Opinión

La política es definir prioridades

La política es definir prioridades

Hoy el objetivo de superación es atender a los más vulnerables, sin marketing y con acciones

En estos últimos meses hemos leído o escuchado una gran cantidad de índices que muestran la gravedad de la actual crisis que atraviesa nuestro país. Entre ellos, es quizá el de pobreza el que más nos duele. Sobre todo, porque es evidente que la crisis ha sido inducida por aquellos que prometieron resolverla. Por ende, pobreza y hambre se han vuelto sinónimos que resuenan en el imaginario actual de miles de ciudadanos al escuchar los nombres propios Macri y Vidal. ¿Por qué, en tan sólo cuatro años, llegamos a esto? Claramente, porque sus prioridades fueron otras.

La política y la promesa del Pobreza Cero

El concepto de “pobreza cero”, ideado en una oficina de expertos en marketing y opinión pública, fue un gran suceso en la política argentina. No tanto por lo que decía sino más bien por quién lo decía. Promesa altisonante cuyo principal objetivo, claramente, no fue resolver el problema del hambre y la pobreza sino más bien mostrar a quienes lo enarbolaban, la Alianza Cambiemos, como una nueva derecha preocupada por los temas que siempre le preocuparon al peronismo.

Un viejo político me dijo hace unos años que la política trata de una sola cosa, las prioridades. Por ende, o las definís vos o te conformas con las que definen los otros. Establecer prioridades, en su visión, no era sólo un ejercicio intelectual sino por el contrario, la pura acción de la política. Un hacer en sí mismo. Sin embargo, para el actual gobierno, esa promesa no fue más que un slogan, el primero de una larga lista de engaños.

La “inteligencia” de la campaña electoral de la Alianza Cambiemos en el 2015 fue definir sus prioridades como si no fueran ellos, sino como si fueran otros. Es decir: secuestraron las prioridades de una tradición muy distante y opuesta a la propia, la de sus adversarios políticos, y las hicieron propias, por la simple razón de que si decían la verdad, si contaban cuáles eran sus prioridades verdaderas, nadie se atrevería a votarlos.

¿Pero acaso no es una prioridad la lucha contra el hambre? Se podrán preguntar ustedes. Estoy seguro que todos vamos a estar de acuerdo en que sí lo es, más allá del ideario político o la tradición a la que pertenezcan. Todos vamos a ponerlo en los primeros ítems de nuestra lista. Sin embargo, es evidente que ese acuerdo no implica necesariamente un contrato vinculante. Quiero decir: para algunos, en estos temas, siempre hay prioridades más prioritarias que otras.

Pensemos en la famosa “teoría del derrame”, tan invocada por sus cuadros técnicos. Si pensamos bien el concepto, la idea sería que si bien hay un cierto grupo de prioridades que resolver, las de “abajo”, hay otro grupo que deben ser resueltas primero, las de “arriba”. Entonces, lo que “sobra” se derrama. Macri y Vidal apelaron al “hambre cero”, pero sólo como condición para llevar adelante un montón de otras políticas que no hicieron otra cosa que acrecentar y profundizar el propio problema. No sobró nada para derramarse, sino más bien faltó de todo y mucho más.

La política de Estado del siglo XXI

El peronismo, en cambio, siempre tuvo entre sus prioridades la lucha contra el hambre y la pobreza. Son parte esencial en la definición de su identidad, puesto que uno también se define por aquello contra lo que lucha. Y el peronismo jamás pensó al hambre y la pobreza como “prioridades de segunda clase” a la espera de que se resuelvan otros problemas. La pobreza es el primer escalón: ningún chico puede pasar hambre en nuestro país. Como dijo Alberto Fernández al presentar en estos días el Plan Argentina contra el Hambre: esta es una batalla moral que todos tenemos que dar, esta debe ser la primera política de Estado del siglo XXI.

Las cartas están echadas sobre la mesa. El marketing perdió su momento y la política recupera su rol como ordenadora de la vida pública, como espacio en el que las prioridades de los muchos son tenidas en cuenta. Este próximo 27 de octubre millones de argentinos podrán optar por dos modelos, no sólo económicos, sino fundamentalmente conceptuales: qué país queremos para nosotros y para los que están por venir. Las prioridades no esperan, el momento es ahora.

Fuente Diagonales

Matías molle , autor del Artículo
Por Matías Molle
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