Ciudad de agua y verdes

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Hay que andar atento en Paraná. Y no por el tránsito o el ajetreo de las grandes ciudades (que lo hay, porque aunque esta capital provincial pueda ser relativamente tranquila para un porteño, es más acelerada que Nueva York para cualquier recién llegado de alguna de las muy cercanas colonias rurales vecinas). Hay que andar atento porque la historia está por todas partes, pero no siempre se la puede descubrir a simple vista. Y la geografía también, aunque los relieves originales hayan quedado debajo del trazado de las calles modernas. “Aquí todo tiene un porqué”, dice Natalia Manfredi, quien junto con Daniel Rodríguez creó ViajeLenguaje, una original propuesta para conocer Paraná y sus alrededores con un toque lingüístico, ya que las visitas –en español, inglés y portugués– pueden ir acompañadas también con clases de español para extranjeros.

Al final de la primavera, Paraná resplandece. Los jacarandás están en todo su esplendor y el verde de la ciudad, uno de sus grandes atractivos, es el protagonista de la temporada. Junto con el río, esa presencia permanente que traza su ancho curso justo enfrente de la hilera de edificios que le dan a la ciudad un perfil de capital, aunque su esencia está inevitablemente transida de naturaleza. “La ciudad –agrega Natalia mientras transitamos por la Alameda de la Federación, que era la vía directa del puerto al centro y por donde pasó el primer tranvía a sangre– está marcada por la geografía. Si la costa del lado santafesino es chata, en Entre Ríos tenemos lomadas y barrancas, de modo que las plazas de Paraná se ubicaron en los lugares más elevados por cuestiones de seguridad.”

You have to go careful in Paraná . And not for the traffic or the hustle and bustle of big cities ( there is, because although the provincial capital to be relatively quiet for a Buenos Aires , is faster than New York for any newcomer to one of the very close neighboring rural settlements ) . You have to go careful because the story is everywhere , but can not always find the naked eye. And also geography , although the original reliefs have remained below the path of the modern streets . ” Everything has a reason ,” says Natalia Manfredi, who along with Daniel Rodriguez created ViajeLenguaje , the original proposal for Paraná and its surroundings with a linguistic twist , as visitors – in Spanish , English and Portuguese – may also be accompanied with Spanish classes for foreigners.

By late spring , Paraná shines . The jacaranda trees are in all their splendor and green city , one of its attractions , is the star of the season. Along the river , the permanent presence that traces its wide course opposite the row of buildings that give the city a capital profile , but its essence is inevitably imbued by nature. “The city – add Natalia as we walk along the Alameda of the Federation , which was the direct route from the port to the center and where he spent the first blood – tram is marked by geography. If the coast is flat side of Santa Fe , Entre Rios have hills and ravines , so that the squares of Paraná were located in higher places for safety . “

Justo por aquí donde estamos vivía la población negra de la ciudad, que llegó a tener unas 15.000 familias: lo llamaban entonces el Barrio del Tambor y estaba signado por la música, el candombe y la marcha colectiva. Aunque negada y diluida, esta presencia de origen africano echó raíces en Paraná y reflota en el Contrafestejo de cada 12 de octubre; también quedó como testimonio de su vitalidad a mediados del siglo XIX la iglesia de San Miguel –terminada en 1875–, que fue el primer templo católico de la comunidad negra. San Miguel da sobre la plaza Alvear, donde se encuentran también el Museo Histórico de la provincia de Entre Ríos, el Museo de Bellas Artes y el Museo de Ciencias Naturales, que tiene su propia “Noche de los museos”, con actividades para los chicos y sus familias. La plaza Alvear conecta con la principal, la plaza 1º de Mayo, a través de peatonal San Martín. Al máximo prócer argentino, que por una vez no se quedó con la plaza mayor, le tocó en suerte entonces esta calle comercial y llena de movimiento, pero igualmente su estatua domina el centro de la plaza 1º de Mayo, flanqueada por dos fuentes –allí colocadas para que la gente dispusiera de agua potable– enfrente de la Catedral. En la esquina estaba, en cambio, la casa de Justo José de Urquiza. “San Martín también está presente –detalla Natalia– a través de un retoño del pino de San Lorenzo, plantado junto con árboles representativos de otros lugares del mundo, como la vistosa trichilia de Cuba, el chivato de Madagascar y un cedro del Líbano que, al secarse, fue convertido en un monumento conocido como la Plegaria del Arbol.”

