Nacional

Un cuento de invierno

Tenemos el dato: “Si van a Villa Pehuenia, háganlo por el Camino de Primeros Pinos; es una de las rutas panorámicas más espectaculares de la Patagonia en invierno”. Pero también nos dijeron la salvedad: “La ruta de ripio que cruza esa planicie blanca se cierra después de cada nevada por varios días”. Así y todo, cumplimos con la tercera indicación –“llamen antes a Vialidad Nacional”–, y resulta que somos bien recibidos por la naturaleza. “La ruta está abierta”, dice una voz del otro lado del teléfono.

La RP13 o Camino de Primeros Pinos nace en Zapala, el centro de Neuquén, y va hacia el oeste, hasta chocarse con la cordillera de los Andes. Su particularidad es la Pampa de Lonkoluan, una planicie casi perfecta que en invierno se cubre con un liso tapiz de nieve, donde casi no sobresale un solo árbol ni arbusto.

Las máquinas de Vialidad Nacional limpiaron la nieve la noche anterior, así que el camino está impecable. Al cruzar la kilométrica recta de la Pampa de Lonkoluan entramos en un universo blanco, en una dimensión radiante cortada a la mitad por la línea del horizonte: un blanco unánime brilla en la planicie del suelo y el azul reina en el cielo diáfano. Es un mundo bicolor en medio de la más absoluta desolación.

Detenemos el vehículo para tocar la nieve y nos agrada la idea de sentirnos los únicos habitantes de un planeta blanco, unos náufragos interplanetarios en medio de un gran vacío universal, con 360 grados de nada absoluta.

We have the fact: "If you go to Villa Pehuenia, they do it for the First Pines Road; is one of the most spectacular scenic routes in Patagonia in winter. "But we also said except: "The gravel road that crosses the plain white closes after each snowfall for several days." Still, fulfill the third indication - "We call first National Road" - and it turns out that we are well received by nature. "The path is open," said a voice on the phone.

The RP13 or Primeros Pinos Road Undermine born in the center of Neuquén, and westward, until crashing into the Cordillera of the Andes. Its peculiarity is the Pampa de Lonkoluan, an almost perfect plain that in winter it is covered with a smooth carpet of snow, where hardly stands a single tree or shrub.

National Highways machines cleared the snow the night before, so the path is spotless. Across the kilometer stretch of the Pampa de Lonkoluan enter a white world, a radiant dimension cut in half by the horizon: unanimous plain white glows in the soil and in the clear blue sky queen. It is a bicolor world amid utter desolation.

Stop the vehicle to touch the snow and we like the idea of feeling the only inhabitants of a white planet, some interplanetary shipwrecked in the middle of a large empty universal, with 360 degrees of absolute nothingness.

ALDEA ENCANTADA El Camino de Primeros Pinos asciende de a poco y comienzan a aparecer esas esbeltas coníferas llamadas araucarias (pehuén, en lengua mapuche) que existen desde hace 70 millones de años y llegan a vivir 1500 años. Estos colosos de hasta 60 metros de altura crecen un centímetro por año y tienen forma aparasolada, con las ramas arqueadas. Para los mapuches de la zona, que comen su piñón, tienen un carácter sagrado.

Las araucarias fueron contemporáneas de los dinosaurios, sobreviviendo a terremotos y erupciones volcánicas. Sin embargo, la única amenaza verdadera que ha puesto en jaque la continuidad de la especie fue la llegada del hombre blanco a la Patagonia: bastaron dos siglos de depredación para que casi quedara borrada de un plumazo una historia de 200 millones de años. Ahora están protegidas por ley y no se las puede talar. Así que las vemos por centenares al costado de la ruta.

Lo primero que llama la atención al llegar a Villa Pehuenia es que el pueblo con calles de tierra parece casi desierto. La nieve se acumula en los techos a dos aguas de las casas y en las enramadas de las araucarias. Incluso los cables de luz son un hilo blanco. La nieve está por todos lados la mayor parte del invierno y cae en forma de suaves copitos, encaneciendo a los viajeros. Muchas casas tienen chimenea y reina un ambiente de cuento donde sólo faltarían Hansel y Gretel.

Aquí no hay una sola galería comercial ni tampoco un banco. Abundan en cambio los complejos de cabañas, las confortables hosterías y los pequeños restaurantes, que se levantan sobre la ladera de una montaña rodeando al lago Aluminé. Gracias a su relativo aislamiento, Villa Pehuenia está a salvo del turismo masivo y mantiene su encanto virginal. Pero al mismo tiempo tiene todo lo necesario para una estadía confortable.

