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Ser Mujeres en la ESMA, para volver a mirar

Ser Mujeres en la ESMA, testimonios para volver a mirar

En el Museo Sitio de Memoria ESMA se inauguró la la muestra temporaria  SER MUJERES en la ESMA, testimonios para volver a mirar junto a las sobrevivientes Ana Testa, Graciela García Romero y Ana María Soffiantini. También se realizó un conversatorio entre Elizabeth Jelin, investigadora en Ciencias Sociales del CONICET y Patrizia Violi, profesora de semiótica e investigadora en la Universidad de Bologna, Italia. La mesa fue moderada por Alejandra Naftal, directora del Museo y Alejandra Dandan, periodista y curadora de la exhibición temporaria.

De la presentación participaron además,  el juez federal Sergio Torres; la ex jueza federal María del Carmen Roqueta; la ex fiscal de la causa ESMA Mercedes Soiza Reilly; Carolina Varsky, abogada querellante de la causa 1270; María Freier y Daniel Tarnopolsky junto a miembros del Consejo Asesor de Espacio Memoria y DDHH, el sobreviviente Alfredo "Mantecol" Ayala y María Adela Antokoletz de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.

Además, entre los 107 visitantes estuvieron presentes Cecilia Brizzio y Karina Bearzi, de la Secretaría judicial Megacausa ESMA del Juzgado Federal N°12; Verónica Torrás de Memoria Abierta; María José Guembe, Integrante de la Comisión directiva de Memoria Abierta en representación del CELS; Soledad Rotman, Jefa Técnico Administrativa de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación; las periodistas Mariana Carbajal, Ailin Bullentini y Luciana Bertoia; Celeste Adamoli, Cecilia Flaschland de Educación y Memoria, Mirta Marina y Marcelo Zelarrayán, de Educación Sexual Integral del Ministerio de Educación; Fabiana Rousseaux, Directora de la Asociación Civil Territorios Clínicos de la Memoria; Sara Pagola Aizpiri, de la delegación del Gobierno Vasco en Argentina y Mercosur; Jeanne Simon, Laura Weiss y Billerey Vincent, por la Embajada de Francia en Argentina; Verónica Caamaño, Directora General de DDHH del Municipio de Tigre; Eugenia Carbone, Directora de Programas para América Latina y Secretaria Técnica de la Red Latinoamericana para la Prevención de Genocidio y Atrocidades Masivas del Instituto Auschwitz; Mauro Zungri, asesor de la diputada Victoria Montenegro; la fotógrafa Mónica Hasenberg; Liliana Furió, del colectivo Historias Desobedientes; Romina Martínez, del Museo Evita; Antonella Costa, actriz y protagonista del film Garage Olimpo; Paula Rosanni, estudiante brasileña; Susana Skura y Alejandra Oberti, autoras de Y nadie quería saber; integrantes del equipo de psicólogas del Centro Ulloa; trabajadoras y trabajadores del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti y del Espacio Para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos.

La actividad comenzó en la puerta de ingreso del edificio frente a la piel de vidrio con las imágenes de las personas desaparecidas en la ESMA. Durante el acto de apertura el Juez Federal Sergio Torres mencionó que las masacres y los genocidios se han reiterado a lo largo de la historia y los países lo han resuelto de diferentes formas. Argentina eligió la Justicia como mecanismo para enfrentar lo que aquí ocurrió. La ESMA fue uno de los lugares donde se cometieron los crímenes más aberrantes en la historia de la humanidad, entre ellos los delitos contra la integridad sexual. Es en este aspecto en el que se observan algunas resoluciones dictadas en el juzgado que permitieron realizar las investigaciones en este sentido. Los desafíos son múltiples, hubo que separar los delitos contra la integridad sexual de los delitos de privación ilegítima de la libertad y los tormentos, que históricamente iban unidos. Por otra parte en la carátula de esta parte de la causa no hay nombres de ninguna víctima para no revictimizar y seguir llevando a cabo la investigación. La resolución incluye la reapertura de estos delitos en la causa y se declaran de lesa humanidad, ya que no se trata de casos aislados.

Luego de realizar un recorrido por la exhibición temporaria, se dio comienzo al conversatorio en el antiguo Salón Dorado del edificio del ex Casino de Oficiales con la proyección de los saludos de las sobrevivientes Adriana Clemente, Adriana Friszman y Liliana Andrés, que no han podido estar presentes.

