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Laosianos en Argentina, y el Buda…

El Buda más grande de Sudamérica y la increíble historia de los laosianos en Argentina

Hace 40 años 293 familias de refugiados llegaron a Argentina desde el Sudeste Asiático con la promesa de techo, educación y trabajo y se encontraron con un país que no estaba listo para recibirlos. Hoy, la cuarta generación se hace cargo de su identidad que combina sus tradiciones con la modernidad, miran al futuro y ejemplifican una integración exitosa basada en el esfuerzo, la solidaridad y el compromiso con la tierra que los acogió.

Atravesar un río por la noche, alcanzar la otra orilla con la certeza del deseo y la incertidumbre de lograrlo sin ser descubiertos, recibir ayuda, sobrevivir. Ese era el objetivo que miles de laosianos buscaron alcanzar a fines de la década del 70 cuando una guerra los empujó a dejar el país que los vio nacer y buscar nuevos destinos: lejos de las bombas y un poco más cerca de la libertad y de una nueva oportunidad para sus familias.

293 familias del Sudeste Asiático llegaron en 1979 como refugiados a la Argentina escapando de una de las guerras más crueles de la historia. Tras girar varios años por la geografía de nuestro territorio muchos de ellos se instalaron en Posadas, Misiones, un paisaje que se asemeja mucho al del país natal.

El legado: El Buda más grande de Sudamérica

En febrero, cuando en Argentina todavía mirábamos de lejos la pandemia del nuevo coronavirus y no sabíamos de barbijos, cuarentena ni distancia social, Clarín viajó a Posadas en el marco de una celebración única para la comunidad laosiana: el 40° aniversario de su llegada al país y la inauguración del Buda más grande de Sudamérica.

El Buda más grande de Sudamérica

Comenzó a construirse el 31 de octubre de 2012, y fue inaugurado en febrero de este año.

Sindy Hemsouvanh tiene 31 años, es hija de refugiados y vive en la capital misionera. Su madre nació en Laos y su padre, en Tailandia. Su documento dice Alejandra, porque cuando quisieron anotarla en el Registro Civil como Sindy, no los dejaron. Ella es parte del grupo de jóvenes comprometidos con su colectividad. Para el 40° aniversario Sindy estuvo detrás de la decoración, el armado de algunos de los puestos de comidas típicas y la demostración de dos bailes tradicionales en homenaje a Buda junto a otras chicas de la ciudad.

“Ayudo mucho en el templo. Soy su ‘Uber’. Trato de colaborar desde la forma que puedo”, cuenta Sindy mientras se acomoda un rodete impoluto, practica algunos pasos que todavía no memorizó del todo y levanta un poco la falda típica para no pisar su delicada tela.

La primera noche de la celebración Sindy fue parte de una vigilia masiva para dar gracias a Buda y honrar esos 13 metros de concreto dorado al que le rezaron durante 12 horas hasta que el primer rayo de sol se reflejó en el rostro que varios de esos fieles tallaron con paciencia.

“Yo soy budista porque mis padres son budistas, pero en el 2018, cuando fui a Tailandia, entendí el por qué, me llegó al corazón. Lo tomamos como una filosofía de vida, esa es mi forma de ver a la religión”, reconoce Sindy, quien se esfuerza por transmitir parte de esa tradición a los más chicos y cree que la construcción del Buda es parte de ese objetivo: “Es un orgullo. Un patrimonio nuestro, en tierra nuestra”.

La llegada: de Laosianos a Argentina

En paralelo a la guerra de Vietnam, Laos tuvo un conflicto civil entre sectores vinculados al comunismo y quienes querían que continuara siendo una monarquía constitucional. Entre 1965 y 1973, cayeron sobre el suelo de Laos dos millones y medio de toneladas de bombas. Lo que le da el triste título de país más bombardeado del mundo.

Fernando Pedrosa es historiador y politólogo en la Universidad de Buenos Aires y explica a Clarín: “Durante la Guerra Fría el mundo se dividía en dos grandes zonas de influencia: la comunista y la capitalista. En el sudeste asiático Laos, Vietnam y Camboya estaban cayendo rápidamente en manos del comunismo después de graves conflictos. En ese marco se produce el triunfo del comunismo en Laos luego de un enfrentamiento político civil que tuvo sus momentos de violencia, y quienes perdieron esa lucha comenzaron a ser perseguidos por el régimen triunfante”.

A raíz de esto, se produce una salida masiva de personas que escaparon del país sin ninguna pertenencia. Eso se convirtió en un problema humanitario e hizo que comiencen a intervenir organismos internacionales.

El recorrido de 293 familias de laosianos

Veo Montri tiene 48 años, dejó Laos a los 8 junto a sus padres y dos de sus hermanas y recuerda las semanas previas a abandonar su país: “Teníamos que escondernos en un sótano y cuando terminaba el bombardeo veías que tu casa estaba destruída”.

Su padre estaba preso en Tailandia. Cuando logró salir en libertad escribió una carta a su esposa diciendo que estaba bien y que las esperaba del otro lado del río Mekong. “¿Cómo hacemos para cruzar a Tailandia?”, se preguntó Veo.