La Catedral, con sus vitrales importados de Francia y sus mármoles italianos, está a punto de cumplir un siglo: Paraná, por su parte, no tiene fecha de fundación, pero celebró su bicentenario este año, en conmemoración del 25 de junio de 1813, cuando la Asamblea General decretó la elevación a villa del pueblo hasta entonces establecido informalmente a orillas del río y conocido como Baxada de la Otra Banda del Paraná. De hecho, la ciudad empezó a poblarse alrededor de 1730 gracias a gente de Santa Fe que cruzaba para apoderarse del ganado cimarrón.

Parados frente a la Catedral, llama la atención la cúpula de un observatorio que se ve sobre la Escuela Normal de Paraná, que fue la primera del país y algunos consideraron como “una escuela de Boston trasladada a las soledades de América del Sur”. Ese observatorio perteneció a la casa del doctor Perini, un médico que luchó contra la epidemia de cólera en 1860. Amante de la astronomía, encargó un telescopio a Italia con tanta mala suerte que el barco donde venían sus instrumentos naufragó en alta mar: sin embargo la gente de Paraná, agradecida por su incansable trabajo, hizo una colecta, reunió el dinero y finalmente en 1888 Perini pudo inaugurar su observatorio. Eso sí: con poca suerte, porque la noche de la fiesta inaugural, con el tout Paraná instalado para observar el cielo, se largó un chaparrón que hizo huir a los invitados, bien sabedores de que pronto sería imposible dejar en carruaje las calles de barro de la ciudad, aún carente de infraestructura. “Los carruajes –cuenta una crónica– se dispersaron a la desbandada, haciéndoles repiquetear sus negras toldas un chaparrón que rápido pasaba.”

EL “TORTONI” PARANAENSE
Antes de cruzar la plaza, paramos un momento con Daniel para sacar fotos de un cartel vial: es el que, a metros de la Catedral, dice “Su Santidad Francisco”. Es que, en abril de este año, Paraná se convirtió en la primera ciudad argentina en homenajear con una calle al pontífice argentino. Para la anécdota, del otro lado de la plaza está “el Tortoni de Paraná”, como le dicen al café-restó Flamingo, que a principios del siglo XX era un hotel con un lujo muy particular: nada menos que… un baño por piso. Cuando el edificio fue refaccionado, en 2005, se hallaron túneles, como hay un poco por toda la ciudad: ahora, desde el subsuelo del actual restaurante se puede ver precisamente la entrada de uno de esos túneles, tan grande que permitía el paso de un carruaje, e invita a preguntarse si no habrá sido usado para el tráfico de esclavos.

Otra cercana plaza paranaense, la Sáenz Peña, tiene una historia insospechada a primera vista. Natalia y Daniel se encargan de ir remontando el tiempo, paso a paso: “Este era, en 1820, el lugar donde Pancho Ramírez reunía a sus tropas”, explican y agregan que por aquellos tiempos las calles que rodean las plazas se usaban como trincheras. Hasta 1858 era el lugar donde se llevaban a cabo las ejecuciones públicas; más tarde funcionó como mercado y hasta fue cercada, en torno de comienzos del siglo XX, para evitar que entraran los animales sueltos que todavía se podían encontrar por las calles de la ciudad. La gente, por lo tanto, tenía que entrar por unos molinetes expresamente colocados en las esquinas. Ahora, en una de esas esquinas de la plaza un monumento de expresiones dolorosas, realizado por Amanda Mayor, recuerda a los desaparecidos de la última dictadura.

