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El lenguaje y la diplomacia en Oriente Medio

Los conceptos y el lenguaje en el mundo árabe son diametralmente opuestos y distintos en algunos casos a lo conocido en Occidente. Es imperioso y necesario abordar esta cuestión responsablemente por parte de la comunidad internacional para no continuar fracasando con los sucesivos procesos de paz en la región.

En el caso palestino-israelí, los elementos idiosincrásicos, lingüísticos y culturales que separan a las partes suelen presentar mayor dificultad que la propia complejidad de las negociaciones que se llevan a cabo por años. Sin perjuicio de que el lenguaje de las negociaciones sea el inglés, cada parte en el proceso piensa en su lengua materna y, consciente o inconscientemente, negocia a través de su propia parcialidad cultural.

The concepts and language in the Arab world are diametrically opposed and distinct in some cases to what is known in the West. There is urgent need to address this issue responsibly by the international community for not continuing with successive failing peace processes in the region.

In the Israeli-Palestinian case, idiosyncratic elements, language and culture that separate the parties often have more difficulty than the complexity of the negotiations taking place for years. Notwithstanding that the language is English negotiations, each party in the process think in their mother tongue and, consciously or unconsciously, negotiated through their own cultural bias.

Los EEUU y aun los israelíes tienen poca -por no decir ni cercana- idea de lo que pasa por las mentes de los palestinos y del resto del mundo árabe. El concepto y uso del lenguaje en el mundo árabe es diametralmente distinto, y hasta opuesto al de Occidente. Como ejemplo de este fenómeno, bien vale citar el uso del término “alto el fuego”, un concepto central y de vital importancia en la búsqueda de una pacificación regional que parece siempre lejana según los hechos y los años que lleva el conflicto y sus numerosas crisis. Cada parte involucrada usa tal palabra, pero para cada uno adquiere un significado y connotaciones culturales diferentes.

En inglés, como se entiende en los EEUU, el término “alto el fuego” significa el cese total por una parte de cualquier actividad que una segunda parte pueda interpretar como agresiva. En hebreo, el término es traducido como hafsakat esh. Para los israelíes el “alto el fuego” significa que los palestinos deben detener todos los atentados contra ellos, pero si Israel tiene conocimiento de un ataque terrorista inminente puede y debe actuar para evitarlo.

En árabe, el término utilizado para el alto el fuego y la tregua es hudna y significa el cese temporal de las hostilidades contra el enemigo hasta que puedan vencerlo en el futuro. Estas diferencias son suficientes para mandar a pique cualquier acuerdo que sea firmado. En la idiosincrasia árabe hay tres tipos de pactos de paz: a) Hudna, b) Atwah y c) Sulha.

Todas estas palabras tienen sus orígenes en la Ley Tribal del mundo árabe. La hudna es un principio fundamental. Un concepto legal aplicado a las tribus. Es algo temporal y utilizada como vehículo para lograr el siguiente paso, la atwah, que configura un compromiso intemporal o de más largo plazo. Y el acuerdo final de paz o sulha nunca será alcanzado hasta que los pasos anteriores hayan sido logrados. Este y no otro es el proceso completo en la cosmovisión del mundo árabe.

La hudna más famosa tuvo lugar en el año 628 d.C., cuando el profeta Mohamad firmó la paz con los ancianos de Medina en la ciudad de Huday Biyyah. El acuerdo al que se arribó duraba 9 años, 9 meses y 9 días. Dos años más tarde Mohamad violó el pacto y atacó destruyendo y venciendo a los líderes tribales.

Los eventos de Huday Biyyah son interpretados como dos lecciones importantes por los yihadistas radicalizados. En primer lugar, ellos sostienen que se puede firmar un acuerdo con el enemigo cuando se transite un periodo de debilidad dentro de sus fuerzas operativas y militares, siempre que ese acuerdo sea en su propio interés. La segunda lección es que, después de haberse revitalizado y fortalecido, pueden romper el acuerdo. Esta interpretación de los grupos islamistas se asemeja a la versión del Caballo de Troya, donde el gesto -o el regalo- pueden convertirse en catalizadores de la derrota del enemigo.

En la historia árabe -incluyendo a los árabes que viven en Israel- los acuerdos y el armisticio de 1949 firmados en Rodas entre Israel y sus vecinos árabes son considerados un período de hudna. Occidente interpreta ese acuerdo como un armisticio y los israelíes como hafsakat aish.

