Chile: Bachelet y el pago de las deudas sociales

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La democracia chilena y las víctimas de la ominosa dictadura del General Pinochet han tenido una simbólica satisfacción en el cuadragésimo aniversario del golpe militar que derrocó a Salvador Allende. La socialista Michelle Bachelet, hija de un general constitucional que se opuso al designio criminal, volverá a La Moneda en marzo. Es imposible no sentir cierto alborozo por este guiño favorable de la historia.

El segundo triunfo electoral de Bachelet, por su amplitud y oportunidad, despierta un caudal de expectativas en el país. En Chile, la izquierda habría participado en el gobierno más que en cualquier otro país de América Latina, desde el doble ciclo calamitoso padecido por la región en las últimas cuatro décadas: los sangrientos golpes militares y el costoso experimento económico conocido como “consenso de Washington”. Y, sin embargo, la deuda social de la recobrada democracia chilena es enorme.

Chilean democracy and victims of the dictatorship of General Pinochet ominous have had a symbolic satisfaction the fortieth anniversary of the military coup that overthrew Salvador Allende. Socialist Michelle Bachelet , the daughter of a general constitutional opposed the criminal design, return to La Moneda in March. It is impossible not to feel some joy by this favorable nod in history.

The second electoral victory Bachelet such a size and opportunity , awakens a rate expectations in the country. In Chile, the left would have participated in the government more than any other country in Latin America, from the double calamitous cycle suffered by the region in the last four decades : the bloody military coups and costly economic experiment known as the “Washington consensus ” . Yet , the social debt recovered Chilean democracy is enormous.

LA TAREA PENDIENTE DE LA DEMOCRACIA

Para superar las fuerzas de la dictadura, la izquierda tuvo que forjar un consenso llamado Concertación, que implicaba la colaboración con el centro-derecha. Pero, ante todo, aceptó una buena parte del modelo socio-económico pinochetista. Durante buena parte de los noventa, mientras otros países iberoamericanos permanecían atascados por la terrible herencia de la ‘década pérdida’, Chile parecía un elemento extraño en la región. Las ventajosas condiciones con que fueron atraídos los inversores privados, nacionales y extranjeros, propiciaron resultados macroeconómicos muy positivos.

Sin embargo, incluso en plena cresta de la ola del crecimiento, no fueron pocas las voces que alertaron contra el escaso impacto social de la prosperidad. O incluso algo peor: el perverso efecto que el crecimiento económico tan alabado fuera del país (y dentro: por los portavoces y propagandistas de sus beneficiarios) estaba teniendo para la gran mayoría de la población. Los gobiernos de centro-izquierda, aún conocedores de esta situación, no quisieron o no pudieron revertir la tendencia.

En 2010, acabado el primer mandato de Bachelet, la coalición que había asegurado el final de la dictadura no presentó un candidato con suficiente crédito para rectificar el rumbo. Las bases progresistas dejaron de confiar en una fórmula agotada. El voto giró a la derecha. Caló el mensaje de Sebastián Piñera, un hombre de negocios que prometía eficacia, gestión empresarial. Política mediática, sin llegar al ‘berlusconismo’ que algunos temían. Al cabo, esta corta experiencia de una derecha supuestamente moderna y alejada de los fantasmas de la dictadura ha confirmado y consolidado el gran lastre del modelo chileno: la desigualdad.

La renta per cápita del país se ha multiplicado casi por cinco desde el final de la dictadura, hasta alcanzar los 20.000 dólares. Pero, como se ha repetido estos días hasta la saciedad, Chile es el país más desigual de los 34 que componen la OCDE. Hay muchos indicadores que lo atestiguan. El más utilizado internacional es el coeficiente de Gini. Este marcador refleja una mayor desigualdad cuanto más se aleja de cero. El 0,4 constituye ya una cifra inadmisible. En Chile alcanza el 0,52; eso, oficialmente, porque otros estudios lo elevan al 0,57. Según un estudio reciente de la Universidad de Chile, el 1% por ciento de los más ricos concentra casi la tercera parte (31%) de las rentas. Es un índice pavoroso, si tenemos en cuenta que en Estados Unidos, paraíso de la desigualdad entre los más países desarrollados, ese club famoso de ‘unocentistas’ no acumula más que una quinta parte de los ingresos (21%). Los asalariados chilenos no han visto mejorada notablemente su condición por el supuesto éxito del celebrado modelo nacional. La mitad de ellos gana menos de 400 euros.

EDUCACIÓN, PRIMERO

Durante sus cuatro años en La Moneda (2006-2010), Bachelet hizo un esfuerzo muy meritorio para corregir estas perversiones sociales y mejoró el sistema de salud (que ella conocía bien por su profesión médica) y los programas sociales, lo que le granjeó una gran popularidad. Pero no modificó sustancialmente el desequilibrio social. Consciente de que la clave para lograrlo es la formación de las clases más desfavorecidas, ha edificado el programa de gobierno de su segundo mandato en torno al pivote de la educación.

