Internacional

Birmania, vacaciones para alcanzar el “nirvana”

La nación asiática ofrece pasar unas vacaciones nada convencionales: ascetismo, silencio y casi ayuno en un monasterio budista.

Rupert Arrowsmith, un historiador de arte británico, eligió Birmania para pasar unas vacaciones nada convencionales: ascetismo, silencio y casi ayuno en un monasterio budista. Los principios fundamentales de este viaje interior son más ascéticos que hedonistas. “Al principio es como darte con la cabeza contra un muro. Tienes problemas para calmarte y para concentrarte“, explica.

“Es como un campo militar. ¡Incluso hasta el corte de pelo!“, bromea tras 45 días de meditación y silencio total en el monasterio de Chanmyay Yeiktha en medio del campo aunque cerca de Rangún. Después de rasurarse la cabeza en la ceremonia de ordenación, los religiosos, extranjeros o no, se sumergen en una vida diaria placentera y dura a la vez.

The Asian nation offers a holiday unconventional: asceticism, fasting, silence and almost in a Buddhist monastery.

Rupert Arrowsmith, British art historian, chose Burma for a holiday unconventional: asceticism, fasting, silence and almost in a Buddhist monastery. The fundamental principles of this inner journey is more ascetic than hedonistic. "At first it's like giving head against a wall. Having problems to calm down and focus, "he explains.

"It's like a military camp. Even to the haircut! "Jokes after 45 days of meditation and silence in the monastery of Chanmyay Yeiktha in the countryside but near Rangoon. After shaving his head in the ordination ceremony, religious, foreign or not, are immersed in daily life pleasant and hard at the same time.

Awakened from 03.30 in the morning, meditate for most of the day, sitting with legs crossed or walking in the complex of small buildings, with birdsong as the only background noise. In Chanmyay Yeiktha, the last snack of the day is at 10.30, although at times, and thanks to the generosity of the Burmese, which offer the best to the monks, may be exceptional. Never short of rice, but may also have giant prawns or curries of all kinds.

Despiertos desde las 03.30 de la madrugada, meditan durante la mayor parte del día, sentados con las piernas cruzadas o caminando en el complejo de pequeños edificios, con el canto de los pájaros como único sonido de fondo. En Chanmyay Yeiktha, la última colación del día es a las 10.30, aunque a veces, y gracias a la generosidad de los birmanos, que ofrecen lo mejor a los monjes, pueden ser excepcionales. Nunca falta el arroz, pero también puede haber gambas gigantes o curries de todo tipo.

“Hay que tener las ideas claras porque esto no es Disneylandia“, advierte Arrowsmith, quien tiene un cuarto individual, como el resto de los pensionistas, aunque duerme en una cama sin colchón. No obstante, esta experiencia de búsqueda de la paz interior, la segunda en un monasterio, vale realmente la pena. ”Es esencial para cualquiera que quiera comprender realmente cómo funciona su mente“, explica el británico, que recomienda esta meditación a los occidentales que “hablan de conocerse a sí mismos“.

Tras décadas de aislamiento, Birmania volvió al mapa del turismo internacional después de que se disolvió la junta militar, en 2011. Y con sus miles de monasterios, atrae a visitantes con inquietudes espirituales. Las visas específicas para las estancias de meditación pueden obtenerse “fácilmente” y el turismo religioso está en alza, dice Phyoe Wai Yar Zar, de la Oficina de Turismo de Birmania, aunque las autoridades no disponen de datos.

DESCONEXIÓN Y LIBERACIÓN

En la vecina Tailandia, un destino apreciado por este tipo de turistas, unos mil extranjeros se retiran cada año en los monasterios para meditar y unos cincuenta son ordenados monjes. Un ejemplo que Birmania está dispuesta a seguir. “Desde que se ha abierto el gobierno, han llegado más extranjeros para meditar“, dice Bhaddanta Jatila, superior del centro de meditación Mahasi en Rangún. “Muchos vienen ahora, sobre todo este año. No solo occidentales sino también orientales“.

