Comercio Internacional

Confianza, el milagro que espera la OMC

OMC: en busca de un mesías que resucite la confianza

Por Florencia Carbone 

“Un Jesús sin vocación de ser mártir.” Alejandro Jara, ex Embajador de Chile ante la OMC y ex Director General Adjunto del organismo, describe de modo resumido el perfil que debería tener el próximo Director General (DG).

Y aunque no menciona de modo explícito la capacidad de hacer milagros, sería una habilidad de gran ayuda para el sucesor del brasileño Roberto Azevêdo que tiene entre sus principales desafíos, recuperar la confianza entre los miembros y lograr convencer a las partes de su neutralidad en la guerra entre Estados Unidos y China.

¿Cómo vislumbran el futuro de la OMC? ¿Cuál será el impacto de las elecciones presidenciales de EE.UU. en la supervivencia del organismo? ¿Qué piensan sobre la decisión de Azevêdo de renunciar con un año de anticipación al cargo y sumarse a la multinacional PepsiCo como vicepresidente global 24 horas después de dejar el puesto en Ginebra?

Esas fueron algunas de las consultas que Trade News hizo a un grupo de expertos analistas latinoamericanos.

Además de Jara, respondieron Diana Tussie (Directora de la Maestría en Relaciones Internacionales de Flacso Argentina); Welber Barral (socio de BMJ Consultores, consultor de organismos internacionales y empresas en América latina desde hace más de 30 años y ex secretario de Comercio Exterior de Brasil); Ignacio Bartesaghi (Decano de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica de Uruguay y especialista en comercio internacional, procesos de integración y relaciones internacionales); Ricardo Rozemberg (Economista Jefe del Centro de iDeAS de la Universidad Nacional de San Martín de Argentina, y consultor de INTAL-BID); y Anabel González (consultora internacional, ex Ministra de Comercio Exterior de Costa Rica y ex Directora de la División de Agricultura de la OMC).

Cuenta regresiva

Con cinco de los ocho postulantes originales en carrera -tres mujeres y dos hombres-, la cuenta regresiva para saber quién ocupará la DG se acelera.

“Hace falta alguien con mucha experiencia en negociaciones multilaterales de comercio, originario de un país neutro o en desarrollo, que pueda hablar con todos los grandes jugadores y con los grupos variables que existen en la OMC”, dice Barral.

Tussie repasa la historia del organismo y señala: “La OMC ha tenido Directores de perfil político, como Pascal Lamy, y tecnocrático-diplomático como Azevêdo. En este momento sin precedentes más que el perfil importará el consenso”.

Restaurar la confianza

Desde Chile, Jara amplía el concepto de “un Jesús sin vocación de ser mártir”.

Argumenta que lo ideal sería contar con un buen negociador, “político, que sea del agrado de todos, pero fundamentalmente que cuente con la confianza política de las grandes potencias, y al mismo tiempo tenga la estatura y la espalda política para poder actuar sin estar capturado por los intereses de uno u otros. Integridad, independencia e imparcialidad, en resumen”, describe.

¿Y cómo se traduce eso de “restaurar la confianza”? “Significa lograr mucho mayor transparencia para que los países y actores tengan confianza en las políticas y medidas que están tomando los países en los diferentes planos. Y lo segundo, restablecer el funcionamiento del Órgano de Apelación, para lo que se necesita un entendimiento, aunque sea político, sobre aspectos operativos, procesales y funcionales que dé plena confianza a todos los miembros”, añade Jara.

Perfil africano

Bartesaghi es el único que arriesga un nombre o, más bien, dos, ya que comenta que sería interesante que la DG fuera ocupada por “una candidata africana”, y de los cinco postulantes que pasaron a la segunda ronda, dos son mujeres africanas: Ngozi Okonjo-Iweala, de Nigeria, y Amina C. Mohamed, de Kenya.