YOGA Y NATURISMO
“La estación Ferrocarril Urquiza comenzó a funcionar a fines del siglo XIX”, cuenta Natalia cuando pasamos frente a la estación de tren para conocer un lugar que, desde al año pasado, está dando que hablar en todo Paraná. Se trata del Bio Citi Hotel y su restaurante vegetariano Mahindra, que funcionan en un viejo edificio de 1890 situado frente a la estación. “Fue creado para ayudar a despertar la conciencia, y hoy la gente lo llama ‘el hotel raro’”, cuenta Guillermo Sandler, inspirador y alma mater del Bio Citi, orgulloso porque el suyo es el primer hotel de estas características en la Argentina. “Tenemos una sala de meditación y yoga y se organizan clases de yoga abiertas al público tres veces por semana. Además se puede venir a meditar y no se cobra, sólo se pide un alimento no perecedero”, agrega Guillermo, en medio de los preparativos fotográficos de su nueva carta. Cuando llegamos, justo están dando un curso de cocina: por supuesto, aquí es todo rigurosamente orgánico, no se usan productos enlatados y se brindan masajes ayurvédicos. “Y yo que pensé que ya había conocido todo”, comenta Jesús, el mozo, que a los 72 años admite haber descubierto también los beneficios de la meditación.

EL RIO Y EL TUNEL
Por muchas plazas que tenga Paraná, ninguna puede rivalizar con el imponente Parque Urquiza, que se extiende en el noroeste de la ciudad sobre 44 hectáreas, a orillas del río.

El parque existe sobre terrenos que pertenecieron a Justo José de Urquiza y fue diseñado por Charlos Thays. La forestación, encargada al jardinero Julio Kumagae, incluye laureles, lapachos, jacarandás, palos borrachos, aromos, ceibos, cedros, cipreses y otras especies, además de un precioso rosedal situado en la parte superior. Sus tres niveles –la Costanera Alta, Media y Baja– están conectados por senderos, callecitas y escaleras: si en la parte más baja está la calle paralela al río que los paranaenses prefieren para caminatas y paseos, en la parte media hay un anfiteatro y la parte alta funciona como un precioso mirador situado como “balcón” sobre la barranca. Aquí está el monumento al General Urquiza, uno de los más emblemáticos de Paraná.

Desde el Parque Urquiza el río Paraná se adueña del paisaje. “Un nombre –cuenta Natalia Manfredi– que significa ‘aguas grandes coronadas de plumas coloridas’ en guaraní. Hoy resulta tal vez inexplicable, pero en la época en que llegaron los primeros españoles había en las barrancas del río criaderos naturales de guacamayos, es decir, las plumas coloridas que los aborígenes evocan en esa palabra.” Estamos bajando hacia el río mientras nuestra guía cuenta también la historia del túnel subfluvial, realizado por la empresa alemana Hochtief: “Una historia singular, ya que la solución natural hubiera sido un puente. Pero como la decisión debía ser tomada por un reticente Estado nacional, que tiene jurisdicción sobre los ríos, las provincias tomaron la iniciativa y eligieron la solución del túnel. Las obras empezaron en 1961 y duraron ocho años, hasta la inauguración en 1969”. El túnel subfluvial tiene casi tres kilómetros de largo, más las zonas de acceso y convergencia, construidos gracias al ensamble de cilindros enterrados en el lecho del río, a varios metros de profundidad. “La gran inundación de 1982 hizo ‘mover’ el túnel, de modo que se llamó nuevamente a la empresa constructora, que instaló una suerte de ‘raviolera’ de cemento sobre los cilindros, fijándolos nuevamente”, explica Natalia gráficamente.

Mientras tanto, ya estamos embarcando para dar un paseo en lancha por el río, bordeando la costanera de Paraná y pasando por el Puerto Nuevo –una zona de boliches y vida nocturna– donde antes estaba la balsa que transportaba los vehículos para cruzar el río, antes de la construcción del túnel. A un lado queda la silueta de la ciudad; al otro el islote Curupí, que se formó hace unos 70 años, al hundirse expresamente un barco con intención de generar un banco de arena y así proteger la costa de la erosión. Aquí el río, caudaloso e impresionante, tiene unos 5000 metros de ancho, que se reducen a unos 2900 a la altura del túnel. La lancha pasa por el canal secundario, donde no pueden pasar los barcos grandes, que quedan necesariamente del otro lado. A lo lejos, una embarcación blanca con una draga realiza trabajos de refulado, es decir, saca arena del fondo y la traslada a la playa Thompson para ampliarla. Mientras tanto Ricardo, que conduce la embarcación, conversa y explica técnicas de pesca a un grupo de uruguayos de Tacuarembó que vinieron a Paraná para un encuentro deportivo. Y mientras pasamos frente a Puerto Sánchez, un barrio de pescadores cercano, señala el punto justo donde se organiza la célebre Maratón de Hernandarias, la carrera de natación más larga del mundo, con 88 kilómetros de extensión. Muchos de los nadadores extranjeros que llegan hasta aquí para participar en la competencia se enamoran del Paraná, “el río color chocolate”, como le dicen por el color amarronado que toman sus aguas al cruzarse con las del Bermejo. Mientras tanto, nuestra lancha llega hasta la barranca de la Toma Vieja, da media vuelta y vuelve a poner proa hacia Paraná y su hilera de edificios junto a la ribera que, con el atardecer ya avanzado, se vuelven apenas una silueta negra contra el disco naranja, el mejor final para una tarde con historia y río.

