Sol y aguardiente

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Una visita a pequeños productores de la bebida emblemática de Brasil por las sierras de Ceará, en el interior del nordeste brasileño. Hay cachaça para todos los gustos, pero siempre siguiendo la tradición rigurosamente artesanal.

La cachaça es cosa seria en Brasil. Mucho más que un simple aguardiente, es como una marca registrada, un trago nacional con el que se hace otra marca registrada: la inefable caipirinha, parte del folklore brasileño. No hay otro lugar en el mundo donde se produzca este aguardiente derivado de la caña de azúcar, o “pinga”, como le dicen por aquí.

Hay cachaças de todo tipo y precio, para todos los gustos. Las hay color plata y doradas, artesanales, industriales, envejecidas en toneles de roble o en acero inoxidable. Hay –como en el vino, la cerveza y también en el té y el café– catadores de cachaça.

El sitio que más alambiques tiene es el estado de Minas Gerais (más de 7000), seguido por el interior del estado de San Pablo. Pero el noreste brasileño, aun con sus sequías históricas, también tiene lo suyo.

A visit to small producers of the iconic drink of Brazil through the mountains of Ceará, into the Northeast. There cachaça for everyone , but always strictly following the artisan tradition.

Cachaça is serious in Brazil. Much more than just a spirit , it is like a trademark, a national drink with another trademark which is : the ineffable caipirinha , the Brazilian folklore. No other place in the world where this spirit derived from sugar cane or ” pinga ” occurs, as they say around here.

There cachaças price of all kinds and for all tastes. Some are silver and gold , craft, industrial , aged in oak barrels or stainless steel. There , as in wine , beer, and also in tea and coffee – tasters cachaça.

The site has more stills is the state of Minas Gerais ( over 7000 ), followed by the interior of Sao Paulo state . But the Brazilian Northeast, even with its historic droughts , also holds its own.

In Viçosa , a small town in the mountains of Ibiapaba – in the valley of Lambedouro , state of Ceará, about two hours from the famous beach of Jericoacoara , a group of small producers partnered to create a label that would identify and stand out and artisanal processors Brazilian national drink .

En Viçosa, una pequeña ciudad de la sierra de Ibiapaba –en el valle de Lambedouro, estado de Ceará, a unas dos horas de la famosa playa de Jericoacoara– un grupo de pequeños productores se asoció para crear un sello que los identificara y los destacara como elaboradores artesanales del trago nacional brasileño.

CON HISTORIA Y NATURALEZA Viçosa, situada a 700 metros de altura y lejos del mar, es una ciudad-pueblo agradable, donde el calor del noreste brasileño amaina un poco, con días y noches frescas. No es un sitio eminentemente “turístico”, ni es usual ver un forastero en esta serranía. Sin embargo, Viçosa tiene algunas atracciones que vale la pena visitar antes de sumergirse de lleno en la historia de sus toneles de cachaça.

En el pequeño casco histórico, frente a la plaza principal, está la Iglesia Matriz, fundada por un padre jesuita y construida con la colaboración de los indígenas de la región. Erigida entre los siglos XVII y XVIII, se trata de uno de los primeros templos católicos del estado de Ceará. A su alrededor hay caserones del siglo XIX que son Patrimonio Nacional, como la casa de la familia Pinho, que según dicen tiene unas 185 puertas y ventanas. A una cuadra está el recientemente remodelado Teatro Pedro II, con una fachada impecable, orgullo viçosense.

La Igreja do Céu (Iglesia del Cielo) es un bonito santuario construido en 1938 en lo alto de una colina, a 900 metros de altura, a la que se accede por una escalinata de 364 peldaños jalonados por quince estaciones del Via Crucis. También se puede llegar en auto por una calle asfaltada. Desde aquí se ven la ciudad, el valle y más allá. El santuario tiene un Cristo Redentor en el frente construido en 1939 por el italiano Agostino Odisio Baomés.

Viçosa reúne entonces un poco de historia y naturaleza, con varias cascadas y grutas en los alrededores, y sobre todo un flamante y pujante entusiasmo por reflotar la industria de la cachaça artesanal.

SELLO DE CALIDAD Jorge Nogueira es el presidente de la Asociación de Productores de Cachaça de Alambique del Estado do Ceará (Apcac), que cuenta con unos treinta productores en la región del Valle de Lambedouro, muchos de ellos familias que van por la tercera o cuarta generación de productores. Nogueira explica que a través de la asociación pudieron conseguir financiamientos y, sobre todo, patentar el nombre de “Cachaça do Viçosa”, que además lleva el sello distintivo de “Agricultura 100% familiar”.

Nogueira es un entusiasta que sabe mucho, habla rapidísimo en un portugués de fuerte acento nordestino. “Hace unos treinta años, las grandes fábricas crecieron muy por encima de los pequeños productores. De alguna manera los aplastaron, y muchos terminaron abandonando. Hace siete años, la Secretaría de Agricultura de Ceará nos incentivó a trabajar para que volvamos a la cultura de la caña y así mejorarla. Se hicieron capacitaciones en Minas Gerais y San Pablo. La idea es hacer una estructura para mejorar y generar empleo. Y está mejorando”, explica el hombre en el camino a las fincas de algunos productores, que vienen trabajando para darle un nuevo impulso a la cachaça de estas tierras.

