Internacional

Lo que brilla es sal

Salir de Bogotá no es cosa de unos minutos: para conocer estos dos lugares vinculados con el oro y la sal –que se encuentran entre los más visitados en las afueras de la capital colombiana– hay que dejar la ciudad con rumbo al norte por la gran avenida que la atraviesa y se transforma luego en autopista. Entre una sucesión de construcciones, Bogotá no deja lugar al verde antes de largos kilómetros. Pero finalmente, cuando los carteles indican Sesquilé, se sale por una ruta hacia las colinas que bordean el valle. Aunque no lo parezca, son bastante más que colinas: ya estamos a más de 2500 metros de altura, en ese Sesquilé que podría definirse como un pequeño pueblo de postal. Calles estrechas, llenas de gente y de vehículos, y una plaza pequeña que de un lado tiene la iglesia y del otro el centro cívico. En la parada, aprovechamos para comprar agua en alguno de los minimercados céntricos: luego el viaje sigue por angostas rutas de montaña, y no habrá más sitios donde parar hasta llegar a la laguna de Guatavita, el primer destino de este día de excursión fuera de Bogotá.

Out of Bogota is not a matter of a few minutes : for these two places connected with the gold and salt , which are among the most visited on the outskirts of the Colombian capital must leave town heading north for the great avenue that runs through it and is then transformed into motorway. Among a series of buildings , Bogotá leaves no room for green before long miles . But finally, when signs indicate Sesquilé , it goes along a path toward the hills bordering the valley. Although it may not look it, are much more than hills, and we are over 2500 meters high, in that Sesquilé could be defined as a small picture postcard village . Narrow streets full of people and vehicles , and a small square of one side is the church and other civic center . At the stop , took the opportunity to buy water at one of the convenience stores ones : then the trip continues along narrow mountain trails , and there will be more places to stop until you reach the Guatavita , the first destination of this day trip outside Bogotá.

LA LAGUNA DEL ORO Viajamos por una ruta que pasa en medio de un paisaje muy verde. Aquí los trópicos se ven templados por la altura y la exuberancia de la vegetación por los cultivos. Siguiendo los carteles o el GPS se llega hasta el estacionamiento construido por la concesionaria del sitio, el punto de partida de la visita. No podemos sino preguntarnos si los conquistadores, que tanto buscaron esta laguna, podrían haberse imaginado que un día se visitaría como una atracción turística... Después del acceso a Guatavita, cuyo cuidado está a cargo de la corporación CAR, se toma un sendero que trepa por el monte y desemboca en los miradores con vista al paisaje. Poco antes, se pasa por la reconstrucción de una vivienda de madera y paja, tal como las realizaban los chibchas, y en camino se pueden conocer también algunos de los árboles nativos de la zona, identificados con un cartel.

Ya estamos cerca del lugar más buscado durante siglos por los conquistadores y los aventureros que surcaron el continente. Falta poco para llegar al sitio mismo que dio nacimiento a la leyenda del hombre dorado, el mítico El Dorado de los tiempos de la colonización. Mientras se trepa por lo que es el borde de un gran cono, en cuyo centro está el lago, se puede volver en el tiempo con la imaginación y remontarse hasta las épocas prehispánicas, cuando todo el valle de la actual Bogotá estaba habitado por los chibchas (o muiscas, según las fuentes).

Los pueblos originarios vivían en el gran valle que los colombianos llaman ahora la sabana de la agricultura. Eran agricultores y hábiles tejedores, pero se hicieron un lugar en la historia de la humanidad por su excelencia en el trabajo de piezas de oro. Conseguían la materia prima gracias al trueque por esmeraldas y sal, que encontraban en su valle, y lo usaban más que nada en las ceremonias rituales de entronización de los nuevos caciques que tanto marcarían las mentes y los febriles sueños conquistadores. Luego de años de preparación, el joven que había sido designado podía rendir tributo al dios solar navegando hasta el centro del lago, cubierto de polvo de oro. Se zambullía en las aguas y se tiraban también los objetos ofrecidos al dios Bochica y a la diosa Guatavita. Esta última parte de la historia fue la que se convirtió en leyenda y contagió la fiebre del oro a generaciones de aventureros y exploradores. A pesar de su afán, los conquistadores tardaron varios años en dar con la pequeña laguna, y hay que reconocer que, sin GPS ni carteles, también hoy día sería difícil encontrarla, de modo que hace casi cinco siglos la búsqueda era una aventura sin resultado garantizado.

Finalmente el privilegio de hallarla lo tuvo Giménez de Quesada, que la descubrió en 1537 y tuvo como primer objetivo vaciarla para recuperar el tesoro de El Dorado. La laguna tiene la particularidad de ocupar el centro de un cono: podría ser un cono volcánico, pero los guías explican que al parecer se trata en realidad del impacto de un meteorito. Cualquiera sea el origen, el agua llena esta especie de montaña vacía en su interior, en donde los conquistadores abrieron un tajo con la esperanza de hallar el oro oculto en sus entrañas. Ese tajo se ve todavía, mientras el camino que siguen las excursiones rodea todo un semicírculo sobre el borde superior del cráter. Así se puede ver, desde varios ángulos, la enorme brecha que permitió bajar considerablemente el nivel del lago. Los conquistadores se llevaron toneladas del tesoro, pero se dice que los barros del fondo del cráter todavía guardan parte del tributo al dios sol. En el Museo del Oro del Banco de Colombia se exhiben, asimismo, algunas piezas que vienen de la mítica laguna de Guatavita.