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Right here where we lived the black population of the city, which once had 15,000 families : what then was called the Barrio del Tambor and was marked by music, candombe and collective progress . Although he denied and diluted , this presence of African origin took root in Paraná and Brings in Contrafestejo of 12 October; was also testimony to its vitality in the mid- nineteenth century church of San Miguel finished in 1875 – which was the first Catholic church in the black community. San Miguel Alvear gives on the square, where are also the Historical Museum of the province of Entre Rios , the Museum of Fine Arts and the Museum of Natural Sciences, which has its own ” Night of Museums ” , with activities for kids and their families. The Alvear connects to the main square , the square May 1 through pedestrian San Martin. Maxed Argentinian hero , who for once did not stick to the main square , his lot then this commercial and full motion street, but also his statue dominates the center of the square May 1 , flanked by two sources – there placed for people dispusiera drinking – water opposite the Cathedral . In the corner of the house Justo José de Urquiza was instead . ” San Martín is also present – Natalia – detailed through a pine sapling San Lorenzo , along with representative trees planted elsewhere in the world, as the colorful trichilia of Cuba , Madagascar and sneak a cedar of Lebanon , when dry , was turned into a monument known as the Prayer tree . “

The Cathedral , with its stained glass windows imported from France and Italian marble , is about to celebrate a century : Paraná , meanwhile , has no founding date, but celebrated its bicentennial this year , in commemoration of 25 June 1813 , when the General Assembly enacted the village villa elevation hitherto informally established riverside Baxada and known as the Paraná Otra Banda . In fact , the city began to be populated by about 1730 people from Santa Fe to seize crossing wild cattle .

Standing in front of the Cathedral, striking the dome of an observatory that looks over the Normal School of Paraná , which was the first in the country and some considered as ” a school of Boston moved to the wilds of South America.” That observatory belonged to the house of Dr. Perini , a doctor who fought against the cholera epidemic in 1860. Lover of astronomy, commissioned a telescope to Italy with such bad luck that the ship where they came from their instruments was wrecked at sea : yet people of Paraná , grateful for his tireless work , took up a collection , gathered the money and finally in 1888 Perini could open its observatory. But: unlucky , because the opening night party, with Paraná tout installed to observe the sky , a shower which drove away the guests, well knowing that it would soon be impossible to stop the carriage took off mud streets city ​​still lacks infrastructure. ” The carriages – has a chronic – dispersed in disarray , making rattling their black awnings a downpour that happened fast . “

EL ” TORTONI ” PARANAENSE
Before crossing the square, stood a moment with Daniel to take pictures of a road sign : that is , a few meters from the Cathedral, says ” His Holiness Francisco ” . Is that in April this year , Paraná became the first city in Argentina with a street honoring Argentine pontiff. For the record , the other side of the square is ” the Parana Tortoni ” , as they call coffee – subtracted Flamingo , which in the early twentieth century was a hotel with a very special luxury : nothing less than … one bathroom per floor. When the building was renovated in 2005 , tunnels were found, as there is a bit all over the city now, from the cellar of the restaurant you can see precisely the entrance of one of these tunnels , so big that allowed the passage of a carriage, and invites to wonder if it will have been used during the slave trade.

Another nearby Paraná square, Sáenz Peña , has an unexpected story at first sight. Natalia and Daniel are responsible for tracing the time to go step by step : “This was , in 1820 , where Pancho Ramirez gathered his troops,” he explained and added that at that time the streets surrounding squares were used as trenches . Until 1858 it was the place where he carried out public executions and later worked as a market until it was fenced around early twentieth century , to prevent entering roaming animals still could be found in the streets of the city . The people , therefore , had to go for a few turnstiles expressly placed in the corners. Now, in one of those corners of the square a monument of painful expressions, performed by Amanda Mayor, reminds missing the last dictatorship.

