Internacional

Las bocas del paraíso

Un grupo de mujeres corta bananas, yuca y zapallo en la puerta de una choza, a la sombra, sobre una calle de tierra en Carti Sugdup, una pequeña isla densamente habitada del archipiélago de San Blas. Están preparando el almuerzo, hablan alto y a los gritos, parecen pelear, pero en realidad es el tono que utilizan para comunicarse en dulegaya, el idioma de la tribu kuna. Cuando se percatan de la presencia extranjera, y sobre todo de que el intruso acaba de disparar una, dos, tres fotos, ocultan el rostro detrás de los pañuelos que usan para cubrir su cabellera, se dan vuelta, parecen maldecir. Alguna pide un dólar: “Uno para cada una”, aclara señalando a sus compañeras, clavando la mirada en el fotógrafo. Una vez que el extranjero se va, lo miran con recelo, y siguen adelante con la faena.

Quince años atrás, el Caribe panameño era una incógnita para el viajero. Los kuna vivían de la pesca, sus cultivos y cocoteros en San Blas, hasta donde unos pocos llegaban, cuando la ruta desde la Ciudad de Panamá –hoy en día a dos horas de auto– era un barrial imposible. Lo mismo sucedía en Bocas del Toro, cerca de la frontera con Costa Rica, donde los nativos ngobe y los descendientes de los afroantillanos que vinieron a trabajar en los cultivos de bananas no sabían del turismo, y también subsistían de lo que tierra y mar proveyera.

A group of young women bananas, cassava and pumpkin on the door of a hut , in the shade , on a dirt road in Carti Sugdup , a small densely populated island of the archipelago of San Blas. They are preparing lunch , talk loudly and shouting , seem to fight, but in reality is the tone they use to communicate in Kuna language of the Kuna tribe. When they realize the foreign presence , especially the intruder just shot one, two , three photos , hiding his face behind wearing scarves to cover their hair, turn around , look cursing . Some ask for a Dollar: " One for each ," says pointing to his companions, I staring at the photographer. Once you go abroad , he is regarded with suspicion, and move on with the job.

Fifteen years ago , the Caribbean, Panama was unknown to the traveler. The Kuna lived by fishing , their crops and coconut in San Blas , where a few came up when the route from Panama City today - two hours was an impossible self neighborhood . The same was true in Bocas del Toro , near the border with Costa Rica , where the natives Ngobe and the descendants of the West Indian who came to work in the fields of tourism bananas did not know , and what remained of land and sea proveyera .

Los albores del nuevo siglo trajeron vientos de cambio hacia estos islotes indómitos, otrora ignotos, que trascendieron de boca en boca. Ahora, viajar hasta ambos destinos es muy simple, ya sea por tierra, en avión o embarcado.

El Caribe panameño es un sinfín de islas que emergen del Atlántico, donde brota un enjambre de manglares y surgen playas semidesiertas. Donde viven osos perezosos, monos variopintos y delfines. Donde los indígenas preservan sus tradiciones. Bocas del Toro y San Blas combinan el más perfecto lugar común del Caribe –aguas cristalinas, arena fina, clima tropical, palmeras, corales, peces de colores– con un componente cultural que se preserva a pesar del turismo en alza.

KUNA YALA El archipiélago de San Blas, dicen, tiene tantas islas como días del año. Este es el hogar del pueblo kuna, donde viven 49 comunidades de esta etnia que también se encuentra en Colombia. Sin embargo, no siempre vivieron por aquí. “Los kunas son de tierra firme. Pero alrededor del 1800 comenzaron a llegar a las islas”, explica Gilberto Alemancia, guía de la Autoridad de Turismo de Panamá. ‘Kuna’ significa persona, y ‘yala’ montaña o territorio.”

Gilberto nació en Carti Sugdup (isla Cangrejo), una de las islas pobladas de la Comarca Kuna Yala, creada en 1938 y reconocida como autónoma desde 1953, cuando se estableció el Congreso General Kuna (CGK) como autoridad política y administrativa. Aquí viven unas 900 personas, tienen hospital, escuela primaria y secundaria, energía eléctrica de un generador propio que se enciende entre las 17.30 y las 23.00, y paneles solares. También televisión satelital, señal de celular e Internet en la escuela.

