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El tren del Far West

Los viajes en tren han sido, desde siempre, una bella y romántica experiencia. Viajar en ferrocarril permite atravesar vastos territorios a la velocidad del paisaje, haciendo paradas y conociendo geografías por tierra a través de la ventanilla. Cuando se elige viajar en tren no apremia el apuro y el viaje en sí importa más que el destino final. Por ello existen los llamados “trenes escénicos”, que en su recorrido atraviesan atractivos turísticos y bellos paisajes. Tal es el caso del California Zephyr, una experiencia fascinante para amantes de los rieles y viajeros sin prisa, dispuestos a pasar dos días a bordo de un tren.

De visita en Estados Unidos, casi todo el mundo va en avión de un punto a otro de este enorme país. Pero para explorar un territorio y conocer a fondo su geografía el tren es ideal. Además durante el viaje se conoce a otros pasajeros, gente interesante que va desde amantes del tren a personas temerosas que nunca viajaron en avión y prefieren seguir con los pies en la tierra. Pero lo mejor es no tener que padecer la “psicosis de seguridad” de los aeropuertos, tan común en la actualidad. Realmente parece increíble subir a un medio de transporte de larga distancia sin que nadie nos registre.

Rail travel has been, as always, a beautiful and romantic experience. Travelling by train can traverse vast territories to the speed of the landscape, stopping and knowing geographies overland through the window. When you choose to travel by train is not pressing the trouble and the journey itself is more important than the final destination. Therefore, there is the so-called "scenic railway" which in its route crossing attractions and beautiful scenery. Such is the case of the California Zephyr, a fascinating experience for lovers of the rails and leisurely travelers, willing to spend two days aboard a train.

Visiting the United States, almost everyone goes by plane from one point to another in this huge country. But a territory to explore and get to know their geography the train is ideal. Also during the trip is known to other passengers, interesting people ranging from train lovers to fearful people who never traveled by plane and want to stick with the feet on the ground. But it is best not to have to suffer the "psychosis of security" at airports, so common today. It really looks amazing board a means of transport for long distance without anyone register us.

DENVER Union Station es una hermosa y antigua estación de 1881 que en 1894 fue reconstruida a raíz de un incendio. Sus techos son elevados y en el amplio hall central hay añejos asientos de madera con altos respaldos, ideales para descansar mientras se espera la llegada del tren.

El guarda me pidió que fuera al andén, y mientras me ayudaba con el equipaje noté que éramos pocos pasajeros: además, el tren no había llegado de Chicago sino que partía de Denver. Aquella vez habían cancelado el servicio por grandes inundaciones en Iowa. Y eso no era todo, además el California Zephyr desviaría su recorrido, no iría por las Rocallosas sino por Wyoming, ya que estaban arreglando vías en las montañas. Mi primera reacción fue una gran decepción. No podía creer que justo pasaba todo esto el día en que yo viajaba. Y no era la única desilusionada; otros pasajeros habían venido especialmente desde varios puntos del país para hacer este viaje y ver las Rocallosas en todo su esplendor. Pero no se podía hacer nada, de modo que me relajé y pensé que las cosas por algo suceden, y que en una travesía diferente seguramente algo interesante vería. Mientras pensaba en esto, arrancó el tren cuando eran las ocho y media de la mañana.

En el recorrido habitual, el Zephyr asciende a 2816 msnm y atraviesa entonces la Divisoria Continental de Aguas a través del túnel Moffat. Al salir, los pasajeros pueden divisar el centro invernal Winter Park y la pequeña localidad de Granby, puerta de entrada al Parque Nacional de las Montañas Rocallosas. A partir de allí nace el curso fluvial del Colorado, que nace al pie de este emblemático cordón montañoso y recorre más de 2300 kilómetros hasta desembocar finalmente en el Golfo de California. El tren acompaña el recorrido del Colorado durante 380 kilómetros. Según contaban unos pasajeros, es habitual que en algunas secciones del río haya gente practicando rafting que, cuando se acerca el tren, se bajan los pantalones y muestran el trasero, generando más de una sorpresa y carcajada ante semejante saludo. En ese tramo se ve cómo el curso de agua –inicialmente angosto– se transforma poco a poco en un ancho río luego de pasar por los cañones Glenwood y Grand Junction. Probablemente, una de las mejores etapas del trayecto ferroviario es la sucesión de los cañones Byers, Gore, Red, Glenwood, De Beque y Ruby. Al llegar al Cañón Ruby estamos a las puertas de un cambio sobre rieles en esta magnífica constelación de paisajes: el tren se despide del río Colorado, entra a Utah y continúa hacia el oeste a través del desierto. Una vez más la formación trepa hasta la cima de las montañas Wasatch, que se encuentra a 2268 msnm, para luego descender y llegar a Provo y Salt Lake City, capital del estado, fundado por los mormones en 1847.