YOGA AND NATURISMO
” The Urquiza Railway Station began operating in the late nineteenth century ,” says Natalia when we passed the train station for a place that , since last year , is gaining attention throughout Paraná . This is the Bio Citi Hotel and Mahindra vegetarian restaurant , operating in an old 1890s building opposite the station . “It was created to help raise awareness , and today people call ‘ rare hotel ,'” says William Sandler, inspiring and alma mater of Bio Citi , proud that his is the first hotel of its kind in Argentina . “We have a meditation room and yoga and yoga classes are held open to the public three times a week . Also you can come to meditate and not charged, only nonperishable food requested “says Guillermo , in the midst of preparations for her new photo card. When we arrived , they are just giving a cooking course : of course , this is all strictly organic, no canned goods are used and Ayurvedic massages are provided . ” And I thought I had already known everything,” Jesus , the waiter, who at age 72 admits he also discovered the benefits of meditation says.

THE RIVER AND THE TUNNEL
For many places have Paraná , none can rival the stunning Urquiza Park, which extends in the northwest of the city on 44 acres along the river .

The park exists on land that belonged to Justo José de Urquiza and was designed by Charlos Thays. Afforestation , July outfielder Kumagae charge includes laurels lapachos, jacaranda , drunk sticks , acacia trees , coral trees , cedar, cypress and other species , and a beautiful rose garden located at the top . Its three levels – the Costanera High, Middle and Lower are connected by trails, streets and stairs : if the lower part is the street parallel to the river Paraná prefer to hiking and in the middle is an amphitheater and the top functions as a beautiful gazebo located as ” balcony ” over the canyon . Here is the monument to General Urquiza, one of the most emblematic of Parana.

From Parque Urquiza Parana River takes over the landscape. ” A mind – name – Natalia Manfredi meaning ‘ great waters capped colorful feathers ‘ in Guarani. Today is such an inexplicable time, but by the time they reached the first Spaniards had in the banks of the river natural breeding macaws, ie colorful feathers that Aboriginal evoke that word. “We’re down to the river while our guide also tells the story of the underwater tunnel , made by the German company Hochtief : ” a singular history , as the natural solution would have been a bridge. But the decision should be taken by a reluctant nation-state , which has jurisdiction over the rivers, the provinces took the initiative and chose the solution of the tunnel. Construction began in 1961 and lasted eight years, until the opening in 1969 . ” The underwater tunnel is nearly three miles long , plus access and convergence zones , built through the assembly of cylinders buried in the riverbed several meters deep. ” The Great Flood of 1982 did ‘move’ the tunnel , so that was called back to the construction company, which set up a sort of ‘ Ravioli ‘ cement on the cylinders , fixing them again ,” says Natalia graphically.

Meanwhile, we are now embarking to take a boat ride along the river, along the coast of Paraná and through the Puerto Nuevo – area nightclubs and nightlife , where once stood the raft carrying vehicles to cross the river , before the tunnel construction . On one side is the silhouette of the city, the other the Curupí island , which was formed about 70 years ago , to sink a ship with express intention of creating a sand and protect the coast from erosion. Here the river , mighty and awesome, is about 5000 meters wide , which is reduced to about 2900 at the height of the tunnel. The boat passes through the secondary channel , where they can not spend the big ships that are necessarily the other side. In the distance , a white boat with a dredge carries out refulado , ie shows a sandy bottom and Thompson moved to the beach to enlarge. Meanwhile Ricardo , driving the boat , talk fishing techniques and explains to a group of Uruguayan Tacuarembó who came to Paraná for a sporting event . And as we passed Puerto Sánchez , a suburb of nearby fishermen , says the sweet spot where the famous Hernandárias Marathon is organized, the longest swimming race in the world, with 88 kilometers. Many foreign swimmers who come here to participate in the competition act fast Parana , ” color chocolate river ” as you say by the brownish taking water when crossing the Bermejo . Meanwhile, our boat reaches Canyon Old Shot, turns and bows to relocate Paraná and its row of buildings along the banks , with the already advanced sundown, just become a black silhouette against the disc orange , the best finish for an evening with history and river.

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Traduction by Google Translator

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