Internacional

India: ¿el “peor trabajo del mundo”?

India: ¿cuándo va a mejorar el “peor trabajo del mundo”?

Por Sindhu Menon

El estado de Gujarat es citado a menudo como uno de los estados más desarrollados de la India, pero eso no ha impedido que algunos de sus habitantes estén condenados a vivir peor que en la Edad Media.

Al compartir este artículo ACERCANDO NACIONES no tiene la intención de acercarse a un amarillismo, ni a denigrar o juzgar las cultura, la idiosincracia o la política social de ninguna Nación.

Pero si creemos que debemos acercar saberes y ello implica conocer de realidades distintas a la de nuestra Argentina, para aprender de ellas y valorar lo propio, así como buscar los ejemplos de desarrollo y posperidad que cada cultura nos puede enseñar

Finalmente la vida es un camino, una permanente búsqueda de la felicidad y compartiendo saberes nos podemos formar una mejor idea de como debemos forjar nuetstro propio camino como Sociedad
Jorge E. Tuero

La Ley sobre los vaciadores de letrinas y la construcción de letrinas secas de 1993 hizo que, por fin, el “peor trabajo del mundo” –la limpieza manual de letrinas sin cisterna (también conocida como la recogida manual de letrinas)– se considerara ilegal.

Para fortalecerla, el año pasado se aprobó una nueva ley con el objetivo de responsabilizar directamente a las autoridades locales de su implementación.

Sin embargo, en la India sigue habiendo cientos de miles de ‘recogedores de materias fecales’ –que son los que recogen físicamente los excrementos humanos de las letrinas ‘secas’–.

Y hay millones más que se dedican a limpiar a mano los desechos humanos y las basuras.

Este trabajo lo suele desempeñar la comunidad dalit (intocables), que es la casta más baja. En Gujarat el trabajo lo realizan los valmikis (también denominados bhangis).

Alrededor de 80.000 familias valmikis contribuyen a mantener Gujarat limpio: barren las calles y limpian las cloacas y las letrinas públicas, recogiendo manualmente los excrementos humanos.

Hitendra Kumar Purushotam Das, apodado Hiten, es uno de ellos.

Está empleado como trabajador de saneamiento, o safai karmachari, por la sociedad municipal Ahmadabad Municipal Corporation (AMC).

Su esposa Maheshwari, su hermano y su cuñada son también safai karmacharis.

“Nosotros somos los que limpiamos la ciudad y conseguimos que sus habitantes no contraigan enfermedades, pero la gente nos rechaza debido a nuestra casta”.

En virtud de la ley de 1993, el empleo de trabajadores para recoger o transportar excrementos humanos, o para construir letrinas secas sin unas instalaciones de desagüe adecuadas, puede castigarse con penas de cárcel de hasta un año y/o una multa de hasta 2.000 rupias (33 USD).

La Ley de 2013 ha aumentado las penas de cárcel hasta cinco años y la multa hasta 500.000 rupias (8.300 USD). Pero esto no ha impedido que esta práctica milenaria siga existiendo, ni que se filtren otras formas más convencionales del trabajo de la eliminación de desechos.

Negaciones y discriminación

El saneamiento es un problema importante en la India. Según datos del Banco Mundial, el 10% (768.000) de las muertes que tienen lugar en la India están relacionadas con las malas condiciones del sistema de saneamiento.

Por otra parte, se calcula que en la India más de 600 millones de personas que carecen de acceso a un saneamiento adecuado defecan al aire libre.

En ciudades de todo el país, la práctica de enviar a los safai karmacharis a desatascar cloacas mugrientas sin ningún tipo de indumentaria de protección sigue siendo habitual. Y estos trabajadores están directamente empleados o contratados por los Gobiernos estatales.

El trabajo es sucio y peligroso. Todos los años, miles de limpiadores de cloacas dalits mueren en accidentes o por exposición a gases nocivos como el monóxido de carbono.

El Gobierno estatal niega que siga habiendo personas que trabajen en la recogida manual de letrinas en Gujarat, pero sobran pruebas que demuestran lo contrario.

“Los sumideros los siguen limpiando personas, y se están produciendo muertes a raíz de esto. Cuando el propio Gobierno adopta una actitud defensiva ante este problema, ¿cómo se va a conseguir eliminar la práctica de la limpieza manual de letrinas en el país?”, pregunta Bezwada Wilson, que dirige Safai Karmachari Andolan (SKA), una de las ONG dedicadas a luchar contra la limpieza manual de letrinas en la India.

Según la Constitución india, es ilegal discriminar a una persona en función de su casta, pero no es por casualidad que la mayoría de la gente que trabaja en el saneamiento en la India proceda de la comunidad dalit.

Realizan un trabajo difícil, peligroso y degradante.