ESQUI EN EL VOLCAN Los paisajes de ensueño que se ven desde la ventana de las cabañas justifican un viaje a Villa Pehuenia, aun cuando a uno no le interese otra cosa que dedicarse a la lectura observando el blanco panorama. Pero al mismo tiempo el atractivo más fuerte del pueblo es su pequeño centro de esquí al pie del volcán Batea Mahuida, el único en el mundo gestionado por aborígenes. El gerente de este centro invernal es Alfredo Catalán, el lonko o cacique de la comunidad Puel elegido por votación cada dos años.

El centro de esquí tiene cinco pistas sencillas, y como medios de elevación un T-bar y dos pomas. Quien nunca haya esquiado en su vida aquí puede aprender los primeros pasos con docentes de la comunidad mapuche, en las modalidades de esquí y snowboard. Pero aquellos que le escapan al esfuerzo físico igual disfrutan a lo grande de los exquisitos paisajes, interactuando con el paisaje blanco sin esfuerzo gracias a los paseos en moto de nieve y las caminatas con raquetas. Los niños, por su parte, juegan como locos tirándose en trineos, haciendo muñecos y guerras de nieve, y por supuesto esquiando con profesores.

Para internarnos en la soledad de los blancos bosques de araucarias hacemos una excursión en moto de nieve con los hermanos Claudio y Alejandro Cafulqueo, que compraron los vehículos por su cuenta y aportan el 30 por ciento de la ganancia a la comunidad. Cada uno conduce una moto y lleva un pasajero detrás.

Las motos van como flotando en la nieve y dejan una estela que raya la lisura del manto invernal. Nos internamos entonces en los vericuetos de los bosques de araucaria, que crecen en diferentes comunidades. Al bajar de las motos vemos de cerca las araucarias con su rugosa corteza y las ramas cargadas de nieve. Muevo una rama a ver qué pasa y toda la nieve se me cae encima.

La soledad del bosque blanco es majestuosa y el silencio perfecto. No hay viento ni gente a la vista: el ambiente tiene la magia minimalista del blanco y negro. Entonces Alejandro cuenta que a veces trae viajeros que, una vez en confianza, le preguntan: “¿Y los mapuches dónde están?”.

Seguimos viaje rasgando la virginidad del paisaje para comenzar a ascender hacia la cima del volcán Batea Mahuida, con 45 grados de inclinación. Una vez en la cima vemos los lagos Aluminé y Moquehue conectados por un breve río, y los volcanes Lanín, Villarrica, Llaima, Sierra Nevada, Lonquimay, Tolhuaca y Copahue. Y al final del precipicio brilla la laguna color esmeralda de la caldera del volcán. Alejandro aclara que el Batea Mahuida ya no tiene un cráter muy definido porque explotó desde la base hace 7000 años, perdiendo su forma cónica.

LA CONVIVENCIA Por la tarde salimos a caminar con raquetas de nieve por los bosques, dirigidos por otros guías del centro invernal. Las raquetas sirven para caminar por lugares con mucha nieve sin hundirse hasta la cintura. El guía explica que los primeros en utilizar raquetas de nieve en la zona fueron sus antepasados mapuches, quienes en el siglo XIX las armaban con cañas colihue que calentaban para doblarlas y luego les agregaban un tejido de tiento de potro. Así iban a buscar a las vacas, que solían guarecerse al pie de las araucarias dentro de un “anillo” en el suelo que rodea el tallo, un vacío donde la nieve se derrite por el calor del tronco.

Esta vez hay que hacer un poco de esfuerzo al caminar, pero tampoco tanto. Y la situación es más propicia para conversar con los amigos mapuches. Villa Pehuenia es un pueblo multicultural con 1500 habitantes, 400 de ellos mapuches. Hasta la creación del centro de esquí la relación entre los habitantes originarios y los llegados de afuera era algo tirante. Pero con los años han logrado armonizar. Se saben diferentes, pero cada grupo ha comenzado a entender al otro y el centro de esquí funciona como un punto de unión que beneficia a todos.

La juventud mapuche –cuentan los guías– se enfrenta al dilema de cómo asumir su identidad. Hace décadas a algunos les daba vergüenza decir que eran mapuches, pero esa situación ha cambiado. En general los mapuches viven bastante encerrados en su propio mundo, y los jóvenes se debaten entre querer parecerse al blanco o mantenerse distintos a toda costa. Mientras tanto, en el pueblo se ven flamear dos banderas: la argentina y la mapuche. Hay todavía quienes se miran de reojo, pero ya cada vez más tienden a integrarse en barrios comunes, así como los chicos en la escuela. Incluso se han formado parejas mixtas.

