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La Pampa tiene el caldén

Un viaje por las rutas y caminos de tierra de La Pampa hasta la colonia menonita cercana a Guatraché, la Reserva Provincial Parque Luro para ver la brama de los ciervos en celo, las salinas en Jacinto Aráuz y una estancia rodeada de puro verde.

Por Julián Varsavsky Fotos de Bernardino ávila

Nuestro plan, en principio, es una gira por la Patagonia. Partimos a media mañana desde Buenos Aires sin itinerario fijo y la primera parada es Santa Rosa de La Pampa, una “ciudad de paso”. Al atardecer nos alojamos en la estancia Villaverde, a nueve kilómetros del centro, pero donde se ve la planicie pampeana a los cuatro costados hasta donde pierde el foco la mirada. La idea es pasar la noche en un lugar agradable y seguir rumbo a Neuquén.

Amanece y nos despierta una superposición de trinos: teros, cardenales y jilgueros compiten para ver quién canta más fuerte. No dan ganas de partir y remoloneamos por demás en la cama. Al abrir la ventana inunda el ambiente un refrescante aroma a verde de la lluvia de anoche. Miramos el reloj y lo que tienta no es agarrar el volante sino salir a caminar por la pampa.

En el desayuno sirven unos pastelitos de antología con dulce de membrillo. Y mientras nos activamos aparece otra vez la pampa infinita tras el ventanal del desayunador. Nuestro anfitrión, Hugo Fernández Zamponi, pregunta si deseamos recorrerla a la antigua, en un carruaje francés comprado por sus abuelos en 1935. Ni lo dudamos.

Un guía vestido de gaucho nos conduce en el carruaje por una calle de tierra entre dos paredes arboladas con eucaliptos que no dejan pasar la luz. Al salir del túnel vegetal nos internamos en la planicie tapizada por pasto puna para avanzar rumbo al horizonte. En la lejanía una pareja de huéspedes hace lo mismo que nosotros pero a caballo, y parecen dos puntitos en la inmensidad, donde se erigen ellos y un caldén solitario.

Al regreso pasamos por la reconstrucción de un fortín que perteneció al Ejército durante la Campaña del Desierto, donde están los ranchos de la comandancia y la tropa, el pozo de agua y el horno de barro, rodeados por una cerca de palo a pique. Además se ha levantado un mangrullo, la precaria “torre” que tenían los fortines para vigilar el acecho del enemigo, cuya base fue el resto arqueológico que permitió identificar este fortín del año 1870.

CIERVOS EN CELO La segunda noche transcurre sublime en la inmensidad pampeana. Nos alejamos unos metros del casco de la estancia para observar un firmamento estrellado como no hemos visto otro jamás. No sopla siquiera una brisa y no hace frío ni calor. El silencio es absoluto, salvo por el chistido de una lechuza, el grito alarmado de un tero y el mugido lejano de una vaca. La cama nos llama.

–¿Sabían que estamos en plena brama del ciervo en el Parque Luro? –nos pregunta en la mañana Hugo con simulada ingenuidad.

–No, ¿de qué se trata? –interrogamos con ingenuidad real.

Resulta que cada año, entre el 15 marzo y fines de abril, la comunidad de ciervos de la Reserva Provincial Parque Luro entra en celo, generando un espectáculo natural que parece un documental de fauna visto en directo.

La pregunta de nuestro anfitrión es a todas luces una efectiva trampa para retenernos un rato más en la provincia. Así que partimos hacia el Parque Luro, a 35 kilómetros de Santa Rosa, en principio para pasar unas horas allí y seguir viaje.

Al ingresar al Parque vemos el imponente palacio blanco levantado en 1911 para el terrateniente Pedro Luro, en una planicie rodeada de estatuas. Cada hora comienza una visita guiada y nos sumamos a una.

El edificio es obra del arquitecto francés Alberto Favre, con un estilo Luis XVI que propone un regreso al clasicismo, con abundantes motivos griegos y romanos. Entre las excentricidades de este hacendado hay una cocina exterior –para evitar el olor a comida en el palacio– conectada al edificio por un túnel para que los visitantes no vieran a los mozos traer la comida por el jardín lateral.