“Claramente tiene que tener un perfil negociador, representativo de una región que demuestre la importancia del comercio internacional y de las reglas, una región que tenga mucho por delante en cuanto a transformación de normas de comercio. Por eso creo que una candidata africana podría ser interesante. Y más que contar con el apoyo de las principales potencias, que no sea vetada por ellas, alguien que encuentre un consenso mínimo entre China y EE.UU. es fundamental, porque es un hecho que la OMC tendrá que meterse de lleno en la guerra comercial y en solucionar el conflicto que hay con el Órgano de Apelaciones”, dice desde Montevideo.

Los presidentes de China y Estados Unidos, protagonistas centrales de la denominada guerra comercial, uno de los temas que golpeó con más dureza a la OMC.

El Decano de la Facultad de Ciencias Empresariales de la UCU admite que sentar a las partes a negociar será muy difícil, pero que hará falta “alguien que pueda plantear los temas fundamentales sin ser acusado a priori de defender uno u otro interés”.

¿Vía de escape o certificado de defunción?

En el nuevo contexto, ¿son los acuerdos plurilaterales la vía de salvataje para el multilateralismo o su certificado de defunción?, preguntó Trade News.

González considera que “los acuerdos plurilaterales son críticos para el futuro de la OMC. En una organización con gran cantidad de miembros, con diversos intereses, es importante que existan vías para permitir a aquellos que quieran trabajar juntos bajo la sombrilla de la OMC que lo hagan, dejando abierta la puerta para que todos los interesados puedan incorporarse”.

Rozemberg cree que el multilateralismo está en crisis hace al menos dos décadas, y que el fenómeno se acentuó luego de la debacle financiera global de 2008/9.

Tres factores para renovar la confianza

Y señala que hay al menos tres factores que se conjugan para entender el proceso e imaginar el futuro del organismo:

  • Primero. Tiene que ver con el creciente peso de las economías emergentes en el contexto global. El sistema de Rondas de Negociación y el principio de single undertaking del GATT fue funcional a un mundo mucho más desbalanceado que el actual, donde los países desarrollados lograban imponer sus intereses, cediendo poco en favor de lograr acuerdos. En un escenario de mayor equilibrio, con países emergentes que ganan importancia en la economía y el comercio mundial, los consensos se vuelven más difíciles.

  • Segundo. La OMC fue creada en un momento en el que el desarrollo globalizador alcanzaba su mayor intensidad. Las décadas del 90 y de los primeros 2000, se caracterizaron por la extraordinaria expansión del comercio y los flujos de inversiones internacionales –financieros y reales-, donde las reglas multilaterales ponían un marco adecuado para estos desarrollos. A partir de la ralentización del fenómeno globalizador posterior a la crisis de 2008/9, la OMC y sus reglas fueron perdiendo capacidad para adaptarse a los nuevos desafíos.

Pérdida de confianza, interés, y de respeto

El multilateralismo fue cediendo interés –y hasta respeto- por parte de los países miembro (sobre todo algunos desarrollados), que profundizaron al regionalismo como vía para alcanzar mejores resultados, aunque los mega acuerdos luego también fueron perdiendo energía. Y fueron quitando fuerza al órgano multilateral, primero como generador de reglas, y luego como árbitro de los diferendos comerciales internacionales (afectando a todos pero muy especialmente a los países emergentes).

  • Tercero. Luego de la crisis del 2008/9 no solo la globalización entró en una nueva etapa, sino que de modo complementario en distintos países se privilegió una estrategia de priorización del mercado interno. Eso se vio reflejado tanto en la política china (donde las importaciones y las exportaciones perdieron importancia en términos de su PBI en la última década), en la política norteamericana de impulsar un regreso de las inversiones al país (ya en el gobierno de Obama pero con más fuerza y énfasis en el de Trump) y en Europa (Brexit mediante).