Gilberto vive y trabaja en Panamá y me invitó a pasar unos días en el hogar de su madre, Cristina. El terreno de su familia desemboca en el mar, y tiene cuatro construcciones de caña, madera y techo de paja, donde duermen en hamacas. Es una agradable noche de luna llena y corre una brisa que apacigua el tremendo sol que impera en estas latitudes. Acabo de terminar un plato de tulemasi –pescado con zapallo, banana y yuca– que cocinó Cristina, y nos sentamos con Gilberto a charlar de su pueblo, la revolución y sus costumbres. “En 1920 el presidente Belisario Porrás trató de imponer la religión católica, que las mujeres se vistieran occidentalmente, que dejáramos nuestras ceremonias tradicionales, que los pescadores pagaran impuestos. Hasta que en 1925 los líderes se cansaron y el 25 de febrero se alzó la revolución”, relata Gilberto, bajito, fornido, moreno, de ojos rasgados.

Las mujeres visten sus molas, el atuendo tradicional: faldas de colores fuertes con diseños geométricos, un pañuelo rojo en la cabeza, brazaletes o wini que les cubren brazos y piernas, un aro de oro en la nariz y pendientes en las orejas. No les gusta que las fotografíen, y resultan bastante rudas y antipáticas: raras veces devuelven el saludo. La mayoría, sobre todo las ancianas, hablan poco y nada el español. Como Cristina, la madre de Gilberto, quien a contramano de sus coterráneas me recibió respetuosa, y me hospedó gentilmente.

La mola, explica Gilberto, se utiliza por primera vez luego del ritual más importante para las mujeres kuna: la ceremonia de la pubertad. Todas pasan por este rito, aunque luego, y cada vez menos, vayan a vestir a la usanza. “Un grupo de hombres construye una casa de palma dentro de la casa de la familia, donde la muchacha se va quedar el tiempo que le dure el período al cuidado de una anciana. Su madre y otras mujeres la visitan y la bañan alternadamente con agua salada y agua dulce. Finalmente, otras dos mujeres la pintan de negro de la cabeza a los pies, con el pigmento del fruto de la jagua, y así queda por una semana. Es algo muy sagrado y lo hacen para ocultarla de malos espíritus.” Luego la vestirán con la mola, le cortarán el cabello bien corto y le colocarán el aro en la nariz, en un orificio que se le hace al nacer y que se mantiene abierto con un hilito hasta la adolescencia.

ISLAS Y PESCADORES En tierra kuna hay 365 islas rodeadas de un mar verde esmeralda, perfecto para hacer la plancha y curiosear con el snorkel. Las más conocidas son la islas del Perro, Anzuelo, Aguja, Elefante y los Cayos Holandeses. Apenas llegué a casa de Cristina, desensillé y me embarqué con un sobrino de Gilberto y sus amigos hacia Anzuelo, donde almorcé la pesca del día, con yuca y arroz, y nadé el resto de la tarde. La mañana siguiente embarqué junto a Ian, otro de sus sobrinos, rumbo a la isla del Perro, una de las más visitadas, donde hay un barco hundido. Allí conocí a Eduardo, un pescador de langostas que navega por el archipiélago en un antiguo y vetusto cayuco (el bote típico). El hombre, como todos los pescadores nativos, bucea sin tanque de oxígeno, y se sumerge unos diez metros en busca de su presa, que venderá a los dueños de los chiringuitos que cocinan para los turistas. Eduardo tenía cuatro langostas en el bote y estaba apurado por seguir con su trabajo, así que nos despedimos luego de un breve diálogo en el que me enseñó cómo las atrapa con un palo que tiene una especie de lazo. Enseguida se subió a su botecito y remó hasta el otro lado de la isla, donde lo vi sumergirse nuevamente.

Hacia el mediodía partimos rumbo a la isla Anzuelo, previo paso por la “piscina”, una delicia de islote hundido en medio del mar, donde el agua llega a los tobillos y se encuentran varias tortugas marinas. En Anzuelo se veían varios cayucos. Algunos navegando a lo lejos con sus velas extendidas, otros cerca de la costa tirando las redes, con varios pelícanos revoloteando alrededor. En tierra firme, las mujeres tejían sus molas sentadas en una hamaca, e iban de un lado a otro buscando la pesca del día para preparar la comida a los visitantes que llegan cada tanto.