El señor Luro hizo de sus jardines un coto de caza, como se acostumbraba entre la realeza europea. Por eso introdujo ciervos colorados traídos de Europa, para entretener con la caza a sus amigos de visita. Pero esos ciervos carecían de predadores y se reprodujeron de manera inesperada: ahora pueblan varios sectores de la Patagonia y llegan hasta la provincia de San Luis.

Terminada la visita histórica, es hora de ir a ver a los ciervos en estado natural. Arrancamos a pie, bordeando el excelente camping del Parque Luro, cuando aparecen las primeras hembras de ciervo acercándose a tomar agua. Las vemos con cierta cercanía pero al divisarnos huyen hacia el bosque de caldenes. Almorzamos en la confitería del camping y el mozo nos explica que para ver mejor a los ciervos hay que esperar el atardecer, cuando salen del bosque.

Extendemos una lona a la sombra de un caldén y nos entregamos a una profunda siesta que estaba fuera de todo plan. Luego de un café, en el puesto de información un guardaparque nos derriba el mito de que “La pampa tiene el ombú”. Pues resulta que el bifurcado ombú está en la Pampa húmeda de la provincia de Buenos Aires, y no tanto en el centro y sur de la provincia de La Pampa, cuyo ambiente de transición está más emparentado con la Patagonia. Así que aquí “la pampa tiene el caldén”, un árbol aparasolado pariente del algarrobo.

Al atardecer salimos a caminar por los senderos de avistaje de fauna donde aparecen una pareja de ñandúes y una mulita. A esa hora, como si estuvieran coordinados, los ciervos machos comienzan a bramar llamando a las hembras. La organización social de los ciervos en época de brama es el harén. Los machos lanzan sus bramidos para atraer a las hembras, y así marcan el territorio. El bramido también les advierte a los otros machos quién es el más fuerte: muchas veces las disputas son a los empujones, embistiéndose con las ramificadas cornamentas, aunque rara vez alguno sale lastimado.

El harén de un macho puede tener más de quince hembras, que son copuladas en un acto sexual que dura cuatro segundos. Terminada la época de brama, los machos se esconden solitarios en el bosque y casi no vuelven a salir. En cambio las hembras se pueden ver todo el año con facilidad.

El sendero culmina junto a las cabañas del Parque Luro, equipadas con agua caliente, calefacción y aire acondicionado. La curiosidad nos gana y pedimos verlas. Al poner la llave en la cerradura vemos a tres ciervos hembra pastando a un costado de la cabaña. No hay mucho que pensar: nos quedamos.

Después de la cena en el comedor del complejo llega Eduardo Vignau con dos telescopios portátiles para ofrecerles a los huéspedes una clase de astronomía. El estudioso se toma su tiempo para enfocar algo en el cielo y al asomar el ojo por la mirilla descubrimos la superficie de la luna con una nitidez absoluta, donde se distinguen sus cráteres. Luego llega el turno de Júpiter.

La noche termina con un debate filosófico bajo las estrellas acerca del concepto del espacio infinito y el hipotético número finito de galaxias que podrían existir en el espacio exterior. Con esa inquietud nos vamos a dormir.

Antes de ir al cuarto Vignau hace un comentario al pasar: “A 20 minutos de Guatraché hay una comunidad menonita, donde la gente vive por decisión propia casi como en la Edad Media, sin electricidad, teléfono ni auto, siguiendo una interpretación extrema de la modestia cristiana y el carácter sacrificado de la existencia”.

COMO EN LA EDAD MEDIA Amanece, abro la ventana y un cierva me mira fijo por un instante. Le saco una foto y huye hacia un monte. Durante el desayuno pregunto qué distancia hay hasta Guatraché: dos horas y media de viaje. La decisión está tomada.

