Economía

Economía vs. salud, una dicotomía absurda

Economía vs. salud, una dicotomía absurda

Por Kike Borba

Cinco ideas atraviesan la agenda económica mundial en estos días. La contraposición entre salud y economía. Las posibilidades y consecuencias de detener la actividad económica en seco. Las medidas para afrontar la economía del presente. El sueño de la economía del futuro y la necesidad de un pacto nacional y global. Empecemos.

No hay economía sin salud. La dicotomía es absurda. No existe desarrollo viable en una sociedad que atraviesa una pandemia. Aquel líder que acepte la posibilidad de muertes colaterales para que la economía no se detenga no merece permanecer un segundo en su cargo. Contraponer la economía a la salud solo cabe en aquellos que pueden darse el lujo de una atención sanitaria privilegiada o en la cabeza de quienes desean ser los muertos más ricos del cementerio.

Esto no quita que los gobiernos deban volcar gran parte de su tiempo en procurar que el múltiple impacto de la crisis no suponga un colapso mayor. No es sencillo detener una economía globalizada de un día para el otro. China, por múltiples factores, se lo podía permitir. Los países industriales y de servicios de Europa, no. Por eso los gobiernos jugaron una carrera de desaceleración paulatina de la actividad con el fin de no parar la economía en seco y causar un shock mayor. Pero el virus avanzó más rápido de lo esperado y las medidas de confinamiento tuvieron que ser día a día más restrictivas hasta llegar únicamente a lo esencial. No era lo deseado pero no había alternativa.

Ahora bien, los gobiernos se enfrentan al reto de tomar medidas económicas que cumplan efecto hoy mismo, que auxilien a aquellos jornaleros que si no salen a trabajar no tienen ingresos; que ayude a las pequeñas y medianas empresas que son las que brindan la mayor cantidad de empleo y soportan una mayor presión. Cada Estado cuenta con sus herramientas. Algunos son más limitados que otros. Algunos más empáticos que otros. En lo que debemos coincidir todos es en que no es momento plantear un crecimiento en cascada. Se trata de un parche para proteger el comercio y ganar tiempo hasta que se contenga la crisis sanitaria. Todo beneficio es poco para estos sectores que son los más golpeados y serán los primeros que generarán la reactivación económica el día después. Es necesario asumir nuestra realidad: estamos en una economía de guerra y debemos parar la hemorragia mientras trazamos un plan para el día de mañana.

Soñar con la economía del mañana es aprovechar la oportunidad que esta crisis nos deja. En estas semanas 3 millones y medio de españoles se quedaron sin trabajo; en Estados Unidos, más de 10 millones. La economía del futuro deberá contar con ellos. El aislamiento y la percepción de fragilidad que nos impactó está planteando una nueva escala de valores en la mayoría de la sociedad. Es momento de trabajar por una economía sostenible que no vaya en contra de nuestros recursos naturales y tampoco de nuestra gente. El mito de dejar la economía librada a las leyes del mercado se resquebrajó. Parafraseando los comentarios del ex presidente uruguayo “Pepe” Mujica esta semana, los que antes pedían que el Estado no se meta en la economía son los que ahora ruegan que el Estado salve sus negocios y tome el liderazgo de la crisis económica. Volveremos a tener el poder de elegir el tipo de economía que queremos o al menos forzar una variante más comprometida con el futuro, no debemos desaprovecharla.

Por último, está la política como columna vertebral y catalizador del cambio. Es necesario un pacto nacional y un pacto global. Desde España, la comunicación de la oposición nunca fue tan importante y su discurso público jamás fue tan mezquino como ahora. Reproches, desinformación, contradicciones. El miedo al virus había generado cierto halo de solidaridad; solidaridad que se va desintegrando cuanto más cerca estamos del desenlace de esta pandemia. Por momentos olvidan que no es tiempo de hacer campaña. No hay mérito en reinar sobre las ruinas que ayudaste a construir. No es momento para la demagogia y ganar popularidad. Cuando se enfrenta una guerra o una crisis humanitaria como la actual, al enemigo se le combate unidos y es el resultado de esa lucha lo que el día después pone a cada uno en un lugar en la historia.

Es momento de liderar con certidumbre y empatía social. De preocuparse por la macroeconomía sin olvidar a los sectores más vulnerables. Aunque algunos estén automatizados en creerlo, esta vez el daño económico no lo causa una burbuja financiera, un gobierno o una política económica determinada. Esta vez se trata de preferir la parálisis ante la necesidad de salvar vidas. Todos deberíamos repetirnos eso como un mantra. El gobierno podrá cometer errores -no existe un gobierno perfecto-, pero en plena crisis no es momento de mostrarse dubitativo. Ya podrá hacer autocrítica cuando acabe esta pesadilla que nadie tenia planeada. Hace bien en comunicar sus limitaciones y transparentar los datos. No hay nada mejor para combatir la incertidumbre y generar confianza. Confianza que alimenta la esperanza de salir cuanto antes de esta crisis para ponernos a trabajar en construir una sociedad superadora que esta cuarentena nos está obligando a imaginar. La humanidad se enfrenta a una oportunidad única de poder cambiar las lógicas económicas, sociales y también políticas. Los políticos deberán estar a la altura para generar los grandes pactos que serán necesarios para hacer realidad este sueño.

El autor es consultor y analista político

Fuente Infobae

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