La profesora Patrizia Violi comenzó la charla mencionando que la historia siempre es contemporánea: hablamos del pasado desde una mirada del presente. Es una construcción continua que en todo momento cambia nuestra mirada sobre el pasado. La muestra tiene una manera muy inteligente de mostrar que hace pocos años nadie verdaderamente pensó en poner masculino y femenino por ejemplo. La segunda cosa interesante en la exhibición es el panel de ingreso que dice “Cuando un museo no habla”; los museos, como todos los textos, hablan de algo y no pueden hablar de todo. Entonces hay otras cosas que no son visibles y es muy importante para el museo su texto de esta manera, cuáles son las cosas que no podíamos ver hace cuatro años y lo que podemos leer hoy. Ante estas palabras, su colega Elizabeth Jelin quiso destacar: ¿Cómo miramos hoy algo que pasó hace tan poco tiempo, que es el armado de este museo? Cuatro o cinco años que pasaron, es un hoy que interpela, no al pasado de la memoria, sino a la memoria de la dictadura plasmada en el Museo hecho hace cinco años. Toda historia es contemporánea y también es un poco anacrónica. Preguntamos cosas hoy que tal vez podríamos haber preguntado hace un tiempo, pero lo hacemos hoy. La cuestión de género en la dictadura no es un tema nuevo, ha estado en el mundo académico, en los testimonios, en la política. Sólo que estuvo de tal manera que, quizás yo diría, no con una perspectiva de género.

Las relaciones de género que se destacan son el del violador, perpetrador y las de la víctima, continuó Jelin. Aquí hay  mujeres que en primer lugar son víctimas, pero también (y esto sí empieza a rescatar la muestra) hicieron cosas aún en esta situación límite. Que quizás parecen a veces cositas, pero aparecen y ahí está la sororidad. Es el primer paso, primera pregunta para una apertura muchísimo mayor. Imagino que las jóvenes, las guías, las chicas de las escuelas, van a hacer preguntas que molestan muchas veces a quienes tienen relatos organizados y estructurados de cómo fueron las cosas, y cuál es la verdad. Porque la verdad es un pedacito de las múltiples verdades y de las múltiples versiones que todas las chicas se están preguntando y van a traer acá y están en las calles el 8 de marzo. 

Alejandra Naftal También remarcó sobre las decisiones museográficas: este es un espacio público del Estado, tenemos que ser muy cuidadosos en cómo transmitimos esa voz para todas las personas y siendo muy respetuosos de las víctimas; fue toda una discusión la intimidad, el respeto, que esos testimonios no sean escuchados con una música cualquiera, en un espacio íntimo donde se pueda escuchar en un marco de respeto.

Al llegar a las preguntas o comentarios finales de la audiencia, la ex jueza María del Carmen Roqueta tomó la palabra: me ha tocado estar en varios juicios, de 2008 en adelante. Es cierto que al ser política de Estado, tal vez facilitó la testimonial de las mujeres. Porque para el Derecho Penal la violación o cualquier delito de violencia sexual es de instancia privada; si no está denunciado, el Estado no puede actuar. Costó mucho en distintos juicios de centros clandestinos de detención que las mujeres pudieran hablar de esto. Cuando más pudo contar la mujer y más se sintió acompañada por la sociedad y por el Estado, creo que fue una apertura impresionante. Los juicios son públicos y nadie nos avisaba que una mujer se animaba a decir “yo vi cómo la violaban”. Las mujeres fueron víctimas de un delito y hay una vulnerabilidad en su cuerpo. Los milicos ni se lo esperaban tener a mujeres menstruando o por parir. Miren si es difícil, que cuando yo preguntaba en los juicios “¿usted sabe cuándo parió?” todos se incomodaban por la palabra parir. Entonces es un trabajo de la palabra. En la medida que la sociedad y un Estado acompañen, hay una mayor liberalización de esta cosa privada y vergonzante que no debería serlo, sino que forma parte de ser víctima de un delito.

Para finalizar, la estudiante brasileña Paula Rosanni tomó la palabra y pidió que se haga justicia por la concejal y socióloga feminista Marielle Franco, a un año de su asesinato en Río de Janeiro.

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