LA MONTAÑA DE SAL Desde arriba de este pequeño cráter se ve todo el valle vecino, con sus fincas perdidas en medio de campos dedicados sobre todo al cultivo de papas. Cualquiera sea la época del año, nunca hace mucho calor allí arriba: la laguna está a casi 3000 metros de altura y hace falta que el sol se muestre entre las nubes para contrarrestar el fresco del viento y de la altura.

Al regresar se puede volver por Sesquilé, tomando el mismo camino, o bien bordear la represa de Tominé y pasar por el pueblo nuevo de Guatavita. El pueblo original quedó sepultado bajo las aguas del lago y el nuevo fue construido en estilo andaluz, con paredes blancas y tejas rojas. Aquí es posible realizar un alto al mediodía –la visita a la laguna ocupa la mañana y la Catedral de Sal la tarde– para almorzar y recorrer el centro cívico y sus museos.

Hay que cruzar la autopista de la ida para llegar luego a Zipaquirá, también en el norte de Bogotá. La ruta está muy cargada y es muy angosta, de modo que no hay mucho margen para admirar el paisaje si se conduce, pero se llegan a ver en algún momento las faraónicas construcciones del parque de atracción Jaime Duque, en la localidad de Tocancipa. Se trata de predio de diversión más grande de Colombia, con una copia del Taj Mahal, un avión antiguo de Avianca, un galeón y juegos para toda la familia.

Por su parte, Zipaquirá es otra pequeña ciudad de calles angostas que vive más que nada de la explotación de la mina de sal, que ocupa todo el centro de una montaña. Todos los guías saben que la primera pregunta del recién llegado tiene un tinte de sorpresa y apunta a saber cómo es posible que la montaña se haya formado con sal. Técnicamente –llega la respuesta– se trata de depósitos de sal formados al retirarse el mar, hace millones de años. Durante el proceso de formación de los Andes estas gruesas capas se encontraron muy por encima y muy lejos del mar, y formaron relieves como esta elevación que sobresale por encima de la sabana. Los chibchas ya explotaban la sal –que conseguían desde la superficie– como moneda de intercambio para el oro de sus rituales. Fueron los españoles, más tarde, quienes empezaron a organizar la extracción por medio de galerías y túneles.

La mina está a más de 2600 metros de altura y Zipaquirá se encuentra 50 kilómetros al norte de Bogotá. Los fines de semana, un tren turístico llega hasta aquí llevando a turistas y peregrinos. Aunque la catedral que se visita es en realidad la segunda, porque hay dos en esta misma montaña: la primera fue cerrada al público, luego de peligros de derrumbe, y la actual fue inaugurada en 1995 usando parte de la red de túneles que ya no está en actividad. Porque, aunque no se lo pueda ver durante la visita, la mina sigue trabajando muchos metros por debajo de la catedral, en las entrañas de la montaña. El arquitecto bogotano Garavito Pearl creó toda una simbología basada en cruces talladas en bloques de sal que hacen cuerpo con la misma montaña. Todo está puesto en valor con luces de tonos azules, que permiten avanzar de estación en estación hasta llegar a la gran nave de la Catedral. Se la ve primero desde arriba, donde estaría el órgano en una iglesia convencional, para luego bajar por escaleras (de sal, por supuesto) y llegar delante del altar, detrás del cual se ha tallado una gigantesca cruz en la pared de sal, iluminada como si fuese en relieve. Al final del recorrido se pasa por una galería comercial subterránea, donde hay una representación del cacique de los chibchas sobre su balsa, El Dorado, y negocios donde se compran joyas con esmeraldas –con certificados de autenticidad– y artesanías hechas de sal.

La visita termina por donde empezó, por el mismo túnel de entrada cubierto por un techo de leds que hace desfilar las banderas de todo el mundo. Al final se puede conocer el Museo de la Sal, al que se entra por otra galería desde la misma explanada. Ese es el punto final de la visita al lugar que los colombianos eligieron, hace pocos años, como la principal maravilla de su país. Que no es poco decir en una tierra de selva, ríos, mares tropicales y fascinantes montañas de oro y sal.

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THE GOLD LAGUNA traveled a route that passes amidst a green landscape. Here the tropics are tempered by the height and luxuriance of vegetation by crops. Following signs or GPS start point of the tour you get to the parking lot built by the concessionaire of the site . We can only wonder if the conquistadors, who both sought this gap could have imagined that one day he would visit as a tourist attraction ... After access Guatavita , whose care is the responsibility of the CAR corporation, a path that takes climb the mountain and flows into the viewpoints overlooking the landscape. Earlier, passed through the reconstruction of a house of wood and straw , as the Chibcha performed , and on the way you can also learn some of the native trees in the area, identified with a sign .