“Empezamos a trabajar a las 6.30 am”, dice Hiten.

“Limpiamos las calles y las letrinas públicas. La defecación fuera de las letrinas es una práctica habitual –y eso también nos toca limpiarlo a nosotros–”.

Hiten dice que la gente –y los empleadores– suelen tratar muy mal a estos trabajadores.

“La situación se vuelve insoportable cuando tenemos que apechugar con los abusos. La gente nos llama de todo a causa de nuestra casta. Nuestras compañeras tampoco se libran de ese tipo de abusos “, dice.

A principios de este año, Hiten y otros 5.000 compañeros suyos de la AMC se declararon en huelga durante 28 días, convirtiendo el centro textil de Gujarat en una zona de acumulación de mugre y desperdicios.

Se declararon en huelga para exigir unos salarios mínimos decentes, días de descanso semanal remunerados y protección contra la opresión y la indignidad inherentes a su trabajo.

“La política de la AMC hace hincapié en que a los trabajadores contractuales se les pagará lo mismo que a los empleados regulares. Pero, durante las dos últimas décadas, a los safai karmacharis contractuales se les pagaba 100 rupias (1,63 USD) por cuatro horas de trabajo y 200 rupias (3,35 USD) por ocho horas”, dice Amrish N Patel, Secretario del Gujarat Mazdoor Sabha (GMS), el sindicato que organizó la huelga.

“Hay trabajadores con una experiencia laboral de entre 7 y 22 años que siguen trabajando en régimen contractual, sin ningún derecho a la regularidad del empleo, sin fondo de previsión (pensión) y sin días de descanso semanal remunerados”, afirma.

Inseguridad del empleo y salarios de miseria

Hiten ha trabajado para la AMC durante nueve años pero sigue teniendo un contrato temporal, como les sucede a muchos de sus compañeros y compañeras. Esto, dice, repercute considerablemente en la vida de los safai karmacharis.

“Yo soy lo bastante afortunado como para tener una pequeña casa de mi propiedad, pero muchos de mis compañeros viven en unas condiciones lamentables. Aquí hay aproximadamente 2.000 dalits viviendo en chabolas, sin agua corriente ni letrinas adecuadas”, explica Hiten.

Otro trabajador, que ha preferido permanecer en el anonimato, declaró a Equal Times que les obligan a trabajar durante muchas horas sin ningún descanso.

“Trabajamos 26 días y tenemos cuatro días libres obligatorios. Pero para nosotros ‘día libre’ significa no ganar nada. ¿Cómo podemos plantearnos ir a otro lugar mejor cuando difícilmente conseguimos llegar a fin de mes?”.

La educación es también un problema para los hijos de los safai karmacharis.

“Nuestros hijos se niegan a ir a la escuela. Dicen que ‘para limpiar y cargar desechos sólo se necesita aprender a utilizar la escoba’”, continúa Hiten.

Tradicionalmente, los hijos de los trabajadores del saneamiento son disuadidos por la sociedad, e incluso por sus propias familias, de ir a la escuela, puesto que lo que se espera de ellos es que sigan los pasos de sus padres.

“Pero con nuestra huelga de 28 días hemos conseguido abrirles los ojos a mucha gente, y eso va a contribuir a que se dé un cambio de actitud”, dice Patel.

La huelga, que empezó el 31 de diciembre de 2013, fue finalmente suspendida el 28 de enero de 2014, después de que el sindicato llegara a un acuerdo provisional con los funcionarios del Gobierno.

Pero antes de eso, los trabajadores y los líderes sindicales fueron víctimas de varios arrestos al principio de la huelga, y objeto de amenazas durante el transcurso de la misma.

Al final los delegados de la AMC prometieron una serie de concesiones: una subida salarial para los trabajadores a tiempo completo y a tiempo parcial de 1500 rupias (25 USD) y 750 rupias (12 USD) respectivamente; cuatro días de descanso al mes remunerados; y contratos fijos para todos los trabajadores a tiempo completo, así como trabajo a tiempo completo para los trabajadores a tiempo parcial.

Por una parte, la huelga fue un éxito masivo. Fue un gran ejemplo de unidad y solidaridad entre los trabajadores, según el GMS, y gracias a las manifestaciones pacíficas consiguieron ganarse el apoyo de otros trabajadores organizados en otras partes de la ciudad.

Pero Patel se resiste a afirmar que la batalla para los safai karmacharis de Ahmadabad haya terminado.

“Para nosotros la huelga es sólo un éxito parcial. La actitud positiva adoptada por la AMC no hay que creérsela al pie de la letra. Las elecciones están a la vuelta de la esquina y la respuesta favorable a nuestras reivindicaciones quizás no sea más que un artimaña electoral”, concluye.

Fuente equaltimes.org

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