En la producción artesanal de calidad, dice Nogueira, el producto queda de uno a dos años “descansando” en toneles de madera para adquirir un aroma y sabor característicos. Así demora un poco más en llegar al mercado, pero se asegura la calidad. “En la cachaça de calidad sólo se utiliza una pequeña parte para la destilación, y tiene que ser envejecida en madera por algunos años. La cachaça ‘bruta’, a pesar de tener menor valor comercial, aprovecha todas las partes de la destilación y puede ser comercializada en corto plazo.”

La cachaça de Viçosa es vendida en puntos turísticos estratégicos como la Igreja do Céu, y también en los ingenios y eventos como el Festival de Música de Viçosa, que se organiza en julio.

POR LOS ALAMBIQUES “Acá no tenemos máquinas, todo es manual, artesanal”, dice doña Rosa en su finca en las afueras de la ciudad, donde elaboran la cachaça Rainha do Lambedouro. “Mis padres producían antes de que yo naciera y aprendí todo de ellos”, cuenta mientras sirve un café con torta de naranja, para luego ir a recorrer su finca. Dice que producen alrededor de 5000 litros anuales, dependiendo siempre de la cosecha. Cuando hay sequías, como en los últimos años, baja la producción. “Al principio hacíamos rapadoura (azúcar), luego vino la cachaça. Antes no había energía eléctrica y era todo empujado por bueyes, era todo más rústico”, recuerda esta mujer que nació en este mismo lugar hace 77 años. Antes de despedirnos, invita un trago de su Rainha do Lambedouro.

El bisabuelo de Jorge Nogueira, Anton Bertol de Nogueira, fue uno de los pioneros. Comenzó a procesar caña para hacer cachaça en 1892. “La cachaça artesanal creció mucho, luego de caer por la industrialización y el no acompañamiento de la agricultura”, señala Nogueira ahora, mientras andamos por las rutas de estas sierras tupidas, camino a su hogar, donde funciona su alambique.

“Después de mi abuelo pasó para mi papá, luego a otros parientes, hasta que en 2007 mi mujer comenzó a ocuparse, intentando modificar el trabajo junto con los demás productores. Nuestra meta es la del nordestino preguiçoso (vago): trabajar poco, producir mucho y ¡ganar más! –dice medio en serio medio en broma, y larga una risotada. Por ahora estamos haciendo lo contrario: trabajando mucho, produciendo poco y ganando mucho menos.”

Como están impulsando el turismo rural, la idea es poder comercializar en las posadas y hoteles de la región. Una vez en su hogar, Jorge enseña un antiguo destilador, los toneles clásicos de madera y los modernos de aluminio y acero inoxidable, mientras resume el proceso para que la caña se transforme en el aguardiente nacional. Explica que muelen la caña aquí mismo, que fermenta entre 24 y 48 horas, y que se almacena por tiempo indeterminado. “Se ‘adormece’ aquí un año o dos. No trabajamos con roble, porque hay que traerlo de otro estado”, dice ahora, en medio del salón donde tienen algunos pequeños toneles para degustar.

“Mi abuelo ya fabricaba cachaça, sólo que su alambique era en el sertao (desierto). Luego vino para la sierra, donde comenzó a elaborarla en el ’89. Mi padre ayudaba a mi abuelo y así aprendió”, cuenta Alexandre, de la familia Mapurunga, elaboradores de la marca Mapirunga, “una variación del nombre de la familia”. En Mapirunga fabrican unos 15.000 litros y muelen el 50 por ciento de la caña; el resto la compran de otros canaviales de la región, explica Alexandre en un recorrido por el alambique familiar.

Vamos ahora a lo de Francisco Cardoso, conocido como Chico Bie, uno de los productores históricos, donde elaboran la marca Malandrinha. “Comencé a plantar caña en el ’51, haciendo rapadura. Con la cachaçca empecé en el ’80. Ya era una tradición de mi bisabuelo, nunca dejé de plantar caña”, dice este hombre de 65 años, nacido en el estado de Piauí, mientras paseamos por sus campos.

Chico dice que su meta es sobrevivir con la producción de cachaça de calidad, aunque produzcan una variación “bruta” para pagar las cuentas. “Nuestra cachaça pasa más de un año en toneles de madera para darle un aroma y sabor característico”, asegura y confiesa: “No me gusta beber pinga, me gusta hacerla”.

Página 12HISTORY AND NATURE WITH Viçosa , 700 meters high and far from the sea , is a people – friendly city where northeastern Brazilian heat dies down a bit , with days and cool nights . It is an eminently ” tourist ” site , nor is it unusual to see a stranger in these mountains . However, Viçosa has some attractions worth visiting before being immersed in the history of their barrels cachaça.