“La OMC no pudo hacerle frente a todos esos cambios, que implicaron el regreso de las políticas productivas y los subsidios a la producción y exportación en muchas partes del planeta. Y tampoco a los nuevos desafíos que generaba ese nuevo mundo, en temas como la digitalización o la generación de marcos regulatorios para la protección de datos, entre muchos otros”, explica Rozemberg.

Adaptación

Por todo eso, argumenta el economista de Unsam, el cambio de DG de la OMC sólo puede ser sustantivo en tanto y en cuanto los principales países desarrollados lideren un cambio en la adaptación positiva del multilateralismo a las nuevas realidades globales.

“Difícil, pero no imposible. Importante y deseable, sobre todo para las economías en desarrollo. La pandemia puso en evidencia que los “males públicos globales” deben ser anticipados, enfrentados y regulados, de manera cooperativa y coordinada. Para el Covid-19 esa evidencia llegó tarde… ¿Se podrá el mundo anticipar mejor a la próxima?”, concluyó.

Deslegitimación

Tussie cree que el futuro de la OMC ya no será expansivo como venía sucediendo desde su fundación y durante el auge de la globalización.

“La organización preparada para gestionar y avanzar la globalización no tiene los instrumentos para gestionar ni una competencia estratégica ni una potencial desglobalización. Es probable que se avance con acuerdos plurilaterales en temas en los cuales el sector privado tiene interés, o en temas en los cuales EE.UU. quiera frenar a China. No será la defunción de la OMC pero puede iniciar un proceso de deslegitimación.

Por su parte, Bartesaghi imagina una OMC tensionada entre su agenda clásica y la agenda del futuro.

Clásica y moderna

“La clásica tiene que ver con qué hacemos con Doha, que es algo que hay que terminar de resolver, así como el lío del Sistema de Solución de Diferencias (hay diferencias conceptuales y filosóficas muy fuertes respecto de cómo resolver los conflictos si vemos la opinión de Europa y EE.UU.), y también cómo avanzamos en lo agrícola, en lo industrial y en servicios. Pero al mismo tiempo están los nuevos temas: cómo podemos avanzar en pymes, comercio electrónico. La OMC tendrá que necesariamente involucrarse en los temas sanitarios y laborales, que son los nuevos temas de la agenda de comercio, que se suman a la agenda clásica”, enumera.

Esa “nueva agenda”, que Bartesaghi considera especialmente importante para los países desarrollados, es una “agenda positiva” en la que es más fácil avanzar aunque no sea posible hacerlo por la vía multilateral, advierte, y por ello arriesga que la vía plurilateral “es lo que se viene”.

Mal de muchos

“Hay muchas cosas que tienen que ver con la puja entre la agenda clásica y la del futuro. Ese es un desafío que no sólo tiene la OMC sino gran parte de los organismos internacionales y los procesos de integración, pero que la OMC tendrá más presente. Estoy absolutamente convencido de que la OMC tiene que trabajar más coordinadamente con las otras agencias especializadas de Naciones Unidas. No puede haber una OIT (Organización Internacional del Trabajo) por un lado, sin pensar en el comercio, la OMS (Organización Mundial de la Salud), la OMA (Organización Mundial de Aduanas), el transporte internacional. ¿Cómo articula la OMC con toda esa red de instituciones que hacen al comercio internacional, que es mucho más que bienes y servicios?”, planteó Bartesaghi.

A modo de conclusión, Jara advierte: “Cuantas más turbulencias existan, más necesaria es la OMC”.

Sin embargo, el abogado chileno está convencido de que “en cualquier contexto y circunstancia, la OMC no puede volver a ser lo que fue”.

Habla de la necesidad de una “reforma importante”. Dice que eso implica un proceso largo, que toma mucha energía política y requiere de una condición esencial: “Para que se pueda dar el primer paso en esa dirección se necesita restaurar la confianza entre los miembros, y eso no es evidente que vaya a suceder por el hecho de nombrar a un nuevo DG”.

Entre las pocas cosas que quedan en claro es que en esta historia, y por ahora, las dudas siguen siendo muchísimas más que las certezas.

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