La economía y la cultura

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Una de las víctimas inocentes de los problemas financieros que vive el mundo, por los malos manejos de quienes se supone que sabían y resultaron no sabiendo mucho más de lo que sabemos los ciudadanos del montón, ha sido la cultura. En efecto, las fuentes de financiación de la cultura se han ido secando poco a poco, ya que a quien primero sacrifican los presupuestos públicos de los diferentes países cuando hay problemas son las cuestiones culturales, y los mecenas privados tienen mucho problema propio como para poderse permitir subvencionar los eventos de la cultura.

Eso se ve desde el hecho de que las temporadas de teatro en los grandes centros del mundo están sufriendo por falta de inversores. Eso trae como consecuencia indirecta que sólo se buscan obras que puedan ser populares sin importar su calidad. Además, el público simplemente no tiene dinero para asistir a esos espectáculos. Lo mismo sucede en el cine, donde prácticamente sólo se pueden hacer cintas que tengan su éxito más o menos garantizado, lo cual en el fondo implica irse por lo menos ambicioso. Igualmente están las limitaciones que están teniendo en todas partes instituciones culturales como orquestas, casas de ópera y museos, que normalmente dependen en mucho para su funcionamiento del erario.

Ha habido voces que dicen que la cultura se tiene que financiar ella sola, pero lo cierto es que aún esta posibilidad ha llegado al límite. Los grandes museos del mundo (con la honrosa excepción de la Galería Nacional de Londres, que sigue siendo gratuita) están cobrando cifras gigantes por la entrada, cuando en otros tiempos esa entrada era gratuita. En las casas de ópera los precios de 150 euros (que representan medio millón de devaluados pesos) por boleta son ya normales, y ellas ven que con la presente situación económica la asistencia de público ha disminuido notablemente, lo cual implica que no se puede aumentar el valor cobrado.

Lo cual nos trae a los casos locales, que siempre han sufrido por presupuesto insuficiente y en los que muchos muestran preocupación por lo que pasará este año. Lo malo es que casi nunca los presupuestos que dan alcanzan y, de hecho, en muchas entidades a duras penas tienen para pagar los gastos de cada día.

Como los mecenas privados se están acabando, por muchas razones, entre ellas la falta de estímulos tributarios que sí existen en otras partes, uno debe ver con preocupación las consecuencias de las crisis financieras y esperar que no suceda que, como de costumbre, la cultura sea la primera sacrificada.

Fuente El espectador

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