Pueblo de la vida nueva

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Un paseo veraniego por Villa La Angostura, el “jardín de la Patagonia”, donde el sueño de cambiar el estilo de vida se cristaliza en emprendimientos turísticos. Artesanías, gastronomía, excursiones guiadas a caballo y mucho paisaje, de la mano de viejos y nuevos residentes.

Por Guido Piotrkowski

El Tero Bogani parece un baqueano nacido y criado al pie de la cordillera, en medio de estas montañas inmensas del sur de Neuquén. Pero bajo ese sombrero de ala ancha y las botas de montar, detrás de ese paso cansino que arrastra quien se baja del caballo y de esa tonada indefinida, hay un tipo que se crió en Buenos Aires.

A summer stroll in Villa La Angostura , the “garden of Patagonia” , where the dream of the lifestyle change is crystallized tourist developments. Crafts , food , guided riding and scenery , from the hand of old and new residents excursions.

By Guido Piotrkowski

The Tero Bogani seems baqueano born and raised at the foot of the mountains, in the midst of these huge mountains of southern Neuquén. But under that wide brimmed hat and riding boots , trudging behind that who are dragging down the horse and indefinite that tune, there’s a guy who grew up in Buenos Aires. Sin embargo el Tero lleva más de veinte años por estos lares; sus hijos nacieron al abrigo de estos cerros milenarios y él se mimetizó con el paisaje. El Tero es un baqueano más, y como todo buen baqueano conoce como pocos los senderos de estas montañas. Antiguamente los pobladores de Villa La Angostura y su región eran ganaderos que venían, en su mayoría, del lado chileno.

Había porciones de tierra generosas para sus animales y la Argentina necesitaba habitar la región: así se fueron formando pequeñas comunidades, familias que ya van por la tercera o cuarta generación. Pero en las últimas dos décadas este pueblo rodeado de lagos azules y picos nevados se transformó en un imán para aquellos que, hastiados de la ciudad, se decidieron por un cambio de vida. El crecimiento del turismo atrajo entonces a pequeños emprendedores, artesanos, guías de turismo, hoteleros, gastronómicos, en busca de un nuevo destino. “Calidad de vida”, que le dicen. Y en este enclave patagónico, que cambia de colores con cada estación, parecen haber encontrado su lugar en el mundo.

EL BAQUEANO Es una hermosa y soleada tarde de diciembre, vengo llegando de Bariloche, a setenta kilómetros nomás. Pasé a almorzar por Los Viejos Tiempos y la comida estaba tan buena que, creo, comí de más. Y ahora, mientras me balanceo arriba del caballo, lo lamento. El plan es ir hasta el Mirador Belvedere. “¿Querés ir hasta el Filo? –pregunta el Tero–. Es un poco más arriba, son unas tres horas de ida y vuelta, pero tenés una vista espectacular.” Claro que sí. Vamos al paso bordeando el arroyo Las Piedritas, hasta encontrar un vado para cruzarlo. Andamos a la sombra de los ñires, atravesamos un bosquecito de cipreses y coihues, hasta el bosque donde están los nothofagus que crecen más alto: las lengas. Se escucha el susurro de una caída de agua. Al otro lado de un precipicio que mete miedo, el Tero señala la cascada Inacayal. Foto. Cruzamos a la cara noroeste del cerro y llegamos al Filo, donde la vista –a pesar de una brumita que se entrevera con el sol radiante– es grandiosa. Se ven el lago Correntoso y el Nahuel Huapi, azulísimos, la frontera con Chile y más allá. Desensillamos, mateamos y comemos medialunas, los caballos pastan. Estiramos las patas, ellos también. Desandamos camino por otro sendero, y volvemos a la Villa.

LA ARTISTA Sonia Villalba, más conocida como Sonia Haus, tiene su local y taller, Blumenhaus, en el casco histórico de la Villa, frente a la casa del guardaparques y al puerto donde amarran los barcos que zarpan a la península de Quetrihué para visitar el magnífico bosque de arrayanes, uno de los pocos que existen en todo el mundo. Este es uno de los rincones más lindos y tranquilos de la Villa. “Soy artista, sobre todo”, dice Sonia no bien abre la boca, y sonríe. Está dándole unos últimos toques de pincel a un plato de cerámica recién salido del horno. Sonia tampoco es de aquí, vino desde la Capital, pero “ahora soy neuquina”, aclara, también de entrada, como para que no queden dudas. Diseñadora gráfica, tuvo su estudio en el centro de la ciudad. “La jungla no es para mí, me vine a vivir a la naturaleza. Ganaba bien, estaba muy bien, pero uno tiene que decidir si sólo quiere bienestar económico o en el alma. Así que acá estoy”, dice sonriendo, siempre sonriendo. Entre todas las velas, cerámicas y cuadros de mil colores que abarrotan el local en una suerte de perfecta armonía, colgado de una columna destaca un cuadrito. Es una caricatura de Sonia, en lápiz y a mano alzada, firmada por Fontanarrosa. Es el recuerdo de un taller que hizo en la facultad con el maestro del humor gráfico, y que Sonia conserva con orgullo indisimulable.

