concepto de ‘esencia humana’” (p.50)3. Llega, igual que Márkus, a la conclusión de que en las sociedades divididas en clases, mientras que el individuo permanece pobre (en el sentido más amplio de la palabra), se produce un enriquecimiento paralelo del género, de la especie. Pero se me ha acabado el espacio y todavía AH tiene mucho que decir sobre la alienación de las N.

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