Economía

China, una relación creciente con Argentina

Durante la tarde de ayer se viralizó una publicación donde se ve a la modelo Liz Solari y a Manuel Alfredo Martí, titular de la Unión Vegana Argentina (UVA), junto a Alberto Fernández y un cartel que rechaza el acuerdo porcino con la República Popular China que impulsa el gobierno nacional a través de la Cancillería. 

El motivo del encuentro fue que los activistas le entregaran a Fernández más de medio millón de firmas contra el proyecto. Previo a la ceremonia, los tres -junto al secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello- compartieron un almuerzo -vegano- donde el jefe de Estado se comprometió a “no promover modelos industriales de producción de ganado porcino que puedan poner en riesgo la salud pública” según comunicaron desde la UVA.

No sabemos si para el Presidente de la Nación esa semblanza le hace justicia al acuerdo con China.

Si bien el encuentro -ocurrido el 25 de noviembre- y su posterior difusión podrían haber generado cierto desconcierto, el complemento de la imagen transformó ese primer sentimiento en estupor. Según Solari, la idea fue de Fernández. “Cuando terminamos la reunión, amablemente nos propuso hacer la foto con la urna como se ve allí, que contenía las 530 mil firmas juntadas en mi petición”, le contó la modelo y activista a #OffTheRecord.

Hasta última hora del lunes se hicieron gestiones diplomáticas para explicar el ágape que resultaron exitosas. El error de cálculo del Presidente, sin embargo, le abre una posibilidad al oficialismo.

El acuerdo, es cierto, no va a avanzar en los términos que fue comunicado, porque la inversión prevista es entre privados. O todo lo privado que resisten las particularidades chinas donde afiliaron a Jack Ma al Partido Comunista.

Si bien los productores pueden advertir cierto fastidio al comienzo, este peculiar movimiento le puede permitir al Gobierno descomprimir las críticas de los ambientalistas y avanzar en proyectos concretos con menos resistencias.

¿Y China?

La semana trajo una novedad auspiciosa para un país sin acceso a los mercados de crédito internacional como hace al menos dos años es la Argentina.

Con fondos provistos por instituciones públicas chinas, el país recibirá financiamiento por más de 4.700 millones de dólares destinados a obras ferroviarias que permitirán mejorar sensiblemente las capacidades logísticas en el área de transporte. No es el único proyecto de interés para el país.

El mencionado de granjas porcinas avanza con el objetivo de agregar valor a las exportaciones y pasar de la soja y el maíz para alimentar ganado asiático a la exportación de proteína animal. Capitales chinos podrían participar del nuevo esquema para la hidrovía cuya concesión lleva 25 años con resultados relativamente pobres. 

La creciente capacidad de los operadores chinos de construir infraestructura en tiempo y forma, con arreglo a presupuestos y financiamientos convenientes, convierte al país asiático en un socio atractivo para este tipo de obras.

Será responsabilidad de la Argentina negociar de la mejor manera para no redundar en esquemas demasiado desventajosos, aún con las asimetrías evidentes de poder entre ambos países. 

Otros acuerdos

El caso de la cuarta central nuclear, que se haría con tecnología y financiamiento chinos, ha sido causa de controversia en el seno del Gobierno.

No se discuten ni su capacidad generadora ni su tecnología, entre las más seguras y modernas del mundo -como había asegurado hace ya dos años el mayor experto nuclear del macrismo, el ex parrillista Julián Gadano, al anunciar la realización de la obra- sino su utilidad.

Hay sectores del Gobierno que cuestionan su necesidad y los costos intrínsecos de una nueva central nuclear así como sus saldos en materia de transferencia tecnológica favorable al país. La obra, sin embargo, le interesa al gigante asiático.

China acostumbra a condicionar financiamientos con cláusulas de default cruzado que permiten ligar cada obra a la realización de las demás. Las reglas son siempre las que son, no las que nos gustarían.

Muchas veces, sin embargo, el problema está en casa. Durante el macrismo, Guido Sandleris había atado el segundo tramo del swap de monedas -que significa una parte vital de las reservas del Banco Central- a la vigencia del acuerdo stand by con el Fondo.

Si se caía el acuerdo con el Fondo, se caía el segundo tramo del swap con China, lo que significaba una pérdida de 8.500 millones de dólares. El tema se resolvió a través de una carta que envió el propio Alberto Fernández a Xi Jinping

China tiene reservado un lugar protagónico en el futuro de la Argentina y muchos confían en su rol como financista capaz de aportar fondos sin condicionar -demasiado- las políticas económicas de los países y, lo cierto, es que ha rivalizado en los últimos años en la asistencia de fondos otorgados con el propio Banco Mundial.

Hacedor de obras de infraestructura en países emergentes y en desarrollo, esa política parece estar en revisión. Un reciente artículo publicado en el Financial Times muestra una sensible reducción del financiamiento al desarrollo por parte de China tras las malas experiencias en varios lugares, entre los que se destacan Venezuela y Ecuador.

El investigador argentino Bernabé Malacalza señaló un punto omitido por el artículo. El financiamiento se mantiene, pero se realiza a través de los bancos estatales comerciales y con mucha más atención a la viabilidad y rentabilidad de cada proyecto.

En todo caso, ambos coinciden, los yuanes no serán para financiar  aventuras.

Por último, queda el lugar de China como protagonista de la globalización.

El gobierno de Trump arrancó con la retirada estadounidense del Tratado Transpacífico, un acuerdo sin consensos internos que buscaba integrar a Estados Unidos con las economías de Asia-Pacífico, y se cierra con China firmando el RCEP, un acuerdo de libre comercio que incluye a las economías de ASEAN, en el sudeste asiático, y a países geopolíticamente alineados a Estados Unidos como Japón, Australia y Corea del Sur.

A primera vista, mientras Estados Unidos margina la globalización, enfocado en sus problemas internos, China la abraza.

Un punto de importancia para países como el nuestro, con economías relativamente cerradas, que tienen en China un socio principal.

Exttractado de CENITAL

Compartir en

AN Logo
Suscribite al Newsletter de Acercando Naciones para recibir lo último en información sobre Diplomacia, Cultura y Negocios.