EL ARTESANO Se puede decir que Américo Bezenzette tuvo su “momento” de fama cuando una de sus fajas pampa llegó a manos del papa Francisco. Américo no tiene pinta de ser muy creyente, pero igual se lo ve orgulloso porque aquella prenda que tejió con sus propias manos llegó a manos del pontífice. Sí, Américo tampoco es de acá, Américo es de allá, de Banfield, provincia de Buenos Aires. Y se mudó a la Villa en 2002, con su mujer y dos hijas. Ahora ceba mate en el altillo de su casa de un barrio alejado y tranquilo. Y además de hacer fajas pampa, es corredor aficionado, como lo atestiguan las fotos pegadas en la pared de madera. El hombre muestra sus trabajos y fotos de sus trabajos, mientras explica que reunió varias técnicas para trabajar en un solo telar a pedal. “Este era, originalmente, un arte de los mapuches de la zona de Chile. En las avanzadas de 1770, en la provincia de Buenos Aires, llevaron la técnica a otras comunidades de la región bonaerense y de Neuquén. Después quedó como un arte muy particular en la zona del sur, Rauch, Los Toldos.”

Américo habla lento y pausado, se sienta al telar y enseña cómo funciona, mientras recuerda que lo descubrió en un viaje a Salta, de joven, en busca de instrumentos andinos. “Fui al mercado artesanal y vi unos telares. Ahí me conecté con el tema. Hice el primer telar en Buenos Aires y empecé a viajar por el norte y a dar clases: cuando estaba enseñando conocí la técnica pampa.” Después tuvo otro golpe de suerte, que no es sólo suerte, porque su trabajo es realmente bueno. Durante dos años, estuvo haciendo fajas a pedido del sultán de Brunei, un exotismo que le permitió vivir holgado durante un tiempo. “Te sirve un poco para el ego, no más que eso. No es que te llueva trabajo… Es todo tanto el hoy, que el ayer no existe.”

LOS CERVECEROS El secreto a voces mejor guardado de La Angostura se llama Patio Cervecero Epulafquen, una cabaña de madera “escondida” en el barrio Epulafquen. El local es simple y agradable: mesas de madera, una barra con una chopera de varias canillas, y un rinconcito tipo living, muy acogedor. La cervecería es frecuentada sobre todo por locales, y algunos pocos turistas llegan por el boca a boca. Sus propietarios, Diego y Mariana Serra, tampoco son de aquí. Son de Buenos Aires y también, dicen, vinieron con la “idea de cambiar el estilo de vida”. El es gasista matriculado, y tenía un centro de copiado frente a la Facultad de Ciencias Económicas. Ella estudiaba Ingeniería en Alimentos. Se conocieron de mochileros en El Calafate, aunque él veraneaba siempre en la Villa. Por eso Diego se compró este terreno en el ’96, y en el ’98 –ya en pareja– construyeron una pequeña casita. Cuando decidieron huir de la gran ciudad, eligieron la Villa para convivir, y de a poco montar este negocio que comenzó como un hobby allá por 2001.

Diego sorbe el primer trago de su Pale Ale, una de las cuatro variedades que producen durante todo el año. Además elaboran Golden Ale, Indian Pale Ale y Stout, y rotan una más por estación. Serra cuenta que trabajó como gasista hasta hace tres años, y que con ese dinero fueron invirtiendo en este emprendimiento. “Arrancamos con nada, un equipo de cincuenta litros. Fuimos creciendo y el año pasado elaboramos 32.000 litros.” En diciembre el patio cervecero cumplió tres años, y se puede decir que hoy Epulafquen es una de las cervezas más deliciosas de la Patagonia.

“Hubo un auge muy importante de cervezas en Argentina –sigue Diego mientras degustamos una gloriosa picada–. Acá en Patagonia tenemos un agua única, que es nuestro orgullo. Podés hacer un muy buen producto, competitivo con cualquier parte del mundo.” “La Polaca”, como le dicen a su mujer, habla poco pero ahora interviene: “También porque es la zona del lúpulo”, dice. “Pero es el agua”, insiste el maestro cervecero. “La misma receta la llevás a Buenos Aires y nada que ver –asegura–. El agua es el noventa por ciento de la cerveza. Si el agua no es buena, la cerveza no es buena. Claro que después sí, tenés que tener una buena receta.”.

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However Tero has more than twenty years in these parts , their children were born in the shelter of these ancient hills and he mimicked the landscape. The Tero is a baqueano more , and like any good local guide called few trails in these mountains . Formerly residents of Villa La Angostura and its region were farmers who came , mostly , on the Chilean side .

There were generous portions of land for their animals and Argentina you need to inhabit the region : thus were formed small communities , families are into their third or fourth generation . But in the last two decades this town surrounded by blue lakes and snowy peaks became a magnet for those who , weary of the city, they decided on a change of life . The growth of tourism attracted then small entrepreneurs , craftsmen, guides, accommodation , food , looking for a new destination . “Quality of life ” , they say. And in this Patagonian enclave , which changes color with every season , seem to have found their place in the world.