Un hecho interesante que abona el análisis es lo sucedido en septiembre de 1993, cuando los líderes Bill Clinton, Yasser Arafat y Yitzhak Rabin firmaron en la Casa Blanca los acuerdos que darían lugar a lo que se conoció luego como el Tratado de Oslo. Esto fue presentado como un paso importante hacia la paz. Pero un mes más tarde, en su discurso en idioma árabe en Ciudad del Cabo, Yasser Arafat denominó al Tratado de Oslo como el pacto de Huday Biyyah. En sus propias declaraciones se comprendía la importancia de los dichos de Arafat y que esto no era más que una hudna, un acuerdo hecho para ser roto en el momento adecuado que en modo alguno traería la paz a palestinos e israelíes.

Así, infortunadamente, la historia muestra muchos acuerdos que no han valido la tinta con la que han sido firmados. Estos antecedentes negativos indican que la dirigencia Occidental debe conocer profundamente aspectos culturales del mundo árabe, pero por sobre todo, siempre que desee genuinamente tener éxito en negociaciones de paz en aquella región del mundo, lo lingüístico será fundamental.

Si la historia ha enseñado algo es que el alto el fuego debe ser mucho más que una palabra para lograr sinceramente la paz. Pero sobre todo, cuanto afecta lo engañoso y fraudulento de enfoques lingüísticos tribales en la consecución honorable que se dice perseguir para alcanzarla.

InfobaeU.S. and even the Israelis have little-if not even close-idea what goes through the minds of the Palestinians and the Arab world. The concept and use of language in the Arab world is diametrically different, and even opposed to the West. As an example of this phenomenon, well worth mentioning the use of the term "ceasefire", a central concept of vital importance in the search for regional peace seems ever distant from the facts and the years since the conflict and its many crisis. Each party involved used that word, but for each acquires a different meaning and cultural connotations.

In English, as understood in the U.S., the term "ceasefire" means a total cessation of any activity that a second part can be interpreted as aggressive. In Hebrew, the word is translated as hafsakat esh. For Israelis the "ceasefire" means that the Palestinians must stop all attacks against them, but if Israel is aware of an imminent terrorist attack can and should act to prevent it.

In Arabic, the term used for the ceasefire and the truce is hudna and means the temporary cessation of hostilities against the enemy until they can beat him in the future. These differences are enough to send to pique any agreement is signed. In Arabic there are three types idiosyncrasies peace pacts: a) hudna, b) Atwah c) Sulha.

All these words have their origins in the Tribal Law in the Arab world. The hudna is a fundamental principle. A legal concept applied to the tribes. It is temporary and used as a vehicle to achieve the next step, the Atwah, which configures a timeless commitment or longer term. And the final peace agreement or sulha never be achieved until the above steps have been achieved. This and no other is the complete process in the Arab worldview.

The hudna most famous took place in 628 AD when the prophet Mohammad peace with the elders of Medina in the city of Hud ay Biyyah. The agreement was reached lasted nine years, nine months and nine days. Two years later Mohamad violated the pact and attacked and defeating destroying tribal leaders.

Hud ay Biyyah events are interpreted as two important lessons for radical jihadists. First, they claim that you can sign an agreement with the enemy when transiting a period of weakness in operational and military forces, provided that the agreement is in their own interest. The second lesson is that, having revitalized and strengthened, can break the agreement. This interpretation of the Islamist groups resembles the Trojan horse version, where the gesture or gift-catalysts can become the enemy's defeat.

In Arab history-including Arabs who live in Israel and the armistice agreements signed in Rhodes 1949 between Israel and its Arab neighbors are considered a hudna period. West interprets the agreement as an armistice and Israelis as hafsakat aish.

An interesting fact paid by the analysis is what happened in September 1993, when leaders Bill Clinton, Yasser Arafat and Yitzhak Rabin on the White House signed agreements that would result in what was known then as the Oslo Agreement. This was presented as an important step towards peace. But a month later, in his speech in Arabic in Cape Town, Yasser Arafat called the Oslo Treaty as Hud ay Biyyah pact. In his own statements are understood the importance of Arafat and said that this was not just a hudna, an agreement made to be broken at the right time in any way that would bring peace to Palestinians and Israelis.

So, unfortunately, history shows many agreements that have not been worth the ink with which they have been signed. These negative history indicate that Western leaders must know deep cultural aspects of the Arab world, but above all, whenever you want to truly succeed in negotiating peace in that region of the world, language is fundamental.

If history has taught us anything is that the ceasefire must be much more than a word to achieve peace sincerely. But above all, as it affects how deceptive and fraudulent tribal linguistic approaches in attaining honorable pursuit is said to reach it.

Infobae

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