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Huevos de Pascua, cual es el origen?

El origen de los Huevos de Pascua

Para los cristianos el domingo de Pascua es una fiesta.

Se suele acostumbrar consumir cordero como signo de resurrección.

Y los huevos, con los años, también ha pasado a ser un símbolo de la Resurrección de Jesús.

En el Siglo XVII el Papa Pablo V bendijo al huevo, en contraposición con lo decretado por su antecesor en el Siglo IX, que prohibía su consumo en esta época de Cuaresma (46 días sin huevos), cuando hecho de regalarlos representaba la alegría y la finalización de un período de penitencia.

En la antigüedad se pintaban, se utilizaban huevos de gallina y se los decoraba.

Para conservarlos, se los bañaba en cera,

También surgió con el regalo de los huevos, la costumbre de esconderlos y organizar una búsqueda (similar a la búsqueda del tesoro), para que los niños se entretuvieran.

Esta tradición ha ido mutando, hasta nuestros días, en los que acostumbramos a consumir huevos de chocolate.

Esta costumbre tiene sus variables en diferentes países, donde actualmente se siguen decorando con dibujos, o se siguen realizando juegos y entretenimientos en torno a los huevos.

En algunos países, el Domingo de Pacuas o Domingo Santo es el día que más chocolate se consume en el año.

A principios del Siglo XIX se comenzaron a regalar huevos con “sorpresas” en su interior.

Esta costumbre se hizo popular en Francia, Italia y Alemania. Actualmente suelen rellenase con confites, más chocolates, bombones, y algún souvenir o juguete.

¿Y los huevos y el conejo?

Históricamente los orígenes de la Pascua (en inglés “Easter“) se remontan a la fiesta primaveral en honor a la diosa teutónica de la luz y la primavera, conocida como “Easter”. (The Westminster Dictionary of the Bible).

La primavera era una época sagrada para los adoradores fenicios del sexo. Los símbolos de la diosa de la fertilidad; “Astarté” o “Istar” eran el huevo y la liebre.

Fue así como poco a poco, la tradición fusiona el significado cristiano con ceremonias paganas. Aquellos rituales, imposibles de desarraigar, eran reasimilados bajo nuevas formas. El júbilo por el nacimiento del sol y por el despertar de la naturaleza, se convirtió en el regocijo por el nacimiento del sol de la justicia y por la resurrección de Cristo.

El origen de las palabras siempre esconden una historia y etimología muy interesantes.

Fuente El Litoral

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