OTRA RUTA A BORDO En el viaje atípico que me tocó vivir en aquella oportunidad, varios de los viajeros nos acomodamos en el coche mirador –que ostentaba ventanales hasta el techo– para disfrutar del paisaje. Al dejar atrás Denver ingresamos esta vez en una verde y extensa planicie colmada de venados, con las Rocallosas a la izquierda.

La formación tomó rumbo noroeste e ingresó en un nuevo estado, el de Wyoming, ubicado sobre un relieve diferente, el de una inmensa y alta meseta. Inmediatamente todo cambió a nuestro alrededor y la aridez dominó el panorama a lo largo de varias horas. La monotonía circundante sólo fue interrumpida por algunos búfalos y antílopes que se veían pastando en los campos, ajenos al paso del tren y sus curiosos pasajeros. Pruebas a la vista: no cabía duda de que estábamos atravesando el estado más despoblado de Estados Unidos.

A la hora del almuerzo me dirigí al coche comedor y comprobé que al menos algunos de los pasajeros aún estaban desilusionados. Afortunadamente algunos camareros hacían bromas y sacaban sonrisas para compensar la expectativa frustrada. Como el caso de aquel que se hacía llamar “Mr. B” y que, con voz seria y profunda, decía: “Atención por favor, miren hacia su izquierda e imaginen el hermoso río Colorado corriendo a través de las Montañas Rocallosas” (con bastante imaginación sin duda, ya que no había en verdad nada más que una plana y desértica llanura). Luego pasamos entre medio de dos interminables trenes de carga –sólo dos de los muchos que pasaríamos durante todo el viaje– y Mr. B volvió a invitar a la imaginación: “Ahora estamos atravesando el Gran Cañón”.

La primera parada donde pudimos bajar fue Green River, porque había que esperar a operarios que debían sumarse al tren. En medio de un seco e intenso calor aproveché para acercarme a la locomotora, luego caminé hasta el último coche y le pedí a un pasajero que me sacara una foto posando junto al legendario tren. Enseguida nos pusimos a hablar y gracias a él mi impresión del viaje cambió totalmente. Mark resultó ser un apasionado de la historia, que sabía con antelación del cambio de recorrido y había viajado expresamente para hacer el tramo Denver-Salt Lake City a través de Wyoming. Así me enteré de que este recorrido era sumamente importante desde un punto de vista histórico y que muy pocas veces al año se hacía para pasajeros. Este historiador avezado me explicó que estábamos viajando por el trazado del primer ferrocarril transcontinental, es decir, la primera línea que unió antiguamente el este y el oeste de Estados Unidos yendo de la ciudad de Omaha (en el este, en el estado de Nebraska) a Sacramento (en el oeste, California).

Este tren –probablemente la mayor proeza tecnológica estadounidense del siglo XIX– representó un cambio revolucionario en el Viejo Oeste y su construcción requirió enormes hazañas de ingeniería. Las compañías involucradas en ese entonces fueron la Union Pacific y la Central Pacific. Fue una empresa titánica, luchando contra numerosas adversidades, en la que trabajaron miles de inmigrantes, sobre todo chinos. Al llegar a la Sierra Nevada las obras se complicaron y fue necesario construir una serie de túneles, lo cual dilató aún más la tarea. Por su parte, la Union Pacific avanzó más rápido por las llanuras, pero al entrar en territorio indio también comenzó a sufrir retrasos. Los habitantes nativos veían en el ferrocarril una violación de sus tratados con Estados Unidos, y querían impedir, lo que sería en realidad el inevitable avance del “caballo de hierro”, el nombre –hoy romántico– que le daban al tren.

DESTINO OESTE Las horas volaron y el avance firme del tren nos hizo entrar de a poco en el rojizo estado de Utah. Al pasar Echo Canyon descendimos esta vez hasta ver las Montañas Wasatch (que funcionan como uno de los límites naturales del Valle de Salt Lake) y luego Weber Canyon, con una espléndida vista del río del mismo nombre. Finalmente entramos en el valle y cuna de los mormones.

La ventaja de ir por Wyoming y sus terrenos tan planos fue una aceleración en el trayecto total, ya que hizo que el tren fuera más rápido y llegara tres horas antes de lo planeado, es decir, un tiempo más que suficiente para hacer una breve visita a la ciudad (otra ventaja de no tener traslados desde y hacia alejados aeropuertos). Pasadas las 23 horas, el California Zephyr se puso en movimiento nuevamente y atravesó el extenso puente que cruza el inmenso lago salado. Mientras todo el pasaje dormía, la formación entró al desierto de Nevada, donde permaneció hasta la mañana siguiente. Al despertar, no había muchos incentivos: el tren estaba parado en Winnemucca y, si bien ya era de día, el paisaje se mostraba monótono con su vegetación rala, tierra seca y árida. Y todos seguimos durmiendo.