En este monasterio -que acogía recientemente a 20 coreanos, chinos, japoneses y estadounidenses entre 300 bonzos, religiosas, estudiantes y otros novicios- se crearon alojamientos para ellos. Pero el aumento de los pensionistas extranjeros plantea nuevos interrogantes. Y es que los monjes viven de donaciones en dinero y alimentos de habitantes que esperan obtener una recompensa kármica en el ciclo de la reencarnación.

De ahí la paradoja de que la población de uno de los países más pobres del mundo tenga que alimentar a ciudadanos de los más ricos. Es “bastante difícil aceptarlo“, reconoce Arrowsmith. Tras la violencia islamófoba que dejó decenas de muertos desde hace un año este país mayoritariamente budista, se acusó a algunos monjes extremistas de llevar a acabo campañas antimusulmanas. Pero Arrowsmith está convencido de que se trata solo de una minoría: “Personalmente, nunca he visto monjes birmanos implicados en otra cosa que no sea una meditación intensiva, la no violencia y la buena voluntad hacia el resto de los seres vivos“.

La meditación, la desconexión y la benevolencia son puntos claves de la búsqueda del nirvana. Al igual que la liberación del sufrimiento que constituye la reencarnación perpetua. Es lo que seduce a Shigenari Moriya, un japonés de 36 años, que descubrió el budismo en su batalla contra el cáncer. Para él, Birmania es el lugar ideal para buscar las enseñanzas de Buda. ”Me gusta el sol, la comida es deliciosa, y sobre todo estoy contento de meditar aquí porque pienso que el país tiene más darma que cualquier otro lugar en el planeta“, dice. Aunque había previsto que iba a estar de monje tres meses, ahora no está seguro de querer retomar su antigua vida. Como la mayoría de los que visitan Birmania.

AFP"We must have clear ideas because this is not Disneyland," says Arrowsmith, who has a single room, like the rest of pensioners, but sleeping in a bed with no mattress. However, this experience of finding inner peace, the second in a monastery, is really worth. "It is essential for anyone who wants to really understand how his mind works," said the Briton, who recommended this meditation to Westerners who "speak of knowing themselves."

After decades of isolation, Burma returned to international tourism map after the military junta was dissolved in 2011. And with thousands of monasteries, attracting visitors with spiritual concerns. Specific visas for stays of meditation can be obtained "easily" and religious tourism is on the rise, says Phyoe Wai Yar Zar, of the Tourist Office of Burma, but the authorities do not have data.

DISCONNECT AND RELEASE

In neighboring Thailand, a popular destination for these tourists, a few thousand foreigners are removed each year in the monasteries to meditate and fifty monks are ordained. An example that Burma is ready to continue. "Since the government has opened, more foreigners have come to meditate," says Bhaddanta Jatila, upper Mahasi meditation center in Rangoon. "Many come now, especially this year. But not only Eastern Western ".

In this monastery, which recently hosted 20 Korean, Chinese, Japanese and American among 300 monks, nuns, students and other novice-were created accommodation for them. But increasing foreign pensioners raises new questions. And is that the monks live in cash and food donations from people who expect karmic retribution in the cycle of reincarnation.

Hence the paradox that the population of one of the world's poorest countries need to feed the richest citizens. It is "very difficult to accept," says Arrowsmith. After Islamophobic violence that left dozens dead a year ago this country mostly Buddhist monks were accused of carrying just extremist anti-Muslim campaigns. But Arrowsmith is convinced that this is only a minority: "Personally, I never saw Burmese monks involved in something else other than an intensive meditation, nonviolence and good will towards other living beings."

Meditation, disconnection and benevolence are key finding nirvana. Like liberation from suffering which is the perpetual reincarnation. Is what allures Shigenari Moriya, a Japanese 36, he discovered Buddhism in his battle against cancer. For him, Burma is the place to find the teachings of Buddha. "I like the sun, the food is delicious, and I am especially pleased to meditate here because I think the country has more dharma than any other place on the planet," he says. Although it was expected that a monk would be three months, now is not sure he wanted to resume his old life. Like most visitors to Burma.

AFP

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