recesión y crisis financiera en 2020?

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Crisis Financiera mundial en el 2020?

A diez años del colapso de Lehman Brothers, todavía se debaten las causas y consecuencias de la crisis financiera, y si se aprendieron las enseñanzas necesarias para prepararnos para la próxima. Pero la pregunta más pertinente a futuro es qué activará la próxima recesión y crisis global, y cuándo.

Es probable que la actual expansión global continúe el año
entrante, dado que Estados Unidos mantiene un gran déficit fiscal, China aplica
políticas fiscales y crediticias laxas, y Europa sigue en una senda de
recuperación. Pero en 2020, estarán dadas las condiciones para una crisis
financiera, seguida de una recesión global.

Hay diez razones para esto. En primer lugar, las políticas
de estímulo fiscal que en la actualidad elevan el crecimiento anual
estadounidense por encima del nivel potencial de 2% son insostenibles. En 2020
el estímulo se agotará, y un ligero freno fiscal reducirá el crecimiento de 3%
a un poco menos de 2%.

En segundo lugar, como el estímulo se aplicó a destiempo, la
economía estadounidense ahora está sobrecalentándose, con una suba de la
inflación por encima de la meta. De modo que la Reserva Federal de los Estados
Unidos seguirá subiendo la tasa de referencia desde el 2% actual a por lo menos
3,5% en 2020, y es probable que eso provoque un alza de los tipos de interés a
corto y largo plazo, y también del dólar.

En tanto, en otras economías importantes también hay un
aumento de inflación, al que se suman presiones inflacionarias derivadas del
alza del petróleo. Eso implica que los otros grandes bancos centrales seguirán
a la Reserva Federal en la normalización de la política monetaria, lo que
reducirá la liquidez global y generará presión alcista sobre los tipos de
interés.

En tercer lugar, es casi seguro que las disputas comerciales
del gobierno de Trump con China, Europa, México, Canadá y otros países se
agravarán, lo que llevará a menos crecimiento y más inflación.

En cuarto lugar, hay otras políticas de Estados Unidos que
seguirán añadiendo presión estanflacionaria y obligarán a la Reserva a subir
todavía más los tipos de interés: la restricción de los flujos de tecnología e
inversiones desde y hacia Estados Unidos, que afectará las cadenas de
suministro; límites a la inmigración que se necesita para mantener el crecimiento
conforme la población estadounidense envejece; el desaliento de inversiones en
economía verde; y la falta de una política de infraestructura que permita
resolver restricciones de la oferta.

En quinto lugar, es probable que el crecimiento en el resto del
mundo se desacelere, sobre todo cuando otros países consideren adecuado tomar
represalias contra el proteccionismo estadounidense. China debe frenar el
crecimiento para hacer frente a su exceso de capacidad y de apalancamiento, o
se producirá un aterrizaje forzoso. Y los mercados emergentes, que ya están en
situación frágil, seguirán padeciendo el proteccionismo y el endurecimiento
monetario en Estados Unidos.

En sexto lugar, el crecimiento en Europa también será más
lento, debido al ajuste de la política monetaria y a fricciones comerciales.
Además, políticas populistas en países como Italia pueden llevar a una dinámica
de deuda insostenible en la eurozona. El todavía irresuelto círculo vicioso
(“doom loop”) entre los gobiernos y los bancos poseedores de títulos de deuda
pública amplificará los problemas existenciales de una unión monetaria
incompleta con una inadecuada mutualización de riesgos. En estas condiciones,
otra desaceleración global puede incitar a Italia y otros países a abandonar la
eurozona.

En séptimo lugar, en las bolsas de Estados Unidos y del
mundo sigue la efervescencia. Los ratios precio/ganancias en Estados Unidos
están un 50% por encima de la media histórica, el capital privado está
excesivamente sobrevaluado, y los bonos públicos también están demasiado caros
en vista de sus bajos rendimientos y primas a plazo negativas. Y el crédito de
alto rendimiento también se está volviendo cada vez más caro ahora que la tasa
de apalancamiento corporativo en Estados Unidos alcanzó máximos históricos.

Además, en muchos mercados emergentes y algunas economías
avanzadas hay un claro exceso de apalancamiento. Los inmuebles comerciales y
residenciales están demasiado caros en muchas partes del mundo. Conforme se
sumen indicios de una tormenta global, en los mercados emergentes continuará la
corrección de tenencias de acciones, commodities y renta fija. Y como los
inversores previsores anticiparán una desaceleración del crecimiento en 2020,
los mercados reajustarán en 2019 las cotizaciones de los activos de riesgo.

En octavo lugar, una vez producida una corrección, habrá más
riesgo de iliquidez y ventas a precio de remate o undershooting. No hay mucha
actividad de creación de mercado y warehousing (preparación de activos para
titulización) por parte de corredores/operadores. El exceso de transacciones de
alta frecuencia/algorítmicas aumenta el riesgo de un derrumbe repentino. Y los
instrumentos de renta fija se han concentrado en fondos de crédito dedicados
abiertos negociables.

De producirse una huida del riesgo, los sectores financieros
de los mercados emergentes y de las economías avanzadas con inmensos pasivos en
dólares ya no tendrán acceso a la Reserva Federal como prestamista de última
instancia. Con la inflación en alza y una normalización de políticas en marcha,
ya no se puede contar con el respaldo que los bancos centrales proveyeron en
los años posteriores a la crisis.

En noveno lugar, hace poco Trump atacó a la Reserva Federal
con una tasa de crecimiento del 4%. ¿Qué no hará en el año electoral 2020,
cuando es probable que el crecimiento haya caído por debajo de 1% y aparezcan
las pérdidas de empleo? La tentación de Trump de fabricar una crisis de
política exterior para crear una cortina de humo será grande, especialmente si
este año los demócratas recuperan la Cámara de Representantes.

Como ya inició una guerra comercial con China y no se
atrevería a atacar a la nuclearizada Corea del Norte, el siguiente mejor blanco
que le queda a Trump es Irán. Un enfrentamiento militar con ese país puede
generar una perturbación geopolítica estanflacionaria similar a las crisis del
petróleo de 1973, 1979 y 1990. No hace falta decir que eso agravaría todavía
más la inminente recesión global.

Finalmente, en cuanto se produzca la tormenta perfecta que
acabamos de bosquejar, habrá una tremenda escasez de herramientas para
enfrentarla. El margen para el estímulo fiscal ya está limitado por el inmenso
endeudamiento público. Los abultados balances y la falta de espacio para bajar
las tasas de referencia reducirán la posibilidad de seguir aplicando políticas
monetarias no convencionales. Y en países con movimientos populistas
resurgentes y gobiernos casi insolventes no habrá tolerancia a rescates del
sector financiero.

En Estados Unidos, en concreto, los legisladores han
restringido la capacidad de la Reserva para proveer de liquidez a instituciones
financieras no bancarias y extranjeras con pasivos en dólares. Y en Europa, el
ascenso de partidos populistas dificulta implementar reformas en el nivel de la
UE y crear las instituciones necesarias para combatir la próxima crisis
financiera y recesión.

A diferencia de 2008, cuando los gobiernos tenían las
herramientas necesarias para evitar un derrumbe descontrolado, a la hora de
enfrentar la próxima desaceleración las autoridades tendrán las manos atadas,
con un endeudamiento general superior al de la crisis anterior. Cuando se
produzca, la siguiente crisis y recesión puede ser incluso más grave y
prolongada que la anterior.

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