No sería siempre así: al pasar Reno, frontera con California, todo cambió casi en instantes y el verde pasó a dominar la escena. Al ingresar a Sierra Nevada, miles de pinos invadieron las laderas a nuestros costados, mientras algunos manchones de nieve coronaban las montañas. Una sucesión de curvas y túneles nos entretendría por largo rato, con excelentes vistas del tren y la locomotora, que resultaron ideales para fotografías de la mítica formación. Llegamos al Blue Canyon y luego al río Truckee, donde se podía ver la ruta interestatal 80, hasta que por último apareció un hermoso espejo de aguas azules, el lago Donner.

El paisaje permaneció así de bonito hasta el Valle de Sacramento, la parte norte del Valle Central de California. En este valle, que alcanza los 600 kilómetros de largo, se realiza la mayor parte de la agricultura del estado, donde hay regiones que algunos llaman “la ensaladera de Estados Unidos” por su producción. Apenas dejamos la estación de Sacramento cruzamos el puente que atraviesa el impresionante río que da nombre a la capital de California. Al llegar a la bahía de Suisun (se trata del brazo norte de la bahía de San Francisco, donde desembocan el Sacramento y el río San Joaquín) nos llamó la atención la vista de viejos barcos abandonados de la Segunda Guerra Mundial. Continuamos viaje por el estrecho de Carquinez hasta la penúltima estación, Martínez, ubicada en el extremo sur del estrecho. La ansiedad era innegable, después de tantas horas de viaje, pero a su vez la intrincada y bella geografía de las bahías y el mar era un espectáculo digno de disfrutar. El último tramo lo hicimos paralelos al mar, en medio de una neblina que le daba cierto halo de misterio a la multiforme, fascinante, ciudad de San Francisco. Y cuando estábamos vislumbrando las siluetas de los puentes colgantes el tren frenó en Emeryville, un suburbio de Oakland que le puso el punto final a un gran recorrido por el vasto territorio de Estados Unidos.

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DENVER Union Station is a beautiful old 1881 station was rebuilt in 1894 following a fire. Its ceilings are high and the large central hall there vintage wooden seats with high backs, ideal for rest while the expected arrival of the train.

The guard asked me to come to the platform, and as he helped with luggage were few passengers noticed: in addition, the train had not arrived from Chicago but started from Denver. That time had canceled the service by major flooding in Iowa and that was not all, the California Zephyr also divert its route would not go by the Wyoming Rockies but because you were fixing roads in the mountains. My first reaction was a big disappointment. I could not believe I just spent all this the day I was traveling. And it was not the only disappointed; other passengers had come especially from several parts of the country to make this trip and see the Rockies in all their glory. But he could do nothing, so I relaxed and thought that things happen for something, and surely something interesting on a different journey would. While thinking about this, when the train pulled out were half past eight.

In the usual route, the Zephyr amounts to 2816 m and then crosses the Continental Divide through the Moffat Water Tunnel. Upon exiting, passengers can spot the Winter Park ski resort and the small town of Granby, gateway to the National Park of the Rocky Mountains. From there the course of the Colorado River, which rises at the foot of this iconic mountain range and covers more than 2300 kilometers to finally flow into the Gulf of California was born. The train follows the route of the Colorado for 380 miles. According to some passengers had, it is common that there are people in some sections of the river rafting practice, when the train approaches, pants down and show the rear, creating more of a surprise and laugh at such a greeting. In this section we see how the stream-initially-narrow gradually transformed into a wide river then go through Glenwood and Grand Junction guns. Probably one of the best stages of the railway line is the sequence of Byers, Gore, Red, Glenwood, and Ruby De Beque guns. Arriving at Ruby Canyon are on the verge of a shift rail in this magnificent constellation of landscapes: the train we dismissed the Colorado River enters Utah and continues west through the desert. Again training climbs to the top of the Wasatch Mountains, which is 2268 meters, then descend and come to Provo and Salt Lake City, the state capital, founded by Mormons in 1847.

ANOTHER ROUTE ABOARD In atypical journey that I lived at that time, a number of travelers settled into the car viewpoint-who held-to-ceiling windows to enjoy the scenery. On leaving Denver we enter this time in a green and extensive plain of deer filled with the Rockies left.

