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R.U.R. ROBOTS UNIVERSALES DE ROSSUM

(transparencias del mal)

Sábados a las 18 Galpón de Guevara Guevara 326 – Cap. (011) 4554-9877

Cuando el checo Karel Capek escribió R.U.R. (Robots Universales de Rossum) en 1920, todavía James Cameron no había gestado la saga Terminator, ni Ridley Scott había filmado Blade Runner, ni Stanley Clarke había imaginado a HAL 9000, la computadora que cobra vida en 2001 Odisea del espacio. Sí existía en cambio, como antecedente, la figura del Golem, y de hecho hay una leyenda que ubica los restos de la mítica criatura en un ático de la Sinagoga Staranová, en la ciudad de Praga. Las referencias al Golem se remontan lejos en el tiempo: habría sido creado a partir de barro por alguien creyente y cercano a Dios, pero el resultado apenas fue una sombra de un hombre, pues carecía de alma.

Capek utiliza en esta obra por primera vez la palabra “robot”, que muy pronto se extendería a todas las lenguas. Hay incluso una tradición por la cual los entusiastas de la ciencia ficción que visitan Praga dejan un Gabriel-Reig3robot de juguete en la tumba de Capek, que en ciertas fechas llega a estar adornada con cientos de robots en miniatura. Sin embargo, en la obra el término alude más bien a un androide que trabaja de manera forzada, algo así como un esclavo humanoide, con forma de persona pero sin alma. Es decir, parecido al Golem, pero mucho más inteligente, con las previsibles y nefastas consecuencias del caso. El argumento -recurrente en la obra del autor- plantea una crítica al sistema capitalista mundial, que aprovecha los robots para cubrir labores que son ingratas al ser humano. Pronto estos humanoides comienzan a ser utilizados como soldados, pues si la muerte de un robot no es lamentable como la de una persona, tampoco tienen sentimientos que interfieran a la hora de eliminar a un enemigo. Todos los países adquieren robots en cantidad, sin entender que al descontrolarse su número comenzarían a convertirse en una amenaza. Hay de hecho cierto paralelo inquietante con lo que será, en el contexto europeo, el Gabriel-Reig1nacionalsocialimo alemán. El vértice argumental tiene por protagonista a una joven que se compadece de los robots, y persuade a sus fabricantes para que estas criaturas sean un poco más humanas. El problema radica en que la humanidad incluye también una dimensión en la cual se hace presente el mal. Y en este sentido los robots terminan siendo un espejo en el cual podemos vernos reflejados con total transparencia. Diego Cosin lleva adelante un buen trabajo de dirección, con elementos audiovisuales proyectados en una gran pantalla y una estética acorde a la época en que Capek imaginó su historia, combinando el melodrama cinematográfico de los años treinta y una síntesis de elementos kafkianos y de la comedia de los hermanos Marx. Asimismo, la estética abreva en el trabajo que el grupo alemán Kraftwerk tituló We are the robots, grabado en 1978, basado también en la idea original de Capek. En resumidas cuentas se trata de una obra ideal para reflexionar acerca de nuestra cultura, nuestra cosmogonía y la naturaleza del ser humano Germán A. Serain Actúan: Rocío Alanís, Hernán Barrientos, Ruben Estévez, Nicolas Martuccio, Federico Paz, Román Puente, Silvina Schroeder, Jorge Schwanek, Facundo Serrano Muñoz y Sandra Somonte – Vestuario: Sabrina Herbás – Música y Diseño Sonoro: Fernando Pereyra – Autoría: Karel Capek – Dirección: Diego Cosin  

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