Lo intentaron una vez y no pudieron, insistieron la noche siguiente y lograron cruzar en canoa hacia la otra orilla. “Mamá le puso una papa en la boca a mi hermana para que no llorara porque el mínimo ruido era la muerte”, recuerda Veo.

A mediados de 1979, Naciones Unidas convoca a una Conferencia Internacional en Ginebra de la que participaron 65 gobiernos para tratar de resolver el problema de los refugiados del Sudeste Asiático (entre ellos los laosianos). Argentina fue el único país de América Latina que aceptó recibir exiliados.

Un matrimonio entre una laosiana y un argentino rezan en la ceremonia budista.

La fiesta por el 40 ° aniversario de la llegada de los laosianos a Argentina.

Hoy es la costanera de Posadas, antes era El Brete, el asentamiento donde vivieron los laosianos durante años antes de tener sus propias viviendas.

Recorte de diario sobre la llegada de refugiados del sudeste asiático a la Argentina en 1979

Somsak, uno de los monjes registra el predio donde está ubicado el templo Wat Lao Rattanaranysaram Keosawang en Posadas.

Ceremonia budista en el templo Wat Lao Rattanaranysaram Keosawang de Posadas.

Micaela viajó desde Buenos Aires a Posadas para celebrar junto a su familia.

Para las celebraciones tradicionales, Sindy un Sinh, la vestimenta típica de Laos.

Bailes típicos y karaoke en la fiesta de la comunidad laosiana.

Madre e hija preparándose con la ropa y peinado típicos laosianos

Sindy viste un Sinh, la vestimenta tradicional de Laos.

Sindy y su hermana fueron parte de la meditación que duró 12 horas.

Plata, frutas, arroz, plantas y velas son parte de las ofrendas de los fieles.

Segunda noche de celebración en el templo Wat Lao Rattanaranysaram Keosawang en Posadas.

“El gobierno militar estaba siendo acosado a nivel internacional por lo que ellos llamaron ‘La campaña anti argentina’, y para frenar esto y mostrarse respetuosos de los Derechos Humanos se ofrecen a recibir a los inmigrantes que venían de Laos, Vietnam y Camboya. El accionar fue todo para la foto. No hubo nada preparado para insertarlos en la sociedad”, analiza Pedrosa.

Micaela Bounchanavong tiene 25 años, nació en Oberá, Misiones, y es hija de una de las 293 familias de refugiados laosianos que llegaron a Argentina en 1979. Se recibió como Politóloga y Licenciada en Relaciones Internacionales e hizo su tesis sobre las circunstancias en las que su comunidad llegó a nuestro país.

“Los usaron para lavar la imagen del gobierno militar en contexto internacional. No hubo una política holística pensando en cómo integrar a un contingente positivamente”, coincide Micaela con Pedrosa, quien concluye: “El gobierno militar trató a los laosianos como trataba a los argentinos: sin considerarlos sujetos de ningún derecho”.

La integración de los laosianos: ser padres de nuestros padres

Durante su investigación, Micaela recolectó anécdotas familiares donde le contaron, por ejemplo, que en el centro de refugiados de Tailandia les mostraron videos del Mundial de fútbol del ‘78 y les prometieron vivienda, trabajo y educación gratuita.

En la etapa de estadía se organizó un Centro Nacional de Recepción en Ezeiza con el fin de garantizarles atención médica, clases de español y algunas pautas culturales de nuestro país. “Ninguna persona en Ezeiza estaba preparada para recibir un contingente con una cultura tan distinta. Después de eso los separaron a todos, fue un error”, argumenta Micaela.

Desembarco laosiano

Cantidad de familias y provincias argentinas donde se instalaron

El Brete, era un terreno a la vera del Río Paraná donde hoy está la costanera de Posadas, fue uno de los destinos para los refugiados. Lo que iba a ser un predio para una expo feria, fue tomado por las autoridades nacionales para los laosianos. Entre ellos fueron informándose acerca de las similitudes entre esa tierra colorada y la del país natal y el número de personas no paraba de aumentar. Llegaron a ser noventa familias en un espacio pensado para diez.

Aunque debía funcionar como centro de recepción mientras se buscaba ubicar a cada familia en distintas ciudades de Misiones, esa solución temporal duró nada menos que 18 años. En 1998 debió cerrar forzosamente y quienes todavía vivían allí tuvieron que irse a otros barrios de Posadas. Uno de esos lugares fue lo que hoy es la Colonia Laosiana donde levantaron el Buda, que fue financiado por ACNUR (Agencia de la ONU para los refugiados) para la construcción de 20 casas y una hectárea de tierra para cada familia.

Sin embargo, las condiciones en las que vivieron esos años alimentaron los prejuicios y la discriminación de parte de los posadeños. Para Sindy fue simplemente “por ignorancia, por tener cara diferente, con ojos achinados y nariz chata”.

Sindy vivió en El Brete hasta los cuatro años. “Mis papás eran vendedores ambulantes y se fueron a Posadas porque decían que tenía el mismo clima que Laos. Sentían que estaban en su país, veían el río Paraná y pensaban en el río Mekong”.