En la Oficina de Turismo de Guatraché contratamos un guía para que nos interne en los secretos del poblado menonita Nueva Esperanza. Con tanta buena suerte que nos cruzamos con Gertrudis y su hermana, dos menonitas que regresan al pueblo luego de una visita al médico: las llevamos.

Las dos menonitas son rubias de ojos azules, altas y de piel transparente. Usan vestido largo sin botones, un pañuelo les cubre cabeza y cuello, y calzan anticuadas sandalias arriba de medias blancas. Gertrudis nació en Nueva Esperanza hace 21 años y habla español con acento alemán y pequeños errores. Su hermana, cinco años mayor, casi no entiende palabra en castellano. Con el guía –a quien conoce bien– Gertrudis habla, bromea y hasta se ríe. Pero a los extraños les responde con monosílabos: “¿Te gusta cómo juega Messi?”. “No sé.” “¿Pero sabes quién es?” “No.” “¿Y Maradona?” “Tampoco.”

Ocurre que los menonitas son una secta anabaptista derivada del protestantismo de Lutero, una opción radical por un cristianismo puritano y ascético en la que no se permite usar luz eléctrica, escuchar música, tener teléfono, auto, radio ni televisión. Entre ellos hablan un antiguo dialecto mezcla de alemán con holandés, que hoy no entienden alemanes ni holandeses. No reconocen patria ni Estado. Tienen DNI pero no votan y educan a sus hijos en sus propias escuelas, donde el único libro que se lee es la Biblia. Además, aprenden a sumar, restar y dividir. Y nada más. Entre los 1500 habitantes de Colonia Esperanza que viven encerrados en su mundo –ajenos a toda globalización y fuera del tiempo– pocos saben quién fue San Martín. Varios menonitas consultados no lo conocen.

Colonia Esperanza es como una aldea medieval europea fuera de tiempo y lugar, no por los edificios sino por la gente. Por las calles de tierra sólo se ven carros tirados a caballo cargados con tambos de leche, la principal actividad de los menonitas. También son excelentes herreros, carpinteros y zapateros. Cada casa tiene campo sembrado alrededor y muchos niños jugando en el frente, considerados un regalo de Dios, cuya llegada no se debe evitar. En el almacén de ramos generales Don Jacobo atiende vistiendo su mameluco de rigor –como todos los hombres y niños del pueblo– y al caer el sol alumbra su negocio con un tendido de caños de gas con lámparas de camping. En un estante hay cinco rústicas planchas de acero como las de antes, que se calientan a carbón.

ATARDECER EN LA SALINA Regresamos a pasar la noche en Guatraché. Y les vamos tomando el gustito a las planicies desoladas de La Pampa: ahora ya no nos queremos ir.

Al día siguiente visitamos la salina Colorada Chica y en el camino pasamos a buscar al guía Miguel Rodríguez en el pueblo de Jacinto Aráuz, quien nos cuenta la historia de la salina aún en producción. Al final de la blanca caminata el guía nos pregunta si queremos ir al cercano pueblo fantasma de Colonia San Rosario, creado por inmigrantes alemanes del Volga en 1920, hoy abandonado. Miguel agrega que en el pueblo de Chacharramendi existe una pulpería creada en 1901.

Los comentarios del guía nos resultan sospechosos. Y concluimos que existe un complot: los pampeanos no quieren que uno se vaya, con el objetivo de derrumbar ese otro mito de que “en la pampa no hay nada para los viajeros”. A esta altura es evidente que el mito es falso, pero esta vez nos ponemos firmes y torcemos estoicamente nuestro deseo vuelto a tentar: doblamos hacia el sur en la RP152 rumbo a Neuquén. Página 12

A journey through the paths and dirt roads of La Pampa to the Mennonite settlement near Guatraché , Luro Reserve Provincial Park to see the deer rutting in heat, the salt in Jacinto Arauz and surrounded stay pure green .

By Julian Varsavsky Photos Bernardino Avila

Our plan , in principle, is a tour of Patagonia. We left mid-morning from Buenos Aires with no fixed itinerary and the first stop is Santa Rosa de La Pampa, a "city pass " . In the evening we stayed in the room Villaverde , nine miles from downtown, but where is the Pampean plain to all sides as far as the eye loses focus . The idea is to spend the night in a nice place and continue towards Neuquén.