LAS TIERRAS DEL ALMIRANTE Cristóbal Colón llegó a este rincón caribeño en su cuarto y último viaje. Algunas versiones aseguran que divisó un peñasco en la isla de Bastimentos con forma de toro acostado, y de ahí el nombre. Todo remite al conquistador por aquí: Almirante es el pueblo al que se llega por tierra y desde donde salen cada media hora las lanchas hacia la isla Colón, donde se concentra la mayoría de posadas, restaurantes y servicios. Frente a Colón está la isla Carenero: “carenar” significa arreglar una embarcación, justamente porque un “carenero” es un paraje a resguardo del viento y las olas. Enfrente están la isla San Cristóbal, donde vive una comunidad de indígenas ngobes, y Bastimentos, el enclave afroantillano, donde se habla el guari-guari, un dialecto del inglés. En Bastimentos, dicen, se abastecieron las embarcaciones.

Joan Bergstrom fue una de las primeras extranjeras en llegar a Bocas a fines de los ’90, navegando desde su Florida natal. Dice que se enamoró del lugar, de su gente, de su naturaleza indómita, cuando el paraíso bocatorense aún estaba intacto. Y fue así que construyó Casa Acuario, una posada en la apacible Carenero. Una construcción típica caribeña, de madera y balcones con vista al mar. “Me pasé una vida entera buscando este lugar”, dice

Joan. Y detrás de ella, comenzaron a llegar los nuevos colonizadores, extranjeros ávidos de sitios vírgenes donde empezar una nueva vida.

Como Luis Bertone, surfista marplatense que lleva una década por aquí. Cuando llegó, puso una escuela de surf y enseguida conoció a Penny, su encantadora mujer, con quien tiene una hija. Juntos montaron el restaurante Bibi’s on the Beach, uno de los mejores del lugar. “Me quedé en Bocas por el clima, la naturaleza, las olas. Porque había cosas por hacer en desarrollo turístico. Y porque es tranquilo, tal vez demasiado”, cuenta y reflexiona Luis. Los mejores lugares para surfear, según este especialista, son Carenero, Paunch, Bluff, Playa Larga y Playa Primera en Bastimentos. “Considerando que es el Caribe, tiene más de lo que uno espera.”

En Bocas son muchas las playas por recorrer. Para conocer los Cayos Zapatilla, así llamado por el nombre indígena de un fruto endémico, la mejor alternativa es tomar una excursión de día completo. Avistaje de delfines, snorkel, descanso y caminata en los cayos, osos perezosos en los manglares. Un día largo y bien aprovechado.

El coral surfing es una actividad novedosa y con cierta adrenalina. Alejandro Tello, argentino, y su mujer Cloé, francesa, ofrecen surfear los corales. Se trata de ir agarrado a dos aletas que se mueven independientemente y van amarradas a una soga de la lancha, una forma entretenida de conocer el riquísimo fondo marino, sus arrecifes y peces de colores. La actividad se puede combinar con snorkel alrededor de un barco hundido y parada en playa Estrella, un itinerario de día completo. “Organizamos la salida en función de lo que nos piden los pasajeros, los grupos siempre son pequeños”, dice Cloé.

El resto de las playas son muy accesibles por cuenta propia. Las más renombradas son Wizard y Red Frog en Bastimentos; Bluff y Playa Estrella en Colón. A Wizard se llega por un sendero en medio de la jungla de Bastimentos. A mitad de camino está Up in The Hill, donde sirven jugos naturales con frutos de su finca, brownies espectaculares con chocolate de su cosecha propia, y se elaboran productos con aceite de coco. Es el punto ideal para un parate durante la caminata.

Para ir a Red Frog, también en Bastimentos, hay que tomar una lancha y luego caminar un sendero donde, con un poco de suerte, se puede ver la famosa rana roja que le da el nombre. La playa es extensa y con buenas olas, a diferencia de Carenero, que se caracteriza por sus piscinas naturales. Para llegar hasta Bluff, una de las mejores para surfear, hay que tomar un taxi en Colón.