Training bore northwest and entered a new state, Wyoming, located on a different relief, an immense and high plateau. Immediately everything changed around and aridity dominated the panorama over several hours. The surrounding monotony was only interrupted by some buffalo and antelope were seen grazing in the fields, oblivious to the passing train passengers and onlookers. Tests to see: there was no doubt we were going through the most unpopulated state of the United States.

At lunchtime I went to the dining car and saw that at least some of the passengers were still disappointed. Fortunately some waiters joked and drew smiles to make up the missed expectation. As the case of one who called himself "Mr. B "and, with deep and serious voice, said:" Attention please, look to your left and imagine the beautiful Colorado River running through the Rocky Mountains "(with some imagination certainly as there was really nothing more than a flat, desert plain). Then we went in between two long freight trains-just two of the many who would spend the entire trip, and Mr. B again invited to the imagination: "We are now going through the Grand Canyon."

The first stop was where we could lower Green River, because workers had to wait to be added to the train. Amid a dry and intense heat took the opportunity to approach the locomotive, then walked to the last car and asked a passenger to take me for a photo posing with the legendary train. Then we started to talk and thanks to him my impression of the trip changed completely. Mark proved to be a history buff, I knew in advance of the change of route and had specifically traveled to the Denver-Salt Lake City section through Wyoming. So I found out that this tour was extremely important from a historical point of view and very few times a year was made to passengers. This seasoned historian explained that we were traveling the route of the first transcontinental railroad, ie, the first line that once linked the eastern and western United States leaving the city of Omaha (in the east, in the State of Nebraska) Sacramento (in the west, California).

This train-probably the greatest American technological prowess of the nineteenth century represented a revolutionary change in the Old West and its construction required enormous feats of engineering. The companies involved at the time were the Union Pacific and Central Pacific. It was a huge undertaking, battling many adversities, which worked thousands of immigrants, mostly Chinese. Upon reaching the Sierra Nevada works were complicated and needed to build a series of tunnels, which further delayed the task. For its part, the Union Pacific moved quickly across the plains, but on entering Indian territory also began to suffer delays. The native inhabitants saw in the railroad a violation of their treaties with the United States, and wanted to prevent, which would actually be the inevitable progress of the "iron horse", the romantic-that gave the name train-today.

The hours flew DESTINATION WEST and steady advance of the train made us enter a little in the red state of Utah. Passing Echo Canyon we descended this time to see the Wasatch Mountains (operating as one of the natural boundaries of the Salt Lake Valley) and then Weber Canyon, with a splendid view of the river of the same name. Finally we entered the valley and home of the Mormons.

The advantage of going for Wyoming and its grounds as flat was an acceleration in the total distance, as they made the train go faster and arrive three hours ahead of schedule, ie, a time more than enough to make a brief visit the city (another advantage of not having transportation to and from remote airports). Past 23 hours, the California Zephyr was in motion again and crossed the large bridge across the vast salt lake. While sleeping the whole passage, training entered the desert of Nevada, where he remained until the next morning. Upon waking, there was little incentive: the train was stopped in Winnemucca, and while it was daylight, the landscape is monotonous showed its sparse vegetation, dry and thirsty land. And all still sleeping.

There would always be like this: you go to Reno, California border, almost everything changed in an instant and the green came to dominate the scene. By entering Sierra Nevada, thousands of pines invaded the slopes to our sides, while some patches of snow crowned mountains. A succession of curves and tunnels entertain us for a long time, with great views of the train and the locomotive, which were ideal for photographs of the legendary lineup. We arrived at Blue Canyon and then to the Truckee River, where you could see the Interstate 80 until it finally appeared a beautiful blue waters mirror, the Donner Lake.

The landscape of Nice remained so until the Sacramento Valley, the northern part of the Central Valley of California. In this valley, which reaches 600 miles long, most of the agriculture of the state, there are regions where some call "the salad bowl of America" ​​for its production is done. Just leave Sacramento station cross the bridge spanning the river that gives impressive name to the capital of California. Upon reaching Suisun Bay (this is the northern arm of San Francisco Bay, where the lead and Sacramento San Joaquin River) caught our eye view of old boats abandoned WWII. We continue to travel through the Straits of Carquinez until the penultimate season, Martínez, located at the southern end of the strait. Anxiety was undeniable, after many hours of travel, but in turn the intricate and beautiful geography of the bays and the ocean was a sight to enjoy. The last stretch we did parallel the sea in a fog that gave him a certain mystique to the varied, fascinating city of San Francisco. And when we were glimpsing the silhouettes on the bridge stopped the train in Emeryville, a suburb of Oakland that put an end to a great tour of the vast territory of the United States.

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