In the small old town , opposite the main square, is the , founded by a Jesuit priest and built in collaboration with the indigenous people of the region matrix Church. Built between the seventeenth and eighteenth centuries , it is one of the first Catholic churches in the state of Ceará. It is surrounded by houses of the nineteenth century are National Heritage , as the home of the Pinho family , which they say has about 185 doors and windows. A block is the newly refurbished Teatro Pedro II , with an impeccable facade viçosense pride.

The Igreja do Céu ( Church of Heaven ) is a beautiful sanctuary built in 1938 on top of a hill , 900 meters high , which is accessed by a staircase of 364 steps , punctuated by fifteen Stations of the Cross . It can also be reached by car along a paved road . From here the city, the valley and beyond are . The sanctuary has a Redeemer Christ on the front built in 1939 by the Italian Agostino Odisio Baomés .

Viçosa then gather a bit of history and nature , with several waterfalls and caves in the vicinity, and especially a strong brand and revive enthusiasm for the artisanal cachaça industry .

QUALITY SEAL Jorge Nogueira is the president of the Association of Producers of Cachaça alembic Estado do Ceará ( APCAC ) , with about thirty producers in Lambedouro Valley region , many families are on the third or fourth generation producer . Nogueira explains that through the association could get financing and especially patent the name ” Cachaça do Viçosa ,” which also bears the hallmark of “Agriculture 100% family .”

Nogueira is a fan who knows a lot , very fast in a Portuguese -speaking northeastern accent strong . ” Thirty years ago , the large factories grew well above smallholders. Somehow crushed , and many ended up leaving . Seven years ago, the Ministry of Agriculture of Ceará encouraged us to work to return to the culture of the cane and thus better . Training in Minas Gerais and Sao Paulo were made . The idea is to make a structure to improve and create jobs. And is improving , “says the man on the way to the farms of some producers who are working to give a new impetus to the land of cachaça .

In craft production quality , says Nogueira, the product is one to two years, ” resting ” in wooden casks to acquire a characteristic aroma and flavor . This takes a little longer to get to market, but the quality is assured. ” The quality cachaça only a small part is used for distillation , and must be aged in wood for a few years . Cachaça ‘ gross ‘ , despite having less commercial value , fail all parts of the distillation and may be sold in the short term. “

Cachaça of Viçosa is sold at strategic tourist spots such as the Igreja do Céu , and in the mills and events like the Festival of Music in Viçosa , organized in July.

FOR STILLS “Here we have no machines , everything is manual craft ,” says Dona Rosa on his farm on the outskirts of the city, where they produce cachaça Rainha do Lambedouro . “My parents produced before I was born and learned all of them,” has served as a coffee cake with orange , then go to tour his farm. Said to produce around 5000 liters per year, always depending on the crop . When drought , as in recent years , low production . “At first we did rapadoura (sugar), then came the cachaça. Before there was no electricity and it was all pulled by oxen, was it more rustic , “recalls the woman who was born in this place 77 years ago . Before leaving , he invites a sip of his Rainha do Lambedouro .

Jorge Nogueira ‘s great-grandfather , Anton Bertolt Nogueira was one of the pioneers. Began processing sugarcane to make cachaça in 1892. ” Artisanal cachaça grew much after falling by industrialization and not support agriculture ,” said Nogueira now , as we walk along the routes of these bushy hills , road home where its still works.

“After my grandfather happened to my father, then other relatives , until in 2007 my wife started to deal with , trying to modify work with other producers. Our goal is the northeastern preguiçoso (lazy ) : work little , produce much andearn more ! Half – seriously says half-jokingly , and long a laugh. For now we are doing the opposite : working hard , producing little and making a lot less. “

As accommodations are driving , the idea is to market in the inns and hotels in the region. Once home, Jorge teaches an old distiller, classic wooden barrels and modern aluminum and stainless steel, while summarizes the process for sugarcane to become the national spirit . Explain grinding cane right here fermenting between 24 and 48 hours , and stored indefinitely. ” It ‘ numbs ‘ here a year or two . We do not work with oak, because you have to bring in another state , “he says now , in the middle of the room where they have some small barrels to taste .

“My grandfather was already making cachaça , only his was still in the backlands ( desert). Then came to the mountains, where he began to work it in ’89 . My father helped my grandfather and learned , “says Alexandre , the Mapurunga family processors Mapirunga brand , ” a variation of the name of the family. ” In Mapirunga manufactured 15,000 liter ground 50 percent of the cane ; the rest is bought from other canaviales region , explains Alexandre on a tour of the family still.

Come now to Francisco Cardoso , known as Chico Bie , one of the historic producers, which made ​​the brand Malandrinha . “I started planting cane in ’51 , making rapadura . With cachaçca I started in ’80 . It was a tradition of my grandfather , I never stopped to plant cane , “says this 65 year old man , born in the state of Piauí, as we stroll through the fields.

Chico says his goal is to survive with quality cachaça production , but produce a ” gross ” change to pay the bills . “Our cachaça spends over a year in wooden barrels to give it a distinctive flavor and aroma ,” says and confesses : ” I do not like drinking pinga , I like to do it.”

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