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Identidad Urbana, entró en crisis post pandemia ?


La crisis de identidad urbana o ‘rurbana’

Por Julián Briz Escribano Catedrático emérito, Universidad Politécnica de Madrid (UPM) Isabel de Felipe Boente Profesora jubilada de Economía y Desarrollo, Universidad Politécnica de Madrid (UPM) Teresa BrizProfesora Contratada Doctora. Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica, Alimentaria y de Biosistemas, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

La vida de los humanos está sometida a los avatares del lugar que habitan. En ocasiones, los cambios son provocados por la naturaleza, otros, por guerras, epidemias o motivos laborales o culturales.

Las migraciones pueden ser graduales o masivas de estampida y, por ello, sus consecuencias políticas, socioeconómicas o culturales son muy diferentes.

También pueden ser cambios temporales o permanentes.

Así, tenemos los movimientos turísticos vacacionales o las olas de refugiados, que vienen siendo motivo de preocupación humanitaria.

En todos estos movimientos se producen impactos en el modelo del país receptor así como en su identidad y a su vez, se solapan con una serie de paradojas y contradicciones que la propia sociedad viene experimentando.

Intenta buscar un nuevo paradigma de acomodo, que diluye los limites clásicos entre lo que venimos denominando urbano y rural, fundidos en rurbano.

La ciudad se encuentra en el centro de una controversia que se proyecta en la propia vida de los urbanitas.

De una parte, se constatan los fuertes flujos migratorios que están llevando a albergar al 70 % de la humanidad en núcleos urbanos.

Por otro lado, vemos la degradación del entorno urbano por la contaminación, el aumento de la criminalidad, el aislamiento social de sus habitantes, la dependencia exterior de recursos, la acumulación de residuos, etc, lo que violenta la identidad urbana original

La cuestión radica en los posibles cambios en el comportamiento del vecindario y la resiliencia de los pobladores urbanitas para afrontar la nueva situación, así como en aminorar la sangría que supone para el mundo rural la salida de la población más joven y dinámica.

Una identidad urbana más verde

La “naturación” urbana, es decir, la incorporación de infraestructuras verdes en las ciudades, tiene múltiples funciones y un impacto favorable en muchas dimensiones de la vida urbana y por supuesto en su identidad.

La biodiversidad es una de las asignaturas pendientes del urbanita. Ha tratado de aislarse de la naturaleza a través de infraestructuras grises de cristal, asfalto, cemento, ladrillo y acero, desterrando la flora y la fauna de su entorno, y le está pasando factura.

No obstante, en los últimos años se está produciendo una revolución silenciosa, con el aprecio de la arquitectura bioclimática, cinturones verde azules y edificios naturados.

De hecho, en términos relativos, el nivel de biodiversidad de las zonas urbanas, proclives al empleo de especies vegetales diferentes y muchas veces exóticas, es superior al mundo rural. Allí, la agricultura convencional se ha concentrado en unas determinadas especies, más productivas, aplicando economías de escala. La variedad en los huertos urbanos, las colmenas melíferas en las azoteas y el acotamiento de espacios urbanos para especies autóctonas son metas a lograr.

La arquitectura bioclimática y el biomimetismo son nuevos escenarios de ruptura con el modelo urbano actual.

Los nuevos edificios en construcción y la reconversión de los antiguos deben seguir unas pautas de ahorro energético, naturación y reciclado de productos de acuerdo con la nueva demanda, en un mercado marcado por el teletrabajo, donde se combinan la oficina con el hogar, optimizando el espacio en un ambiente amigable. Las soluciones basadas en la naturaleza (SBN) tienen un punto básico en el biomimetismo.

Tenemos que aprender cómo la naturaleza ha resuelto a través de los siglos los problemas que amenazaban su supervivencia.

Derechos, deberes y migraciones rurbanos

Hay que ser conscientes de que los buenos deseos deben plasmarse en realidades. Esto significa que debemos dedicar recursos económicos y humanos programados en periodos de tiempo.

A nivel global tenemos los Objetivos de Desarrollo Sostenible. De ellos, al menos cuatro afectan directamente a las ciudades. Hay también sensibilidad en la Agenda 2030.

En el ámbito nacional y local existe gran heterogeneidad en las medidas adoptadas. En países como Alemania, Francia o Eslovenia hay regulaciones sobre subvenciones, exenciones fiscales u ordenamiento en la incorporación de cubiertas verdes en los edificios.

Otras veces, el estímulo a las infraestructuras verdes viene simplificando los trámites burocráticos, dando apoyo a la iniciativa privada, colaborando con los vecinos en el mantenimiento u organizando actos culturales.

Un aspecto esencial es la concienciación ciudadana de los beneficios de las infraestructuras verdes, aportando datos objetivos sobre los resultados. El impacto esperado y el periodo de tiempo de este son también aspectos de gran interés.

A mayor proximidad, mayor apreciación. Las predicciones a varias décadas provocan desconfianza y solo una parte de la población se considera involucrada.

Movimientos entre el espacio urbano y el rural

El debate entre la forma de vida urbana y la rural lleva a planteamientos de convergencia en lo que se podría denominar un mundo cada vez más rurbano. Se culpa a la masificación demográfica de la ciudad como responsable de la desertización rural, cuando en realidad son situaciones problemáticas en ambos lados.

La incorporación de la naturaleza al entorno urbano crea un entorno favorable a los urbanitas. Por otra parte, con unos sistemas de comunicación y transporte, que facilitasen los servicios médicos y culturales, estos se asentarían en el entorno rural. En esencia, se trata de crear un solapamiento entre ambos mundos cada vez más entroncados por las tecnologías de la información, con estilos de vida convergentes.

