China estabiliza su economía gracias a los estímulos

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China ha logrado estabilizar el ritmo de su crecimiento económico. Su PIB aumentó un 6,7% entre los meses de julio a septiembre, una tasa equivalente a la que registró en los dos primeros trimestres del año, impulsado por la inversión pública, que creció un 21,1%, y el auge del sector inmobiliario, que aumentó un 5,8%. Un dato que se ajusta al objetivo que se marcó
el Gobierno para este año, pero que despierta suspicacias entre los analistas, que consideran que Pekín enmascara así la necesidad de acometer las reestructuraciones que precisa su economía.

“El rendimiento general fue mejor de lo esperado”, comentó ayer el portavoz de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), Sheng Laiyun, en una rueda de prensa en Pekín en la que presentó los datos sobre la marcha de la economía china entre julio y septiembre. Unas cifras que ponen
de relieve que el PIB creció un 6,7% hasta septiembre, lo que se ajusta casi matemáticamente al objetivo previsto para este del año, que Pekín ha fijado entre
el 6,5% y el 7%.

Los datos publicados ayer por la ONE ponen de manifiesto que la economía china mantiene su velocidad de crucero impulsada por un aumento de la inversión pública, que creció un 21,1%, apoyado en el gasto en infra­estructuras, que ha aumentado un 19,4% en lo que va de año,
y un sector inmobiliario al alza, que se expandió un 5,8%. Un apogeo que se apoya en un abaratamiento del crédito que ha disparado los precios del mercado inmobiliario y ha impulsado a numerosos expertos a alertar del peligro de una burbuja en este sector. Según la ONE, las ventas de viviendas han crecido un 43,2% en el mes de septiembre y los locales comerciales un 41,3%. Y las hipotecas han crecido un 60% en el tercer trimestre, frente al 47% en el segundo y un 23% en el primero.

Las ventas del comercio minorista, por su parte, también repuntaron en septiembre hasta el 10,7%, una ligera mejoría respecto a agosto, pero que indica el recelo de los consumidores chinos ante un incierto horizonte económico. Un panorama que registra una ralentización de la producción industrial, que se situó en el 6,1% en septiembre, ante el 6,3% de agosto, y una caída del 10% de las exportaciones.

Un panorama que sugiere que el Gobierno chino ha apostado por el camino fácil de sostener la economía a corto plazo, con medidas acomodaticias, y aplazar las reformas estructurales. “En el tercer trimestre, el gasto fiscal fue de nuevo la herramienta más fiable para resistir la tendencia a la baja del crecimiento del PIB. Esto significa que han bombeado el crecimiento con política monetaria y fiscal”, señaló en una nota Alicia García-Herrero, economista jefe de Asia-Pacífico del banco de inversión Natixis.

Una situación que sugiere que los dirigentes chinos optan por postergar el momento de abordar las reformas en profundidad para acabar con el enorme problema de exceso de capacidad y el alto endeudamiento de su sector público. Un aplazamiento que lastra la recuperación de la economía del gigante asiático.

Fuente La vanguardia

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