Comercio Internacional

Problemas del Comercio Internacional hoy

El comercio internacional ya estaba en problemas antes del coronavirus

Por Trajan Shipley

El comercio internacional no pasaba por su mejor momento antes del coronavirus, pero la pandemia ha agravado la crisis, exponiendo las fortalezas y debilidades de las cadenas de suministro internacional y la gobernanza económica mundial.

Cuando la pandemia remita volverán a aflorar viejos y nuevos retos: la rivalidad comercial entre China y EE. UU. y la creciente irrelevancia de una Organización Mundial del Comercio más débil que nunca.

Un recrudecimiento de la rivalidad entre EE. UU y China; un muy probable brexit sin acuerdo a finales de año; la dimisión del director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC); y una guerra comercial entre la Unión Europea y EE. UU. en el horizonte.

Después de haber pasado los últimos meses centrando los esfuerzos en contener la pandemia, el mundo descubre ahora que el coronavirus también ha supuesto efectos funestos para el comercio internacional, poniendo de relieve las fortalezas y debilidades tanto de la gobernanza económica mundial como de las cadenas de suministro globales.

Los primeros meses de la pandemia han supuesto un shock sin precedentes en la economía mundial, con más de la mitad de la población mundial confinada en sus hogares en el mes de abril.

Pero hasta ahora el mundo ha resistido al shock. Los países han emitido grandes cantidades de deuda y algunos se han visto obligados a pedir préstamos, pero ninguno ha sufrido restricciones en la disposición del dinero o corralitos.

Pese a las numerosas quiebras, no se ha dado ninguna similar a la de Lehman Brothers, que desató la crisis financiera de 2008. Y todo indica que el comercio y la economía global han evitado las previsiones más pesimistas que inicialmente se pronosticaron.

El sistema económico mundial se basa en redes interconectadas para la provisión de bienes y servicios también llamadas cadenas de suministro globales, lo que implica que, si un elemento falla en un lado del mundo, los efectos se harán notar en muchos otros lugares.

En general, las cadenas de suministro se han mantenido en buen estado, salvo en lo que se refiere al material sanitario y farmacéutico.

No ha habido grandes problemas de desabastecimiento alimentario, energético o de otras materias primas, en parte por la diversificación de estas cadenas y por la reducción de la demanda, pero también por su mayor diversificación.

Un caso curioso se dio en el mercado del petróleo, donde el abrupto descenso en la demanda de crudo unida a una guerra de precios poco inteligente llevó a una caída histórica de su precio en el mes de abril.

Sin embargo, la localización de casi el 50% de la producción de material de protección sanitario en China sí alteró esta cadena de suministro global, con episodios de desabastecimiento en la mayoría de países.

El mercado del petróleo no será igual tras el coronavirus

En cualquier caso, el impacto inicial del coronavirus en materia comercial ha sido desolador. En su último informe sobre el comercio global, publicado en junio, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) prevé una caída del 20% del comercio global en 2020 y advierte de que las perspectivas de recuperación en el segundo semestre son aún muy inciertas.

Pero incluso si ya se hubiese encontrado una vacuna o tratamiento para la COVID-19 y el mundo pudiese centrarse en la recuperación económica, los problemas de fondo a los que se enfrenta el comercio internacional auguran un futuro incierto para las relaciones comerciales internacionales.

Primero de los problemas: demasiadas incertidumbres

El panorama comercial internacional no era muy alentador antes del coronavirus, pero sin duda sí más optimista que el actual.

Antes de la pandemia, la guerra comercial entre EE. UU. y China suponía el mayor foco de incertidumbre para el comercio global. Ambos países, sin embargo, habían firmado una tregua en enero de 2020, un acuerdo que tanto Trump como Xi podían vender como un éxito.

El acuerdo ponía fin a la primera de dos fases de negociaciones e implicaba un aumento de compras de productos estadounidenses por parte de China, una reducción parcial de aranceles y un mayor acceso por parte de empresas estadounidenses al mercado chino y en mejores condiciones.

Con el inicio de la pandemia, las ya de por sí complicadas relaciones entre las dos potencias llegaron a su peor momento, con Trump culpando a China del mal manejo de la pandemia.

Mientras, se desató una nueva crisis en Hong Kong a causa de la aprobación de la polémica ley de seguridad nacional que recortó la autonomía de la ciudad respecto a China, y se ha recrudecido la pugna tecnológica entre ambos países.

En este contexto, China está comenzado a incumplir partes del acuerdo comercial firmado en enero y Trump ya ha descartado un acuerdo sobre la segunda fase de las negociaciones.

Es probable que las tensiones sigan aumentando y que se vuelva a una subida de aranceles en un contexto donde, ante las próximas elecciones presidenciales estadounidenses de noviembre, uno de los temas centrales de la campaña será cómo hacer frente al desafío que presenta China para EE. UU.

Otro de los escenarios cuyo horizonte de problemas se ha agravado es el del brexit.

