Criterios distintos…

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Con el apoyo de los dos principales partidos, el gobierno de Merkel reveló que estudia hacer gratuito el transporte público en cinco ciudades piloto.
En una segunda instancia podría hacerse extensivo a Berlín y otras ciudades. Es en respuesta a los límites de contaminación atmosférica impuestos por la Unión Europea. El antecedente de Estonia y la situación en América Latina.

 Medios alemanes revelaron este martes que el gobierno federal de Alemania, que encabeza Angela Merkel, evalúa establecer la gratuidad del transporte público urbano a nivel nacional como forma de desalentar el uso del auto particular y disminuir así la contaminación ambiental. La propuesta surge como respuesta a las presiones de la Comisión Europea para que las ciudades alemanes reduzcan sus emisiones de sustancias contaminantes, como el óxido de nitrógeno. Como parte del paquete también se prevén nuevas restricciones para el tránsito particular y el transporte de cargas. Si Alemania no cumple con las exigencias de la UE se podría ver expuesta a una demanda en la Corte Europea de Justicia, lo que el gobierno de Merkel busca evitar con este plan.

En una carta enviada a las autoridades de Bruselas, el jefe de Gabinete de Merkel y los ministros de Ambiente y de Transporte informan que prevén comenzar un piloto en cinco ciudades: Essen, Bonn, Mannheim, Reutlingen y Herrenberg. Todas están ubicadas en los estados de Renania del Norte-Westfalia y Baden-Wurtemberg, en el oeste del país. Se trata de ciudades intermedias, que van del más de medio millón de habitantes de Essen y los 300 mil de Bonn hasta los 30 mil de Herrenberg. No obstante, las dos primeras son emblemáticas: Essen es un importante centro económico, sede de varias de las principales empresas alemanes, mientras que Bonn fue la antigua capital de Alemania Federal y aún hoy es considerada una “segunda capital” después de Berlín.

El gobierno alemán no ha revelado aún más detalles de la iniciativa, que en principio cuenta con el respaldo de los dos principales partidos, la Unión Cristiano-Demócrata (CDU) de Merkel y el Partido Socialdemócrata (SPD). Ambos acaban de llegar a un acuerdo para renovar el gobierno conjunto, lo que garantizaría a Merkel cuatro años más de mandato, posibilitando que alcance el récord de 16 años en el cargo de su mentor, el ex canciller Helmut Kohl. Por lo pronto, se descuenta que el transporte público gratuito sería solventado con subsidios del gobierno federal alemán a las regiones y municipios, que son las encargadas de prestar los servicios. En Alemania, prácticamente todo el transporte público está a cargo de empresas estatales integradas.

En una segunda instancia, si el plan es exitoso, está prevista su extensión a otras ciudades afectadas por el incumplimiento de los criterios de contaminación de la UE, entre las que se encuentran Berlín, Dresde, Múnich, Hamburgo, Hanover o Colonia, entre otras.

Hasta el momento, la principal ciudad del mundo en contar con transporte público gratuito es Tallin, la capital de Estonia. Desde comienzos de 2013 el uso de todos los medios públicos es libre para los residentes, si bien los turistas siguen precisando comprar su boleto. La medida fue implementada tras un referendo y las encuestas demuestran desde entonces un amplio apoyo de la población. Al año de establecerse la gratuidad el total de pasajeros transportados había ya crecido un 14%, mientras que el uso del auto particular sigue cayendo desde entonces.

El transporte público ya se encontraba subsidiado en un 70% en Tallin –un valor similar al nivel de subsidio en el Área Metropolitana de Buenos Aires antes de la última reforma tarifaria del gobierno–, hecho que según sus autoridades facilitó la lógica financiera para la gratuidad. La capital estonia calcula estar obteniendo ganancias con relación al esquema anterior una vez que se computan el incentivo que obtuvieron los ciudadanos para regularizar su situación fiscal –requisito para obtener la tarjeta de transporte– y el impacto en el mercado laboral por las mayores posibilidades de movilidad para los habitantes con menos recursos.

En América Latina sólo algunas ciudades pequeñas de Brasil poseen transporte público gratuito. La más importante es Maricá, a 40 km de Río de Janeiro, donde se implementó en 2014 a cargo de la Empresa Pública de Transporte. En 2016, una propuesta de dos ingenieros publicada en el diario chileno La Tercera generó un debate sobre la posibilidad de llevar la experiencia a Santiago.

Por el momento, en Buenos Aires la viabilidad y consecuencias económicas de una iniciativa de ese calibre no han sido siquiera objeto de estudio. El gobierno nacional se encuentra comprometido con un alza gradual de tarifas, y avanza en la reconcesión a privados de las líneas Belgrano Norte y Urquiza tras el vencimiento de las concesiones de Ferrovías y Metrovías. A su vez, el Gobierno de la Ciudad ha mantenido la tarifa del Subte por encima del colectivo (contrariamente a la política histórica, que buscaba quitar pasajeros de superficie) mientras trabaja para volver a privatizar su operación. De hecho, días atrás Horacio Rodríguez Larreta pidió a Angela Merkel que la operadora berlinesa BVG –pública y propiedad del estado federado de Berlín– se presente a la licitación del Subte.

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