Gaucho is a beautiful and sunny December afternoon , I am coming from Bariloche, seventy kilometers just. I went to lunch at The Old Days and the food was so good that I think I ate more . And now , as I roll up the horse , sorry. The plan is to go to the Belvedere Lookout . ” Want to go to the edge ? Asks the Tero . It is a little higher, it is a three hour round trip, but you have a spectacular view. “Sure . We ‘re going to step along the creek Piedritas , to find a ford to cross . We walk in the shadow of the ñires, crossed a grove of cypress and evergreen , to the forest where they grow nothofagus highest are : the beech . The sound of a waterfall is heard. Across a scary precipice , says Tero Inacayal waterfall. Photo. We crossed to the north side of the hill and reached the edge where the view – despite a brumita that is intertwined with the sun beaming is great. Drafty and the lake Nahuel Huapi , very blue , the border with Chile and beyond look . Unsaddled , mateamos and eat croissants , horses graze . Stretch the legs , they too . Retraced path another path , and return to the Villa .

THE ARTIST Sonia Villalba , better known as Sonia Haus has its local and workshop Blumenhaus in the historic part of the town , opposite the house where rangers and harbor moored ships sailing to the mainland to visit Quetrihué magnificent myrtle forest , one of the few in the world. This is one of the most beautiful and peaceful corners of the town. ” I am an artist , especially ,” says Sonia poorly opens his mouth, and smile. It is giving some final touches brush to a plate of freshly baked pottery. Sonia is not here , came from the Capital , but ” I am now neuquina ” he says , also input as to leave no doubt . Graphic designer , had his studio in the city center . ” The jungle is not for me , I came to live in nature. He earned well , was nice, but you have to decide if you just want economic well-being or soul . So here I am , “he says smiling, always smiling. Among all the candles , ceramics and paintings of many colors that fill the room in a kind of perfect harmony , hanging out in a column one square . It is a caricature of Sonia , freehand pencil and signed by Fontanarrosa . It is the memory of a workshop I did in college with the master of humor , and that Sonia was preserved with undisguised pride.

CRAFTSMAN can say that Américo Bezenzette had his ” moment” of fame when one of his hands reached pampa belts Pope Francisco. Américo does not look to be a believer , but he looks like proud because this garment was woven with her own hands came at the hands of the pontiff. Yes , here is also Americo , Amerigo is there, in Banfield , Buenos Aires. And moved to Villa in 2002 with his wife and two daughters. Now drinks mate in the attic of his home in a remote and peaceful neighborhood. And belts do pampa is amateur racer , as attested by the photos posted on the wall of wood. Man shows his work and photos of their work , explaining that met several techniques for working in one pedal loom . “This was originally an art of the Mapuche of Chile. In advanced 1770, in the province of Buenos Aires , led the art to other communities of Buenos Aires and Neuquén region . Then it was like a very particular art in the south, Rauch , Los Toldos. “

Américo speech slow and deliberate , sits at the loom and shows how it works, she remembers that he discovered on a trip to Salta, a young man in search of Andean instruments . ” I went to the craft market and saw some looms. There I connected with the subject. I made the first loom in Buenos Aires and began traveling north and teach . Knew when I was teaching the technique pampa ” Then he had another stroke of luck , it’s not just luck , because his work is really good. For two years, he was making belts on request of the Sultan of Brunei, exoticism that allowed him to live loose for a while. “We served a little to the ego , no more than that. No rain is that you work … It’s all so much today, that yesterday does not exist. “

BREWERS The best kept secret voices called La Angostura Patio Epulafquen Brewer , a log cabin “hidden” in the neighborhood Epulafquen . The place is nice and simple : wooden tables, a bar with a chopera several quills, and a guy living corner , very cozy. The brewery is frequented mostly by locals and a few tourists come by word of mouth. Its owners , Diego and Mariana Serra, are not here . Son of Buenos Aires and , they say , came with the “idea of lifestyle change .” The gas is enrolled , and had a copy center across from the School of Economics . She studied Food Engineering . They met backpacking in El Calafate, although he always summered in the Villa . So Diego this land was bought in ’96 , and in ’98 – and partner – built a small house . When they decided to flee the big city, Villa chose to live , and slowly mounted this business started as a hobby back in 2001 .

Diego sipping your first drink Pale Ale, one of the four varieties that occur throughout the year. Also produced Golden Ale, Indian Pale Ale and Stout, and rotate more per season. Serra has worked as a gas that until three years ago , and with that money were invested in this project . ” We started with nothing , a team fifty liters. We were growing and last year we produce 32,000 liters . “In December the beer garden served three years , and can say that today Epulafquen is one of the most delicious beers in Patagonia.

“There was a significant rise of beers in Argentina – Diego while still tasted a glorious bite . Here in Patagonia have a unique water, which is our pride. You can make a very good product , competitive with any in the world ” ” The Polish ” , as they say his wife speaks little but now intervenes . ” Also because it is the area of hops , “he says . “But it’s the water ,” insists the brewmaster . ” The same recipe llevás to Buenos Aires and nothing to do – insured . Water is ninety percent of the beer . If the water is not good, the beer is not good. Of course then yes, you have to have a good recipe. ” .

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Traduction by Google Translator

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