RMB, ¿HACIA UNA DIVISA INTERNACIONAL DE CHINA?

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El cambiante papel del renminbi (RMB, literalmente moneda del pueblo de la República Popular China -RPC- y coloquialmente conocida como yuan) es una vía para comprender el ascenso de China en un mundo dominado por el dólar de EE.UU. desde que el modelo de acumulación exportador de la RPC reformuló a comienzos de siglo el patrón de comercio global. Cabe ahora preguntarse acerca del rol del RMB en las finanzas globales en la próxima década, habiendo anticipado las autoridades chinas su intención de reemplazar a mediano plazo al dólar como moneda líder a nivel internacional.

Por ahora, el mundo continúa altamente concentrado en torno al dólar –63,5% del total de reservas mundiales (2017) en poder de bancos centrales, estimadas en U$S 11,3 billones–. Le sigue el euro con 20% de las mismas y el yen japonés y la libra esterlina con 4,5%, respectivamente. Así, casi 93% del total de reservas declaradas corresponden a cuatro divisas mientras que el RMB cubre 1,1% del total, lo que indica que por ahora las bancas centrales no parecen decididas a ampliar su tenencia.

Tal vez no deba descartarse que en una década el RMB cubra un nivel de reservas similar al del yen o la libra y, aunque la tendencia declinante del dólar como divisa núcleo lleva casi dos décadas, se trata de transiciones muy lentas, dado el atractivo para los bancos centrales por su liquidez. La RPC constituye la segunda economía mundial con 17,5% del PIB total (2017), y ocupa el primer puesto como exportador mundial –reflejando una participación similar a la de EE.UU. en el comercio internacional–. Presenta un mercado de capitales unificado y se ubica en tercer lugar entre los emisores de bonos. No obstante, aún siendo la quinta divisa más utilizada para pagos internacionales, el RMB cubre sólo 1,6% de las transacciones globales mientras 41% de las mismas se concretan aún en dólares y 31% en euros. Así, podría estimarse que el RMB está subrepresentado en los pagos y reservas en relación con su participación en el comercio mundial, en contraste con la popularidad del dólar entre inversores y gobiernos dada la liquidez y seguridad del colosal mercado de capitales de EE.UU. Sin embargo, Corea del Sur utiliza el RMB en más del 80% de sus operaciones bilaterales, y Francia e Italia ya lo emplean en más de la mitad de sus pagos a China, que progresivamente liquida 25% de sus exportaciones en RMB.

No obstante, para convertirse en una divisa de reserva internacional debe aún cumplir varios criterios, tales como una tasa de interés libre, flexibilidad y convertibilidad del tipo de cambio, la liberación de la cuenta de capital, así como la cobertura de una cuota significativa de las reservas, pasivos bancarios y títulos de deuda globales a nivel mundial, pasos en los cuales la RPC ha avanzado escasamente. La internacionalización de una moneda en el sistema mundial conlleva una serie de beneficios, tales como el señoreaje –ventaja que el derecho a producir dinero puede conllevar para el emisor– así como la capacidad de endeudarse e invertir a nivel internacional en su propia moneda, evitando así riesgos de cambio. Como contrapartida, se produce una pérdida relativa del control sobre la política monetaria y una mayor exposición de la economía nacional a los flujos de capital potencialmente desestabilizadores, así como el peligro de una eventual sobrecarga de inversión externa –con potenciales efectos inflacionarios–.

En cualquier caso, la utilización del RMB en años recientes ha avanzado sensiblemente, dado el significativo crecimiento de la economía china como de los esfuerzos de sus autoridades para expandir su presencia como moneda con aspiraciones de convertirse en la divisa internacional propia de una superpotencia. Así, hasta el conservador Bundesbank (el Banco Central alemán), al igual que el Banco de Francia y otras instituciones prestigiosas han anunciado –aunque en cantidades muy modestas– la inclusión del RMB entre sus reservas.

Aun así, el eventual declive del dólar no necesariamente conlleva un ascenso inevitable del RMB, además de su sustancial expansión en el uso comercial, la emisión de títulos y la inclusión en las reservas de diversos países sólo 20 años luego de su incorporación plena a la economía internacional con la notificación al FMI en 1996 de la eliminación de las restricciones en los pagos internacionales de cuenta corriente y su acceso a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001.

Le resta aún a la RPC reforzar y transparentar su mercado doméstico de deuda, ya que de lo contrario no podría absorber flujos masivos de capital en búsqueda de un resguardo sólido, lo que requiere brindar seguridad a su estructura legal y financiera para evitar devaluaciones como las de 2015 y 2016, así como huidas de capital ante cualquier señal de inestabilidad, como se registraron entre 2014 y 2017. La apertura al capital externo requerirá un plazo prolongado que permita a las autoridades reforzar las instituciones operativas y contralor doméstico mientras se concretan las reformas financieras requeridas, incluida la plena convertibilidad del RMB prevista para 2020, que hasta 2005 operaba bajo una paridad fija con el dólar, luego ajustada en torno de una banda formada por el índice de una canasta de las divisas que integran sus reservas a través del China Foreign Exchange Trade System (CFETS).