We are already close to the place most sought for centuries by the conquerors and adventurers who crossed the continent. Foul bit to get to the same place that gave birth to the legend of the golden man , the mythical El Dorado Times colonization. While climbing so is the edge of a large cone , whose center is the lake , you can go back in time with the imagination and go back to pre-Hispanic times, when all the valley of the current Bogotá was inhabited by the Chibcha (or muiscas , according to sources) .

Aboriginal peoples living in the great valley that Colombians now called Savannah agriculture. They were farmers and skilled weavers , but made ​​a place in history for excellence in the work of gold pieces. Got the raw material thanks to barter for salt and emeralds , which were in their valley, and used it more than anything in the ritual ceremonies of enthronement of the new bosses who would mark both the minds and feverish dreams conquerors. After years of preparation, the young man who had been appointed could pay tribute to the sun god sailing up the center of the lake, covered with gold dust. Diving in the waters and also threw objects offered to the god and goddess Bochica Guatavita . This last part of the story was the legend that became infected and the gold rush generations of adventurers and explorers. Despite his eagerness , the conquerors took several years to bear with small lagoon, and we must recognize that without GPS or posters, even today it would be difficult to find , so nearly five centuries ago was an adventure finding no result guaranteed .

Finally the privilege of finding it they had Giménez de Quesada, who discovered it in 1537 and had as its first objective to recover the empty treasure of El Dorado. The lake has the distinction of occupying the center of a cone : it could be a volcanic cone , but the guides explained that apparently this is actually the impact of a meteorite. Whatever the origin, the water fills the empty mountain species inside , where the conquerors opened a gash in the hope of finding the gold hidden in his gut. That pit is still seen as the path followed by tours around a whole semicircle on the upper edge of the crater. So you can see , from various angles, the huge gap that allowed significantly lower the lake level. The conquerors took tons of treasure , but it is said that the mud at the bottom of the crater still keep part of the tribute to the sun god . In the Gold Museum of the Banco de Colombia is also exhibiting some pieces that come from the mythical Guatavita .

SAL MOUNTAIN From this small crater above is all the neighboring valley , with its lost amid primarily engaged in the farm fields growing potatoes . Whatever the time of year, never gets very hot up there : the lagoon is nearly 3000 meters high and it takes the sun showing through the clouds to counteract the cool wind and height .

In return you can return by Sesquilé , taking the same path , or skirt the dam Tominé and go through the new town of Guatavita . The original village was buried under the waters of the lake and the new one was built in Andalusian style, with white walls and red tiles . Here you can make a high - noon visit to the lagoon occupies the morning and the Salt Cathedral - afternoon lunch and tour the civic center and museums.

Cross the highway to reach way then to Zipaquirá , also in the north of Bogota. The route is heavily loaded and is very narrow , so there is little room to admire the scenery when driving , but get to see sometime pharaonic constructions Park Attraction Jaime Duque, in the town of Tocancipa . It is the largest campus in Colombia fun with a copy of the Taj Mahal , a former Avianca , a galleon and games for the whole family.

Meanwhile, Zipaquirá is another small town of narrow streets mostly living from the exploitation of the salt mine , which occupies the center of a mountain. All guides know the first question of the newcomer has a tinge of surprise and aims to find out how it is that the mountain is formed with salt. Technically , comes the answer is salt deposits formed retreating sea , millions of years ago. During the formation of the Andes these thick layers were found far above and far from the sea , and formed reliefs as this elevation protruding above the savannah. The Chibcha and exploited the salt - they were getting from the surface - as currency for gold in their rituals. Spaniards were later who began to organize the extraction through galleries and tunnels.

The mine is over 2600 meters high and Zipaquirá is located 50 kilometers north of Bogotá. On weekends , a tourist train comes through here carrying tourists and pilgrims. Although the cathedral visit is actually the second , because there are two in this same mountain : the first was closed to the public , after danger of collapse , and the current was inaugurated in 1995 using part of the network of tunnels and no is active. Because, although it can see during the visit , the mine is still working many feet below the cathedral, in the bowels of the mountain. The Bogota Garavito Pearl architect created a whole symbolism crosses carved from blocks of salt making body with the same mountain. It's all been worth with lights blue tones , allowing access from station to station until the great nave of the Cathedral . She is seen first from above, where would the body in a conventional church, then down stairs ( salt , of course ) and come before the altar , behind which is carved a giant cross on the wall of salt, illuminated as if it were in relief. At the end of the route passes through an underground shopping mall , where a representation of the Chibcha Chieftain on his raft , El Dorado , where business and jewelry with emeralds purchased with certificates of authenticity , and crafts made of salt.

The tour ends where it began , by the same entrance tunnel covered by a roof of LEDs that paraded the flags around the world . At the end you can know the Salt Museum , which is entered by another gallery from the same concourse. That's the end of the visit to the place Colombians elected a few years ago , as the primary wonder of his country. That 's saying something in a land of forests , rivers , tropical seas and fascinating mountains of gold and salt.

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