Sunrise and we wake up one overlapping trills : lapwings , cardinals and goldfinches compete to see who sings louder. Do not feel like leaving and remoloneamos by other in bed. Opening the window floods the room a refreshing scent of green rain last night . We look at the clock and it is tempting to grab the steering wheel but walking out on the pampa.

At breakfast a few cupcakes served with quince anthology . And again the endless pampas as we activate the window appears after the breakfast . Our host, Hugo Fernandez Zamponi asks if we want to explore on the old , in a French carriage bought by his grandparents in 1935. Do not even hesitate .

A gaucho dress guide leads us into the carriage by a dirt road between two walls with eucalyptus woodlands not let in light . Upon exiting the tunnel vegetable we get into the plain lined by puna grass to advance towards the horizon . In the distance a couple of guests does the same as us but horses and look like two dots in the vastness , where they are erected and a lone caldén .

When we return to rebuild a fort that belonged to the Army during Desert Campaign , where ranches and Troop Command , the well water and the clay oven , surrounded by a fence post are sunk . It has also built a watchtower , the precarious " tower " that had the forts to monitor stalking the enemy , whose base was the ruin which identified this fort in 1870.

DEER IN HEAT The second night passed on the Pampas sublime immensity. We left a few meters from the ranch house to watch a starry sky as we have not ever seen one . Not even the breeze and not cold nor hot. The silence is absolute, except for the hiss of an owl , the alarm cry of a uterus and the distant lowing of a cow. The bed beckons.

- Did you know that we are in full rut in Deer Park Luro ? - We asked Hugo in mock innocence morning .

- No , what is it? Real naivety - questioned .

It turns out that each year , between 15 March and late April , the community of Deer Provincial Park Reserve Luro goes into heat , creating a natural spectacle that looks like a wildlife documentary seen live .

The question of our host is clearly an effective trap for a while to keep us in the province . So we left for the Luro Park , 35 miles from Santa Rosa, in principle we spend a few hours there and keep books.

Upon entering the park we see the imposing white palace built in 1911 for the landlord Peter halide, in a plain surrounded by statues. Every hour guided tour begins and we join one.

The building was designed by the French architect Alberto Favre, a Louis XVI style that suggests a return to classicism , abundant Greek and Roman motifs. Among the eccentricities of this planter there is an outside - to prevent the smell of cooking food in the palace building connected by a tunnel so that visitors would not see the waiters bring the food to the side garden .

Mr. Luro gardens made ​​a hunting ground , as was customary among European royalty . Therefore introduced red deer brought from Europe , to entertain hunting with his friends to visit. But those deer lacked predators and reproduced unexpectedly : now populate various sectors of Patagonia and reach the province of San Luis .

After the historic visit , it's time to go to see deer in the wild. We started to walk along the excellent campground Luro Park when the first female deer coming to drink water appear . We see a certain closeness but divisarnos flee to the forest caldenes . We had lunch in the tearoom of camping and the waiter explains that to better see deer expect dusk , when they leave the forest.

We extend a tarp in the shade of a caldén and we surrender to a deep nap that was out of the plan. After coffee at the information desk a ranger knocks us down the myth that " La Pampa has ombú " . It turns out that the bifurcated ombú is in the humid Pampas of Buenos Aires province , rather than in the center and south of the province of La Pampa , the transitional environment is more akin to Patagonia. So here " the pampa is the caldén " a relative of the carob tree aparasolado .

In the evening we went out to walk the trails of wildlife watching where a couple of ostriches and mullite appear . At that time , as if they were coordinated , deer males begin bellowing calling females. Social organization in deer rutting season is the harem. The males release their bellows to attract females , and thus mark territory . Bellow also warns the other male who is stronger : often disputes are pushing, butting with branched antlers , though rarely one gets hurt .

