Opinión

Cambio climático; desafíos y calidad de vida

Desafíos del cambio climático y una vida más amigable

Fríos extremos, calor donde antes hacía bajas temperaturas son sólo algunos de los síntomas del mentado cambio climático, globalizado. El inicio de año nos anotició de incontables de estos fenómenos, algunos inéditos y otros de muy larga data, de variadas consecuencias. Por ejemplo, al drama de decenas de millones de migrantes forzados por conflictos se suman otros tantos de “refugiados climáticos”, que ya es hoy la principal causa de desplazamientos en el mundo, tendencia en aumento de no mediar cambios (1). Ya en el 2008 expertos pronosticaban que para el 2050 unas 200 millones de personas se verían obligadas a dejar sus hogares por problemas de desertificación o desastres naturales (2).

El cambio climático es producto del calentamiento global; es decir, el aumento de la temperatura del planeta por la emisión de gases de efecto invernadero derivados de la actividad humana, como la desforestación, el uso de energías contaminantes como el petróleo, la agricultura intensiva con utilización de fertilizantes, etc. Todo lo cual afecta los ecosistemas, la biodiversidad y amenaza la propia existencia humana. El problema no es nuevo, pero en los últimos años los fenómenos meteorológicos y desastres ambientales se multiplicaron: inundaciones, suba del nivel del mar, sequías, temperaturas extremas, etc. Llaman la atención, asustan, e interpelan el accionar humano, principal responsable de dichos desequilibrios, más allá de las opiniones dispares. ¿Cambiaremos?

Contrastes

El 2019 alumbró con una sumatoria de fenómenos climáticos en todo el planeta. Argentina vivió en la primera semana de febrero el contraste frío-calor. “Ver para creer: la ola de calor en Ushuaia y la nieve en Jujuy, en fotos”, reseña La Voz del Interior de Córdoba el 5 de febrero (3), con imágenes con techos nevados en pleno verano en las localidades de Catua y Mina Pirquitas de la provincia norteña; y gente tomando sol en el sur patagónico, asociado habitualmente a vientos y nevadas. En las australes Tierra del Fuego y Santa Cruz la ola de calor llegó a una sensación térmica de 42°C. El Servicio Meteorológico Nacional registró récords históricos: 30,8°C en Río Grande y 38,2°C en Perito Moreno.

“Cambio climático: advierten que se derretirá un tercio de los glaciares del Himalaya”, afirma un titular de La Nación el 5 de febrero, según las conclusiones del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas, que estima hacia finales de siglo semejante desenlace para la cordillera con las cumbres más elevadas del planeta (4).

El Himalaya (“morada de la nieve”, en sánscrito) alberga a más de un centenar de montañas que superan los siete mil metros y casi una decena de ocho mil metros, entre ellos el Monte Everest (8.848 metros sobre el nivel del mar). Se extiende por Bután, Nepal, China e India. Estos últimos los más pobladas del globo terráqueo. ¿Qué pasará con los pueblos asentados a la vera de los ríos que nacen de sus cimas, como el Ganges y el Indo, que suman más de mil millones de personas, con las crecidas del deshielo en lugares considerados sagrados y que configuraron el hinduismo y el budismo?

“Ola de frío ártico y nieve en Estados Unidos: en Chicago “hará más frío que en el Everest y la Antártica””, reporta la BBC News Mundo el 29 de enero, al dar cuenta de la temperatura más intensa “en una generación” de acuerdo a los meteorólogos (5). Varios estados se declararon en emergencia, entre ellos los de Alabama y Misisipi, en el sur, generalmente más cálidos. Las autoridades del estado de Iowa pidieron a la población que “evite respirar profundamente y que minimice las conversaciones” si salen a la calle. Las altas temperaturas afectaron a más de un centenar de millones de estadounidenses, produjeron muertes y variados inconvenientes: cortes de tránsito, electricidad y agua.

“¿Qué diablos está pasando con el calentamiento global? Por favor, vuelve rápido, ¡te necesitamos!”, ironizó por Twitter el presidente estadounidense Donald Trump, quien tiene una mirada por momentos incrédula del cambio climático, llegando a insinuar se trate de un “invento chino”. Claro, en el marco de la abierta “guerra comercial” con su par asiático por la supremacía geopolítica.

Cabe recordar que EEUU abandonó el acuerdo de París en el 2017 firmado en el 2015 por más de 190 países para evitar que la temperatura de la tierra suba más allá de 2°C, intentando llevarla a niveles preindustriales. Una muestra de los avances y retrocesos en materia de compromisos con un ambiente saludable.

Foto de video de Euronews (en español) de marcha de estudiantes belgas exigiendo medidas por el cambio climático. En sus pancartas podía leerse: “Los dinosaurios también creían que tenían tiempo”, “En 2019 el Titanic no se hubiera hundido”…

Más amigables

“Hay que buscar cómo podemos resolver la situación todos juntos. No ayuda mucho estar en esa situación de busca de culpabilidades y hacer acusaciones, hay que seguir adelante, sin olvidarse, claro, de ese punto en particular”, afirma Marcel Beukeboom, experto de Asuntos Climáticos de Holanda. “En el momento en el que los planes se hacen más concretos, son más tangibles para la gente de a pie, y estas son regulaciones sobre el uso de energía, el transporte, el cambio en nuestra dieta o consumo de menos carne, etc., medidas concretas que pueden ser propuestas por los gobiernos y que buscan cambios en el comportamiento de los ciudadanos”, acotó el especialista europeo poniendo foco en “unir fuerzas” para reducir el calentamiento global (6).

Como se ve, el cambio climático es tema de suma actualidad. Un fenómeno complejo, para algunos el preanunciado apocalipsis. Lo cierto que el ser humano comporta grados de responsabilidad en semejantes descalabros al punto de su propia extensión. Conocer sobre los beneficios de una vida amigable con el entorno natural y las causas y consecuencias de su paulatino deterioro, con la desaparición por su accionar de especies animales y vegetales, sería el primer paso para aprender hábitos más saludables. Una mayor conciencia ambiental, legado de los pueblos originarios, debería redundar en compromisos con una ecología más integral. Con políticas públicas más solidarias, cooperativas, y con mayores exigencias en la responsabilidad social empresaria. Entendiendo que la supremacía competitiva, la mera ambición de lucro y lógica “ganar-perder”, produce mayor conflictividad social y degradación de los ecosistemas.

Lo anterior debería traducirse en innovadoras materias de estudio y prácticas en los claustros educativos en todos los niveles y en todos los hogares, prioritarias, enfocadas en comprender la interdependencia de los ecosistemas y la humanidad, para la subsistencia y el desarrollo mutuo. Desafiando conveniencias e intereses particulares de sectores, corporaciones, gobiernos y naciones. Para desembocar en hábitos que privilegien la convivencia, las perspectivas de paz, por sobre los “instintos de lucha”. Más amistosos con la sustentabilidad de la vida en su totalidad: con la dignidad humana y la Creación.

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Por Miguel Werner
Perspectivas de Paz

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