Sin embargo, la convertibilidad en término del RMB podría peligrar en razón de la guerra comercial en curso, ante eventuales sanciones del Gobierno de Trump, tales como la prohibición a empresas en EE.UU. de facturar en RMB.

Continuando su meticuloso plan, la RPC ha designado bancos de “clearing” y líneas de “swaps” en centros financieros, liderados por Hong Kong, aunque también en Singapur y Nueva York. Finalmente, en 2016 las reformas encaradas contra las transferencias ilegales o irregulares de capital encubiertas como inversiones externas, lograron que el FMI aceptara incorporar al RMB en el tercer lugar –-con una cuota de 10,92 %–de la canasta de los Derechos Internacionales de Giro (DEG), su instrumento artificial de reserva. A continuación la RPC estableció el Banco Asiático de Inversión, que le permite canalizar en RMB sus préstamos para infraestructura en terceros países, los cuales se ampliarán sustantivamente en el marco del proyecto “Un cinturón, Una ruta” destinado a incrementar su poderío estratégico en Eurasia.

Paradójicamente, la RPC invierte sus reservas mayormente en bonos del Tesoro de EE.UU. como precaución frente a cualquier signo de inestabilidad doméstica e internacional mientras que inversores externos no pueden constituir depósitos en bancos de la RPC. Por ello, para que el RMB pudiera convertirse en una moneda de refugio no alcanza sólo el sostenido crecimiento económico sino que se requerirían importantes reformas regulatorias y de política exterior en un mundo todavía dominado por el dólar. La desconfianza en la consistencia de la normativa china y la iliquidez de su mercado financiero interno constituyen un impedimento central para el futuro del RMB global, por lo que la internacionalización del yuan sólo podría adoptar un carácter paulatino y gradual.

Por analogía, EE.UU. había superado el PIB del Reino Unido hacia 1870-80, aunque el dominio de la libra se prolongó en torno de sus establecidas redes financieras más allá de la Primera Guerra Mundial. La creación del Sistema de la Reserva Federal y la eliminación de las restricciones a la radicación de bancos extranjeros en EE.UU. contribuyeron al afianzamiento del dólar a nivel internacional, aunque los bonos en tal denominación no predominaron hasta los ‘30. Por ende, el dólar no emergió como divisa internacional hasta contar con un altamente eficiente sistema financiero interno. Más aún, la libra y el dólar convivieron proveyendo seguridad y liquidez con relativa estabilidad hasta concluida la Segunda Guerra Mundial y los acuerdos de Bretton Woods, que instauraron el patrón dólar-oro entre potencias que no representaban regímenes potencialmente antagónicos.

Por el contrario, el proyecto chino implica desafíos directos al dólar como el lanzamiento en 2018 del contrato sobre petróleo –denominado petroyuan, que cotiza en la Bolsa de Futuros de Shanghai– que pretende convertirse en precedente para que diversos productos básicos tradicionalmente cotizados en dólares se reorienten al ámbito del RMB, ofreciendo a los proveedores vender el crudo a cambio de yuanes convertibles en oro.

Más allá del incierto éxito de tales instrumentos, no cabe descartar que el RMB podría alcanzar el status de moneda de reserva global si supera las limitaciones pendientes bajo la conducción ortodoxa de su política monetaria por parte del Banco del Pueblo –incluyendo la liberación de su cuenta de capital y el control de la volatilidad de su tipo de cambio– pudiendo construir una imagen confiable para la plaza china aún antes de concluir la reforma normativa y el ajuste estructural de su sistema financiero.

Aun en dicho caso, nada garantiza que pueda reemplazar al dólar a mediano plazo, ya que los inversores globales difícilmente canalicen por ahora flujos masivos de capital hacia la RPC. Así, el ascenso del RMB al club de las divisas internacionales dependerá, en mayor medida, de sus políticas internas que del sistema internacional, sujeto al tiempo que demande la conformación de un sistema financiero interno regulado y líquido, lo que eventualmente requeriría asimismo reformas políticas que garanticen la vigencia del Estado de Derecho en el sentido predominante en occidente, lo que no necesariamente parece presente en las visiones de largo plazo de la conducción del Partido Comunista Chino, debiendo preverse que una moneda se convierte en reserva global recién cuando la confianza en ella como medio de pago y reserva de valor se mantiene globalmente a lo largo de un plazo prolongado.

Fuente El Economista

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