Ya es de noche y desde mi hamaca en Casa Acuario veo las luces de la isla Colón, la estela de luz de las lanchas que van y vienen, el manso Caribe, la luna creciente. “La mayoría de mis amigos son nativos e indios, paso mucho tiempo con ellos –dice Joan, sentada ahora a mi lado–. Aquí podés vivir con lo que cultivás y pescás. Hay pocos lugares en el mundo donde se puede hacer esto. Los que vienen de afuera piensan que les van a enseñar a los de aquí, y son ellos los que tienen mucho que enseñarnos a los de afuera.”

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The new century brought winds of change into these untamed , once uncharted islands , which transcended word of mouth . Now, travel to both destinations is very simple, whether by land , air or shipped .

Panama 's Caribbean countless islands that emerge from the Atlantic, which springs a swarm of semi-deserted beaches and mangroves arise . Live where sloths, monkeys and dolphins motley . Where indigenous preserve their traditions. Bocas del Toro and San Blas combine the most commonplace of perfect crystalline Caribbean waters , sandy , tropical climate, palm trees , corals , goldfish , with a cultural component that is preserved despite the growth in tourism .

Kuna Yala San Blas Archipelago , they say, has many islands as there are days of the year. This is the home of the Kuna people , where 49 communities in this ethnic group is also found in Colombia live. However, not always lived here. " The Kuna are mainland. But about 1800 began to reach the islands , "says Gilberto Alemancia guide of the Tourism Authority of Panama . ' Kuna ' means person , and ' yala ' mountain or territory. "

Gilberto was born in Carti Sugdup ( Crab Island ) , one of the inhabited islands of Kuna Yala, created in 1938 and recognized as autonomous since 1953, when the General Kuna Congress ( CGK ) as political and administrative authority was established. 900 people live here , have hospital, primary and secondary school , a power generator that turns itself between 1730 and 2300 , and solar panels. Also satellite television, Internet and mobile signal in school.

Gilberto living and working in Panama and invited me to spend a few days at the home of her mother , Cristina. The land of your family meets the sea , and has four constructs cane, wood and thatch , where they sleep in hammocks. It's a nice moonlit night and runs a breeze that soothes the tremendous sunshine prevailing in these latitudes. I just finished a bowl of tulemasi - fish with pumpkin , banana and cassava cooked - to Cristina , and we sat chatting with Gilberto his people , the revolution and customs. " In 1920, President Belisario Porras tried to impose the Catholic religion, the Western- dressed women , we left our traditional ceremonies, fishers pay taxes . Until 1925 the leaders tired and February 25 rose revolution , "says Gilberto , short, stocky , dark , slanted eyes .

Women wear their molas , the traditional attire : skirts in bright colors with geometric designs , a red head scarf , bracelets or covering them wini arms and legs, a gold hoop earrings in the nose and ears. They do not like to be photographed , and are quite rude and unfriendly : rarely wave back . Most , especially the elderly , speak little or no Spanish. As Cristina , the mother of Gilberto , who counter to their countrywomen received me respectfully and graciously hosted me .

The mola explains Gilberto , is used for the first time after more important for women kuna ritual ceremony puberty. All go through this rite , but then less and less , are to dress in the style . " A group of men building a house in the palm family home , where the girl is going to be time during the term of an elderly care . His mother and other women in turn visit and bathe with salt water and fresh water. Finally, two other women painted in black from head to toe, with the pigment of the fruit of the Jagua , and it is so for a week. It is something very sacred and they do it to hide it from evil spirits. "After the dress in the cool , you cut the hair short and he placed the ring on her nose , a hole that is done at birth and remains open with a trickle through adolescence.

ISLANDS AND FISHERMEN In kuna earth there are 365 islands surrounded by emerald coast , perfect for grilled and browse the snorkel . The best known are the islands of the Dog, Hook , Needle , Elephant Keys and Dutch . Just got home from Cristina , I unsaddled and embarked with Gilberto 's nephew and his friends to Hook , where I had lunch the day's catch , cassava and rice, and swam the rest of the afternoon . The next morning we sailed with Ian , another of his nephews , heading to the island of the Dog, one of the most visited , where a sunken ship. There I met Eduardo , a lobsterman sailing the archipelago in an old and dilapidated canoe (the typical boat) . Man, like all native fishermen , dive without oxygen tank, and submerged thirty feet in search of prey , which sold to the owners of the bars cooking for tourists. Eduardo had four lobsters in the pot and was in a hurry to get on with their work, so we said goodbye after a brief conversation in which he taught me how to catch a bat that has a kind of loop. Then he got in his little boat and rowed to the other side of the island, where I saw him dive again.