A mediados de febrero la posibilidad de una ruptura abrupta parecía remota: el Reino Unido había abandonado formalmente la UE con un acuerdo de salida —que preveía una transición de once meses, hasta el 31 de diciembre— y una declaración política sobre el futuro de las relaciones entre ambas partes.

Durante esos once meses, la UE y el Reino Unido deben alcanzar un acuerdo sobre la relación futura que regule, entre otras cosas, la relación comercial.

Con el Reino Unido habiendo rechazado en junio una extensión de ese período de transición, a pesar del escaso avance en las negociaciones, la falta de un acuerdo y por ende sumar problemas que eviten una salida abrupta a finales de año es hoy una posibilidad real.

Ello tendría graves implicaciones comerciales, ya que el 44% de las exportaciones del Reino Unido y el 53% de sus importaciones son con la UE.

El Reino Unido se arriesga a la pérdida de hasta el 14% de sus exportaciones a la UE y a un shock comercial cuyas implicaciones se harán notar en todo el mundo.

La Unión Europea es el principal socio comercial del Reino Unido.

Por si fuera poco, las barreras al comercio que son parte de los problemas, se han incrementado durante la pandemia para hacer frente tanto a la situación sanitaria como a la debacle económica, cuando ya venían aumentando progresivamente en los últimos años.

Si bien las restricciones a las exportaciones de material sanitario han comenzado a remitir a medida que lo hacía la pandemia, el coronavirus ha creado nuevas barreras al comercio.

Un ejemplo de ello son los aranceles impuestos por China a productos australianos —que ascienden en algunos casos al 80%— como respuesta a la exigencia del Gobierno australiano de investigar el origen del coronavirus y la gestión china de la pandemia.

Las ayudas públicas a empresas en riesgo de quiebra también distorsionan los mercados internacionales al alterar las condiciones de libre competencia.

La UE, por su parte, llegó a flexibilizar sus reglas de ayudas estatales para hacer frente a la pandemia, con el consiguiente riesgo de minar la estabilidad del mercado único.

En cualquier caso, hasta que el virus no quede controlado por completo, la mayor barrera comercial serán los posibles rebrotes.

Segundo de los problemas: una gobernanza global muy debilitada

Si la gobernanza comercial internacional ya estaba en mal estado antes de la pandemia, la situación no ha mejorado. El 14 de mayo, el director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el foro en el que se discuten y regulan las relaciones comerciales globales, anunció por sorpresa su dimisión. Al margen de ello, la OMC es una organización internacional caracterizada por su debilidad estructural y su constante bloqueo en la toma de decisiones, y ya lleva años perdiendo relevancia a la hora de resolver el conflicto comercial entre China y EE. UU. y el aumento del proteccionismo en general. Al mismo tiempo, ha visto completamente devaluado su principal activo, el Mecanismo de Solución de Diferencias (MSD).

Anatomía de una guerra comercial

La OMC es de las pocas instituciones internacionales que posee el poder de implementar sus reglas y decisiones. A través del MSD, los Estados pueden denunciar a otros Estados que incumplan los acuerdos comerciales adoptados en el seno de la organización y de los que son parte. Un panel de jueces escogidos entre los que propone cada Estado parte resuelve las disputas en un procedimiento arbitral para el que cabe recurso ante un Órgano de Apelación. El 95% de las decisiones emitidas desde 1995, cuando se fundó la OMC, se han cumplido.

El problema se debe a que la Administración Trump bloquea desde hace casi tres años la renovación de los jueces del Órgano de Apelación, aduciendo que este órgano incurre habitualmente en activismo judicial y socava la soberanía de EE. UU, a pesar de que dicho país es el que recurre a él con mayor asiduidad.

Con su principal activo en parálisis institucional, la OMC se encuentra en un momento crítico, y su director general dimitió en junio precisamente en señal de hartazgo por este bloqueo.

La renovación de la cúpula de la organización es un arma de doble filo, ya que puede reimpulsar a la OMC o bien consumar su pérdida de relevancia.

Sin un mecanismo de resolución de disputas efectivo, el comercio internacional se regirá por la ley de la selva, con los países y bloques comerciales más fuertes tratando de imponer su voluntad a través de políticas proteccionistas.

La crisis económica del coronavirus y la vuelta de la intervención estatal

En conclusión, el panorama comercial internacional no se presenta muy halagüeño, una dificultad añadida para la recuperación económica tras la pandemia. En un mundo cada vez más proteccionista, las disputas comerciales —a menudo ligadas a rivalidades estratégicas más complejas que trascienden el ámbito comercial—, así como el deterioro de los ya insuficientes mecanismos de gobernanza global generan una gran incertidumbre y riesgos para el comercio internacional.

La pandemia constituye hoy la mayor barrera comercial y tendrá efectos a la hora de reestructurar las cadenas de producción y suministro global.

Pero, por si fuera poco, puede también suponer un caldo de cultivo que, mezclado con otros problemas previos, provoque un cambio de paradigma en el sistema comercial internacional que habría tardado más en producirse de no ser por la pandemia.

Fuente El Orden Mundial

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