La presidenta quiere destinar más de dos puntos del PIB en mejorar ese servicio básico, crear más universidades públicas y pagar los estudios al 70% más pobre de la población estudiantil. De alguna manera, es la retribución del dividendo social que la democracia adeudaba a las clases más desfavorecidas. Bachelet quiere sacar el dinero de elevar los impuestos más altos a las empresas más potentes, hasta un 25 por ciento de aumento, y acabar con el insólito privilegio que suponía poder aplazar de forma continuada el pago de las obligaciones fiscales de los beneficios reinvertidos. Chile presumía de ser un país moderno, europeo decían allí algunos, excepto en las exigencias impuestas al capital privado.

Bachelet supera el 57% de la mayoría parlamentaria exigida por la Constitución para introducir reformas educativas. Pero tendrá que afrontar resistencias peliagudas. La derecha económica y social ya está advirtiendo que la presidenta puede poner en peligro la inversión privada. Lo cual, en un ciclo económico que parece declinante, augura un clima de alarmismo político. Chile seguirá creciendo en 2014, pero a un ritmo inferior, en torno a un 4,2%, según la previsión del Banco Central, entre uno y dos puntos menos que el año pasado (5,6%). Algunos economistas chilenos que trabajan en instituciones internacionales anticipan un importante repunte del desempleo. En gran medida, estos nubarrones están motivados por el descenso del precio de la principal materia prima del país, el cobre, que puede suponer una pérdida acusada de ingresos: de 2.500 millones de dólares este año a sólo 600 millones en el primer año del nuevo mandato de Bachelet.

OTROS CAMBIOS SOCIALES Y POLÍTICOS

La presidente electa ha prometido otros importantes cambios sociales. La mejora de la condición femenina no es el menor. A la desigualdad social, se une la de género. La mujer cobra, de media, la tercera parte que el varón. Por su desarrollo económico, Chile es uno de los países con menos mujeres a los mandos de empresas e instituciones. Muy espinoso será el reconocimiento de los “derechos sexuales y reproductivos”, como gusta de decir Bachelet. No podrá dejar de abordar la relajación de las condiciones para abortar. Chile tiene uno de los sistemas más restrictivos del mundo, debido a la fuerte influencia de la Iglesia católica. Bachelet sabe que se enfrentará a una resistencia tremenda y ha sido muy cauta durante la campaña (“una presidenta no puede imponer sus puntos de vista a la sociedad”, ha dicho). Pero, para ella, que viene de dirigir el organismo de la ONU dedicado a la defensa de los derechos de la mujer, éste es otro objetivo inexcusable.

La reforma constitucional figura de forma destacada en el programa de Bachelet. Chile necesita sacudirse todos los resabios políticos restrictivos, emboscados en la Constitución diseñada por el pinochetismo. El sistema electoral binomial fue un ardid de la dictadura decadente para dificultar los cambios. Para acometer la modificación constitucional se necesitan las dos terceras partes de los votos del legislativo. Bachelet ha obtenido un éxito importante que le coloca al borde de esa mayoría. Podría complementarlo con los independientes, pero tendrá que empeñarse. Las resistencias se prolongarán en los tribunales.

Los medios conservadores -la inmensa mayoría, como en todas partes- ya anticipan que las enormes expectativas del segundo mandato de Bachelet podrán convertirse en un peligro. En Nueva Mayoría, la coalición que ha posibilitado el regreso de la izquierda, está ahora el Partido Comunista, ausente de cualquier combinación de gobierno desde la época de Allende. Está por ver si éste y otros sectores más progresistas o radicales conceden tiempo y crédito a la renovada presidenta. Por otro lado, no conviene olvidar que la gran mayoría de los electores se quedaron en casa. La abstención superó el 60%, ahora que ya no era obligatorio votar. Quizás porque el triunfo de Bachelet parecía asegurado. Pero es evidente que la desafección se presenta como una amenaza.

Si el camino se empina, las dificultades económicas se confirman y las presiones de los más favorecidos arrecian, Bachelet tendrá que tirar de prestigio y coraje para mantener compactas las filas de quienes consideran imprescindible rendir cuentas con la mayoría social.

NuevaTribuna.es

PENDING TASK OF DEMOCRACY

To overcome the forces of dictatorship , the left had to forge a consensus called coalition, involving collaboration with the center – right. But above all , he accepted much of the Pinochet socio- economic model. For much of the nineties, while other Latin American countries remained stuck in the terrible legacy of ‘ lost decade ‘ , Chile seemed a strange element in the region. Advantageous conditions that were attracted private , domestic and foreign investors , led to very positive macroeconomic performance.