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ENCHANTED VILLAGE Primeros Pinos Road ascends slowly and begin to appear calls these slender conifer Araucaria (monkey puzzle in Mapuche language) that existed 70 million years ago and come to live 1500 years. These giants of up to 60 meters high grow an inch per year and have umbrella-shaped form, with arching branches. For the Mapuche in the area, eating their gear, have a sacred character.

The Araucaria were contemporaries of the dinosaurs, surviving earthquakes and volcanic eruptions. However, the only real threat that has jeopardized the continuation of the species was the arrival of the white man to Patagonia: two centuries of predation were enough to make it almost be removed at a stroke a history of 200 million years. They are now protected by law and they can not be cut. So when we see hundreds roadside.

The first thing that strikes you when you arrive at Villa Pehuenia is that the village with dirt roads seems almost deserted. Snow accumulates on the gabled roofs of the houses and in the pine bowers. Even the power lines are a white thread. Snow is everywhere most of the winter and falls as soft swabs, graying travelers. Many homes have fireplaces and queen an environment where only would lack tale Hansel and Gretel.

Here there is a single commercial gallery nor a bank. However abound complexes cottages, comfortable inns and small restaurants, which rise on the hillside surrounding the lake Aluminé. Due to its relative isolation, Villa Pehuenia is safe from mass tourism and remains virginal charm. But at the same time has everything you need for a comfortable stay.

SKIING IN THE VOLCANO The dreamy landscapes can be seen from the window of the cottages justify a trip to Villa Pehuenia, even if one is not interested in anything other than devote to reading watching white panorama. But at the same time the strongest attraction of the town is its small ski resort at the foot of the volcano Mahuida Bats, the only one in the world managed by Aborigines. The manager of this ski resort is Alfredo Catalán, lonko or the chief of the community Puel elected by ballot every two years.

The ski center has five simple clues, like lifts and a T-bar and two pomanders. Anyone who has never skied in his life here can learn the first steps with the Mapuche community of teachers, in the modalities of skiing and snowboarding. But those that are beyond the physical effort alike enjoy big exquisite landscapes, interacting with the white landscape effortlessly thanks to the snowmobile rides and snowshoeing. Children, meanwhile, played like crazy throwing in sledges, making snowmen and snow wars, and of course skiing with teachers.

To penetrate in the solitude of forests Araucaria white make a snowmobile tour with Claudio and Alexander Cafulqueo brothers, who bought the vehicles on their own and contribute 30 percent of the gain to the community. Each one drives a motorcycle and wears a passenger behind.

The bikes are like floating in the snow and leave a trail that borders the smoothness of the winter coat. We then deep into the intricacies of Araucaria forest, growing in different communities. Getting off the bikes we close the pine with its rough bark and branches laden with snow. I move a branch to see what happens and all the snow falls on me.

The loneliness of the white forest is majestic and perfect silence. No wind, no people in sight: the atmosphere is minimalist black and white magic. Then Alejandro mind that sometimes brings travelers who once trusted, asked: "And where are the Mapuche?".

We continue to travel the landscape ripping virginity to begin our ascent to the summit of the volcano Mahuida Bats with 45 degrees of tilt. Once at the top we see the Aluminé and Moquehue lakes connected by a short river, and Lanin, Villarrica, Llaima, Sierra Nevada, Lonquimay Copahue Tolhuaca and volcanoes. And at the end of the cliff shining emerald lagoon volcano caldera. Alejandro Bats Mahuida clarifies that no longer has a well-defined crater that exploded from the base 7000 years, losing its conical shape.

LIVING TOGETHER In the afternoon we went for a walk on snowshoes through the woods, led by guides other winter resort. The rackets used to walk places with lots of snow without sinking up to his waist. The guide explains that the first to use snowshoes in the Mapuche were his ancestors, who in the nineteenth century, armed themselves with canes colihue warmed to fold them and then they added touch fabric pony. So they went to fetch the cows that used to shelter at the foot of the pine in a "ring" in the soil around the stem, a void where the snow melts from the heat of the trunk.

This time you have to make some effort to walk, but not both. And the situation is more conducive to conversation with the Mapuche friends. Villa Pehuenia is a multicultural village with 1500 inhabitants, 400 of them Mapuche. Until the creation of the ski resort the relationship between the original inhabitants and those coming from outside was somewhat strained. But over the years they have managed to harmonize. They know different, but each group has begun to understand the other and the ski center functions as a junction that benefits everyone.

Mapuche youth-guides have faced the dilemma of how to take your identity. Decades ago some were embarrassed to say they were Mapuche, but that situation has changed. Overall the Mapuche live quite locked in their own world, and young people are torn between wanting to look white or stay separate at all costs. Argentina and the Mapuche: Meanwhile, in the village are two flags flaming. There are still those who look askance, but now increasingly common tend to integrate into neighborhoods and the kids at school. Even mixed couples are formed.

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