The harem male can have more than fifteen females that are mated in a sexual act that lasts four seconds. After the rutting season , males are hiding in the woods lonely and almost never come out . However females can be seen all year round with ease.

The trail culminates with the Luro Park cabins , equipped with hot water , heating and air conditioning. Curiosity wins us and asked to see them. Turn the key in the lock see three female deer grazing on the side of the cabin. Not much to think, we were .

After dinner in the dining complex Vignau Eduardo comes with two portable telescopes to offer guests an astronomy class . The student takes the time to focus on something in the sky and hover the eye through the peephole discovered the surface of the moon with absolute clarity , where craters are distinguished . Then comes the turn of Jupiter.

The evening ends with a philosophical debate under the stars on the concept of infinite space and hypothetical finite number of galaxies that could exist in outer space. With this concern we go to sleep.

Before going to bed Vignau makes a passing comment : " A 20-minute Guatraché is a Mennonite community , where people live by choice almost like in the Middle Ages , no electricity , telephone or car, following an extreme interpretation of the Christian modesty and the sacrificial nature of existence . "

AS IN THE MIDDLE AGES dawns , I open the window and a doe looks at me for a moment fixed . I take a picture and flees to a mountain . During breakfast I wonder how far it is to Guatraché : two hours and a half. The decision is taken .

The Tourist Office Guatraché hired a guide for interne us into the secrets of New Hope Mennonite village . So good luck we met with Gertrude and her sister, two Mennonites returning to town after a visit to the doctor : the lead.

Both are blonde blue Mennonites , high transparent eyes and skin. They wear long dress without buttons , a scarf covering their head and neck, sandals and shoes fashioned white stockings above . Gertrude was born in New Hope for 21 years and speaks Spanish with a German accent and small errors. Her sister, five years older , almost do not understand a word in Castilian . With the guide who knows - Gertrudis speech, jokes and even laughs . But strangers are answered in monosyllables : " Do you like how Messi plays ? " . " I do not know . " " But you know who it is? " "No. " "And Maradona " " Neither . "

It happens that the Mennonites are an Anabaptist sect derived from Protestantism of Luther, a radical option for a puritan and ascetic Christianity which is not allowed to use electricity , listen to music , have a telephone , car , radio or television. These speak an ancient dialect of German with Dutch mix , which today do not understand German or Dutch. No country or state recognized . They DNI but do not vote and educate their children in their own schools , where the only book you read is the Bible. They also learn to add, subtract and divide. And nothing more . Among the 1500 residents of Colonia Esperanza living locked in their world - globalization and unrelated to any outside time - few know who St. Martin. Some respondents Mennonites do not know .

Colonia Esperanza is like a medieval European village outside of time and place , not by buildings but by the people . The streets are just dirt horse carts loaded with dairy milk , the main activity of the Mennonites . They are also excellent blacksmiths , carpenters and shoemakers . Each house has planted surrounding countryside and many children playing in the front, considered a gift from God , whose arrival should not be avoided. In the general store caters Don Jacobo wearing her romper rigor - like all men and boys of the village , and at sunset illuminates your business with a laying of gas pipes camping lamps . On a shelf are five rustic steel plates as before , warming coal .

SUNSET IN SALINA returned to spend the night in Guatraché . And we 're taking gustito to the desolate plains of La Pampa : now we no longer want to go.

The next day we visited the salt Colorada Chica and along the way we pick the guide Miguel Rodriguez in the town of Jacinto Arauz , who tells the story of the salt still in production . At the end of the white walk the guide asks us if we want to go to the nearby ghost town of Colonia San Rosario , created by the Volga German immigrants in 1920 , now abandoned . Miguel says that in the village there is a grocery Chacharramendi created in 1901.

The comments guide us are suspects. And conclude that there is a conspiracy : the Pampas not want you to go, in order to bring down this other myth that " in the pampa nothing for travelers ." At this point it is clear that the myth is false , but this time we get firm and we turn our desire stoically try again : we turned south on the RP152 towards Neuquén.

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Traduction by Google Translator

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