Los flujos entre los distintos hábitats se producen de formas muy diversas y sus consecuencias son también muy variadas. Sabemos de los periodos de colonizaciones donde diversas culturas se fusionaban, a raíz de un cambio en el modelo de sociedad, siendo los países occidentales los que han tenido un mayor protagonismo a nivel mundial (Inglaterra, España, Portugal, Holanda) implantando nuevos modelos políticos y socioeconómicos no siempre exitosos.

Hay invasiones temporales por motivos de ocio y recreo como es el caso del turismo, con impacto económico y cultural, como sabemos muy bien en España. Las migraciones en busca de trabajo o seguridad alimentaria y personal están provocando una estampida de refugiados en todo el mundo.

Hay experiencias en países en desarrollo, donde comunidades rurales completas se han trasplantado con sus instituciones, tanto vecinos como ayuntamiento, colegio y guía espiritual a un entorno urbano, como es el caso de El Alto en La Paz, o en los alrededores de Lima, Caracas y otros municipios. De esta forma, la nueva colonia mantiene, en parte, sus costumbres rurales y estrecha lazos económicos y culturales con la urbe. Otras veces, de forma más gradual, se van agrupando en distritos formando guetos culturales.

Crisis y paradojas de la identidad urbana

La crisis “rurbana” se manifiesta en diferentes escenarios, desde el político, al socioeconómico o cultural, y tiene interacciones entre ellos. Un acontecimiento como la covid-19 está cambiando el modus operandi laboral, con el rápido incremento del teletrabajo y el potencial de flujos desde la urbe al campo.

El área económico-comercial no deja de ofrecer ciertas paradojas. Zonas exportadoras hortofrutícolas como España logran competir en el mercado internacional gracias a sus ventajas comparativas. Sin embargo, las nuevas tendencias del campo a la mesa y consumo local priorizan el consumo de productos de proximidad. También llama la atención el envío de productos de gran contenido acuoso, como los hortofrutícolas, de zonas de sequía a otras lejanas de elevada pluviometría.

Anotaciones similares podríamos aplicar a los productos ecológicos en origen, pero que al enviarse a mercados lejanos dejan huellas de carbono y energéticas nada desdeñables.

Si extendemos esos criterios a otros campos como el turismo, también podríamos recomendar el turismo local en lugar del internacional, con menor impacto en el medio ambiente. En cuanto al consumo de productos de temporada y locales, supone también un cierto sacrificio del consumidor que tiene capacidad adquisitiva para ampliar su dieta alimentaria.

El bienestar del entorno es también un escenario de análisis y discusión. Los mundos animalvegetal y mineral pueden ser objeto de agresión por la especie humana.

La ganadería está en el punto de mira por el impacto medioambiental, especialmente el vacuno y el porcino, tanto por sus efectos gaseosos como los purines, así como por las condiciones de alojamiento que también implica a otras especies. A lo largo de la cadena alimentaria, tenemos también los mataderos y formas de sacrificio. Todo ello conduce a otro escenario conflictivo sobre los hábitos alimentarios: si deben primar solamente los vegetales o una dieta compensada con los productos animales

Otra área de conflictos es el mercado profesional. Tradicionalmente, las innovaciones se limitaban a mejorar las prácticas existentes. Las asociaciones gremiales medievales marcaban las pautas de aprendices y maestros y sus tiempos, donde la experiencia era clave. No obstante, con la industrialización se inicia una etapa rupturista, con innovaciones que marginan experiencias anteriores, como es la informática, ingeniería genética, robótica y otras. Se estima que en tres décadas la mitad de las profesiones actuales serán sustituidas por otras nuevas en el futuro.

En el ámbito agrario, es conocida la posición encontrada de la ecología y la ingeniería genética, hecho que no se produce en otras áreas como la medicina, donde se toleran los cambios genéticos en productos, como la insulina. Hay partidarios de no manipular la naturaleza para obligar a plantas y animales a seguir ciertos patrones de comportamiento marcados por los hombres. Es el caso de las mejoras en las especies animales y vegetales, con detrimento de la biodiversidad. También se habla de “castración vegetal” al lograr frutales sin fruto y frutos sin semillas para satisfacer al cliente.

En jardinería se plantea el modelo inglés, proclive a dejar libertad a la naturaleza o el francés, que a través de la poda da forma según diseños planificados.

Otro escenario de crisis es el reparto del poder político, al dar prioridad a la distribución demográfica o al territorio según las reglas de juego.

En el horizonte cultural, se viene diciendo que el mundo rural es el guardián de las tradiciones en tanto que el urbano es más proclive a implantar modelos externos con pérdida de su propia identidad.

Sin embargo, con las nuevas tecnologías, los flujos de comunicación de nuevas tendencias impactan en todo el espectro rurbano, y a nivel global hay ciertos núcleos creadores de modas que no tardan en implantarse en todo el mundo. Resulta así paradójico que, personas críticas con la vida y políticas estadounidenses, tengan hábitos de consumo, musicales y vestimenta de ese país.

Estamos, pues, en un mundo de contradicciones y polémicas continuas, donde se defienden ideas que no tienen en cuenta las consecuencias, y donde se siguen comportamientos diferentes a lo que se propone. Hay una crisis de identidad en el mundo rurbano que puede tener consecuencias futuras inesperadas. Pero hay una conciencia generalizada en que las soluciones basadas en la naturaleza tienen un componente de sostenibilidad accesible y son un buen punto de partida.

Extractado por ACERCANDO NACIONES de The Conversation



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