Around noon we left for Hook Island , after passing through the "pool" , delightful island sunk in the sea , where the water reaches the ankles and there are several sea turtles. In Hook several canoes were seen. Some sailing in the distance with outstretched sails , others near the coast pulling nets , several pelicans hovering around . On land, the women wove their molas sitting in a hammock, and went from place to place looking for the catch of the day to prepare the food to the visitors who come every so often .

LAND OF ADMIRAL Christopher Columbus arrived on this Caribbean corner in his fourth and last voyage . Some versions say they saw a rock on the island of Bastimentos lying bull -shaped , hence the name . Everything here refers to the conqueror : Admiral is the people that can be reached by land and from where depart every half hour the boats to the island Columbus , where most of inns , restaurants and services are concentrated. Opposite the island is Colón Carenero " careen " means to arrange a boat, just because a " carenero " is a spot out of the wind and waves. Opposite are the island San Cristobal, where a community of indigenous Ngobe Bastimentos lives , and the West Indian enclave , where guari - guari , a dialect of English is spoken . In Bastimentos , they say , the boats were supplied .

Joan Bergstrom was one of the first foreigners to arrive in Bocas in the late '90s , sailing from his native Florida. He says he fell in love with the place , its people , its untamed nature when bocatorense paradise was still intact . And so he built Aquarius House , an inn in the peaceful Carenero . A typical Caribbean construction, wood and balconies overlooking the sea. "I spent a lifetime looking for this place," says

Joan . And behind her , began to get the new settlers , eager virgins foreign places to begin a new life.

As Luis Bertone, marplatense surfer who has spent a decade here. When I arrived, put a surf school and soon met Penny, his lovely wife , with whom he has a daughter. Assembled Together Bibi 's on the Beach restaurant, one of the best in the place . "I was in Bocas by climate, nature , waves . Because there were things to be done in tourism development. And because it is quiet , maybe too much , "says Luis and reflects . The best places to surf , as this specialist are Carenero , Paunch , Bluff, Long Beach and Bastimentos Beach front . " Whereas it is the Caribbean , has more than what you expect . "

In Bocas are many beaches to go. For the Shoe Keys , named after the indigenous name of an endemic fruit , the best alternative is to take a full day excursion . Dolphin watching , snorkeling, hiking and relaxing in the Keys , sloths in the mangroves. A long day well spent .

The coral is a novel and surfing with some adrenaline activity. Alejandro Tello, Argentina , and his wife Chloe , French , offer surfing corals. This is going gripped two flaps that move independently and are closely tied to a rope from the boat, a fun way to learn about the rich seabed, reefs and colorful fish . The activity can be combined with snorkel around a sunken beach and stop at Estrella, an itinerary full day boat. "We organize the output based on what we ask passengers , groups are always small ," says Chloe.

The rest of the beaches are very accessible on their own. Are the most renowned Wizard and Red Frog in Bastimentos ; Bluff and Beach Star in Columbus. A Wizard is reached by a path in the jungle of Bastimentos . Halfway is Up in The Hill , serving fruit juices with his farm , with spectacular chocolate brownies of his own , and products are made with coconut oil. It is an ideal spot for a halt during the walk.

To go to Red Frog , also in Bastimentos , take a boat and then walk a path where , with a little luck , you can see the famous red frog that gives it its name. The beach is extensive and good waves , unlike Carenero , which is characterized by its natural pools . To reach Bluff, one of the best surfing , take a taxi in Colon.

It is night and from my hammock at Casa Acuario I see the lights of the island Columbus , Light wake of the boats coming and going , the Caribbean meek ​​, the crescent moon . "Most of my friends are natives and Indians, spend time with them, says Joan , now sitting beside me . Here you can live with what you grow and Fisheries . There are few places in the world where you can do this. Those coming from outside think that are going to teach here, and it is they who have much to teach to outsiders . "

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