“Ellos están orgullosos de estar acá, son agradecidos. Pasamos mucho acá, pero pasaron cosas peores en Laos y hoy solamente saben agradecer”, dice Sindy reproduciendo seguramente un discurso que escuchó entre sus padres, tíos y abuelos a lo largo de los años.

Roberto Peralta fue uno de los funcionarios de ACNUR que acompañó la adaptación de la comunidad laosiana, y en el festejo del 40° aniversario celebrado en febrero en Posadas recordó que cada una de esas 293 familias llegó con apenas una bolsa de arpillera y que, según su parecer, “quien tiene fe, tiene el equipaje necesario para la vida”.

En cuatro décadas, mantuvieron intacta la esperanza de encontrar en Argentina un lugar donde echar raíces, donde sembrar los sueños que la guerra había roto.

Argentinas: el valor de la comunidad

La generación de Sindy y Micaela entendió que, a pesar del dolor y la discriminación que sufrió su comunidad, no había adaptación posible sin una integración de la cultura de sus padres y abuelos y la adoptada en Argentina.

Más allá de los obstáculos, Sindy busca aprovechar todas las herramientas que sus padres no tuvieron. Se define como “la eterna estudiante”. Se recibió de mecánica dental en 2009, en 2019 de técnica contable y este año, en tiempos de pandemia, estudió corte y confección y armó su propio proyecto de indumentaria confeccionando barbijos de diseño.

“Tenemos amigos argentinos y comen como nosotros. Vienen y preguntan dónde está el picante, dónde está el arroz”, cuenta Sindy.

Micaela le buscó la pata política, vio la necesidad y la obligación del uso del tapabocas y creó el proyecto “Barbijo Social”.

“Nació con el objetivo de que todos los argentinos y las argentinas pudieran acceder a un barbijo. Vale 5 pesos, porque es un producto al costo”, marca Micaela, quien luego reflexiona: “No sé si cambia realidades, pero sí lucha contra una pandemia que nos afecta a todos”.

Para poder realizar donaciones en barrios carenciados, Micaela y su socio crearon la línea premium tricapa destinada al personal de salud. Con lo recaudado, confeccionan los otros barbijos para poder repartirlos de manera gratuita.

Hasta ahora, entregaron cerca de 500 mil tapabocas en todo el país. Llegando a Ciudad de Buenos Aires, povincia de Buenos Aires, Jujuy, Misiones, Corrientes, San Juan, Santiago del Estero, San Luis, Santa Fe y Córdoba.

Veo viaja todas las mañanas en el 59 para llegar a su trabajo como enfermera en el Hospital Alemán.

Después de dejar todo preparado para recibir a los pacientes, Veo desayuna con sus compañeras del Hospital Alemán, separada por una placa de acrilico.

Micaela, una de las creadoras del proyecto “Barbijo Social”.

El encuentro de Micaela con los vecinos y la entrega de barbijos.

De adolescente, Veo decidió que quería ser enfermera universitaria. Estudiar de noche y trabajar de día para poder solventar esa carrera. “Lo elegí por vocación en la solidaridad, por cuidar al prójimo”, resalta y cuenta conmovida que muchas veces los primeros cuidados de un bebé que llega al mundo y los últimos cuando una persona muere, los hace una enfermera.

Hay algo en lo que Micaela, Sindy y Veo coinciden, y es que a pesar de todas las dificultades y obstáculos que Argentina les presentó y presenta, la siguen eligiendo.

Veo reconoce que rechazó ofertas de trabajo en otros países: “Me quedo con la Argentina y con sus locuras que uno va adquiriendo y viviendo día a día”.

“Argentina nos dio educación y salud gratis. A pesar de no haber tenido ayuda, creo que fue el mejor lugar al que pudimos caer”, sostiene Sindy.

Para Micaela, “Argentina es todo” y no se imagina su vida lejos de su “lugar en el mundo”. Y resume: “Es donde sueño hacer realidad mis ideas, donde están mi familia y mi comunidad, donde pienso vivir toda la vida y donde pienso morir”.

Créditos

EDITOR / Gastón Leturia

PRODUCCIÓN PERIODÍSTICA / Candela Martín

REALIZACIÓN AUDIOVISUAL & POSTPRODUCCIÓN / Gabriel Pecot

FOTOGRAFÍA / Gabriel Pecot

PRODUCCIÓN EJECUTIVA / Iara Uhalde

EDITOR DE PROYECTOS VISUALES / Carlos Vázquez / @carlosvazquez1

PM & DISEÑO / Tea Alberti

INFOGRAFÍAS / Laura Tedesco

PRODUCCIÓN / Tea Alberti / Valeria Castresana

EDICIÓN FOTOGRÁFICA / Julieta Gómez Bidondo

DESARROLLO / Ornella Cicalello

AGRADECIMIENTOS / Comunidad Laosiana en Posadas / Asociación Wat Lao Rattanaranysaram Keosawang / Hospital Alemán

Fuente Clarin

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