However, even in the midst of the wave of growth, there were many voices that cautioned against the impact of low social prosperity. Or even worse : the perverse effect that the much vaunted economic growth outside the country ( and within : the spokespersons and propagandists for their beneficiaries) was having for the vast majority of the population. The center-left governments , even knowing this situation, unwilling or unable to reverse the trend.

In 2010, finished Bachelet ‘s first term , the coalition had secured the fall of the dictatorship did not present a candidate with enough credit to correct the course . The progressive base stopped trusting a spent formula . The vote turned right . He pulled his message Sebastián Piñera, a businessman who promised efficiency management. Media policy , not to the ‘ Berlusconi ‘ that some feared . After this short experience of a supposedly modern and away from the ghosts of the dictatorship right has confirmed and consolidated the heavy burden of the Chilean model inequality.

The country’s per capita income has increased almost fivefold since the end of the dictatorship , reaching $ 20,000. But, as has been repeated ad nauseam these days , Chile is the most unequal country in the 34 that make up the OECD. There are many indicators that attest. The most internationally used is the Gini coefficient . This score reflects greater inequality the further from zero . The 0.4 is already unacceptable figure . In Chile reaches 0.52, it officially because other studies raise it to 0.57 . According to a recent study by the University of Chile , 1% percent of the richest concentrates almost one-third ( 31%) of revenues . It is a frightful rate , if we consider that in the U.S., paradise inequality among developed countries, this famous club ‘ unocentistas ‘ not accumulate more than a fifth of revenues ( 21%). Chilean employees have not seen his condition improved markedly by the supposed success of the celebrated national model. Half of them earn less than 400 euros.

EDUCATION FIRST

During his four years at La Moneda (2006-2010) , Bachelet did a very commendable effort to correct these social perversions and improved health system (which she knew well from his medical profession ) and social programs , which earned him a popularity. But not substantially modified the social imbalance. Aware that the key to this is the formation of the lower classes , he has built the program of his second term government about pivot of education.

The president wants to spend more than two points of GDP in improving this basic service , create more public universities and pay for education to the poorest 70 % of the student population . Somehow, it is the reward of social democracy dividend owed ​​to the lower classes . Bachelet wants to get the money to raise higher taxes on the most powerful companies , up to a 25 percent increase , and end the unusual privilege it was to continually defer the payment of tax liabilities of reinvested earnings . Chile boasted of being a modern, European Some said there , except the requirements imposed on private capital.

Bachelet exceeds 57% of the parliamentary majority required by the Constitution to introduce educational reforms. But resistance will face tricky . The economic and social right is already warning that the president may jeopardize private investment. Which, in an economic cycle that seems declining , predicts a climate of political scaremongering. Chile will continue to grow in 2014 but at a lower rate , around 4.2% , according to the Central Bank forecast , between one and two points lower than last year ( 5.6%). Some Chilean economists working in international institutions anticipate a significant rise in unemployment . To a large extent, these clouds are motivated by the declining price of the main raw material of the country, the copper, which can be a marked loss of revenue: 2,500 billion this year to only 600 million in the first year of the new Bachelet mandate .

OTHER SOCIAL AND POLITICAL CHANGES

The president -elect has promised other important social changes. Improving the status of women is not the least. A social inequality , gender binds . Woman charged , on average , a third of the male . For its economic development , Chile is one of the countries with fewer women at the controls of companies and institutions. Very thorny be the recognition of the ” sexual and reproductive rights ” , as they like to say Bachelet. You can not fail to address the relaxation of the conditions for abortion. Chile has one of the most restrictive systems in the world , due to the strong influence of the Catholic Church. Bachelet know you will face tremendous resistance and has been very cautious during the campaign ( ” a president can not impose their views on society ,” he said) . But , for her , which is to direct the UN organization dedicated to defending the rights of women , this is another inexcusable goal.

The constitutional reform figures prominently on the agenda of Bachelet. Chile needs to shake all restrictive political remnants , ambushed in the Constitution designed by Pinochet . The binomial electoral system was a ploy to hinder decadent dictatorship changes . In order to meet the constitutional amendment two-thirds vote of the legislature is required. Bachelet has gained significant success that puts you on the edge of that majority. You could supplement it with independents, but will need to commit . The resistors will last in court.

The conservative media – the vast majority , as everywhere, and anticipate that the huge expectations Bachelet second term may become a hazard . In New Majority coalition that has enabled the return of the left, is now the Communist Party, absent of any combination of government since the days of Allende. It remains to be seen whether this and other more progressive or radical sectors granted time credit and president renewed . On the other hand , we should not forget that the vast majority of voters stayed home . Abstention exceeded 60 % , now it was no longer mandatory voting. Maybe because Bachelet ‘s victory seemed assured . But clearly disaffection is presented as a threat.

If the road climbs , economic difficulties are confirmed and the pressures of the most favored rages , Bachelet will have to pull prestige compact and courage to keep the ranks of those considered essential to social accountability majority.

NuevaTribuna.es

Traduction by Google Translator

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