Casi medio millón de turistas visitan cada año el Consejo Regional Binyamin, que agrupa 42 colonias israelíes

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Estos asentamientos se encuentran cerca de Jerusalén, en una zona de colinas de Cisjordania, territorio palestino ocupado por Israel desde 1967.

En los últimos años, los colonos de algunos de los asentamientos más pequeños se han inclinado por desarrollar la industria del turismo, centrándose en la tranquilidad que se respira en las colinas y la belleza del paisaje que divisa desde ellas.

“En Judea y Samaria (nombres bíblicos del territorio que comprende Cisjordania) se produjeron el 80 por ciento de los acontecimientos bíblicos y unos 400 lugares vinculados a estos hechos se encuentran en el Consejo Regional de Binyamin”, explicó Miri Maoz-Ovadia, coordinadora de temas internacionales del citado consejo, en declaraciones a Sputnik Nóvosti.

“En Binyamin tenemos ya más de 200 establecimientos de Bed & Breakfast, así como albergues para jóvenes y un camping muy glamuroso donde hay baños y duchas y todo es ecológico”, dijo Maoz-Ovadia.

Los colonos le están dando un gran impulso al turismo en tierras palestinas que pasaron a ser estatales tras su confiscación por parte de las autoridades israelíes bajo el pretexto de que no estaban cultivadas, siguiendo una ley de tiempos del Imperio Otomano.

El ministerio de Turismo israelí incluye a Cisjordania, a Jerusalén este y a los Altos del Golán en el mapa de Israel, no hay distinción, a pesar de que los dos primeros territorios pertenecen a los palestinos, según la ley internacional. Y el Golán, a los sirios, aunque se lo anexionó Israel, así como Jerusalén este.

El Gobierno israelí gestiona y explota numerosos yacimientos arqueológicos y lugares de interés histórico situados en territorio palestino, lo que supone una inversión, pero también una fuente de ingresos para Israel en detrimento de los palestinos, que reclaman su soberanía en sus territorios y crear un Estado en ellos.

La mayoría de los turistas que se alojan en colonias en territorio ocupado son israelíes, pero en los últimos años se ha producido un aumento de los visitantes extranjeros.

Algunos saben perfectamente que los asentamientos son ilegales según la ley internacional, pero se alojan expresamente en colonias “para mostrar su apoyo a Israel”, señala Igal Canaan, que regenta un pequeño hotel llamado Nof Canaan, en el asentamiento de Nofei Prat, desde el 2009.

Otros turistas de diferentes partes del mundo, en cambio, no saben muy bien dónde van a parar. Eligen su alojamiento por internet, en páginas web especializadas.

No es extraño que opten por hospedarse en casas como Nof Canaan, que cuenta con unas vistas inmejorables sobre el Valle de Wadi Qelt, al que mira una pequeña piscina, y tiene habitaciones de alta calidad para alojar hasta a ocho adultos y cinco niños.

Internet es una de las principales vías por las que Canaan recibe solicitudes de alojamiento. La popular página web Airbnb ha sido objeto de polémica en las últimas semanas porque en ella se anuncian establecimientos que están en territorio palestino ocupado, como Nof Canaan, donde la habitación doble cuesta entre 260 y 500 séqueles (entre 60 y 116 euros) por noche.

“La mayoría de los turistas que tenemos son israelíes, pero también vienen extranjeros, muchos cristianos, algunos de Corea del Sur, Nigeria o americanos y alemanes, por ejemplo, que han venido para apoyar a Israel”, indicó Canaan.

Algunos buscan un alojamiento más barato que los de Jerusalén y lo encuentran en estas colonias, situadas a unos 30-40 minutos de la ciudad.

“También están cerca de las playas del Mar Muerto, hay rutas de senderismo y vinerías”, apuntó Maoz-Ovadia.

“La última controversia por Airbnb ha sido positiva para las comunidades judías de esta zona donde hay alojamientos y desde el Consejo Regional de Binyamin las hemos animado a apuntarse”, comentó Maoz-Ovadia.

Una de las que dice haber resultado beneficiada con la polémica es Maanit Ravinovich, de 34 años y madre de cuatro hijos, que tiene dos pintorescas casitas para alquilar a huéspedes en la colonia de Kida.

Este asentamiento es uno de los que se levantó en suelo declarado estatal, pero que aún no es completamente legal, aunque Ravinovich paga sus impuestos y tiene todos los permisos necesarios para su negocio.

Además es famosa por servir copiosos y sabrosos desayunos a precios muy asequibles para acabar de “hacer agradable a los huéspedes una estancia tranquila y pacífica”, dijo.

Ravinovich, que vive en Kida desde hace 13 años, se enteró de la existencia de Airbnb gracias a la controversia y eso la llevó a anunciarse en esta página.

Ofrece las casitas por 96 euros la noche y sus huéspedes tienen la oportunidad de participar en un taller de artesanía con cristal, ya que ella es artista.

Ni Ravinovich, ni Canaan consideran que sus establecimientos estén en territorio ocupado ni creen que le roban los recursos a nadie. “Esto es Israel”, afirma Ravinovich.

A pesar de que, según el Consejo Regional Binyamin, la última ola de violencia ha hecho disminuir el turismo en la zona, Ravinovich y Canaan aseguran que las comunidades donde viven son tranquilas y nunca se han sentido amenazados ni han vivido episodios violentos.

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