Nuevo género en la ONU?

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El todavía secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha manifestado que «ya es hora» de que sea una mujer quien esté al frente de las Naciones Unidas, una idea defendida también por la directora ejecutiva de ONU Mujeres y secretaria general adjunta de la ONU, Phumzile Mlambo-Ngcuka, y a la que se han sumado gran parte de los países de la Asamblea General.

La rotación geográfica a la que acude la ONU para elegir quién ocupa la Secretaría General y el movimiento para que sea una mujer quien lidere las Naciones Unidas ha situado a la directora general de la Unesco, la búlgara Irina Bokova, como uno de los nombres que suenan con más fuerza, ya que hasta ahora Europa del Este no ha tenido un representante.

Además de Bokova, otras cinco mujeres se han postulado para liderar la ONU: la neozelandesa Helen Clark, Vesna Pusiæ, ex-ministra de Exteriores de Croacia, Natalia Gherman, que fue viceprimera ministra y ministra de Exteriores de Moldavia; la argentina Susana Malcorra y la costarricense Christiana Figueres.

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Aunque seguirá siendo el Consejo de Seguridad quien proponga finalmente un nombre, en esta ocasión el proceso destaca por su transparencia, ya que es la Asamblea General la encargada de recoger las candidaturas y de entrevistar a los aspirantes.

Entre las candidatas destacan dos latinoamericanas, la ministra argentina de Relaciones Exteriores, Susana Malcorra, que fue jefa de gabinete de la Secretaría General de la ONU y Christiana Figueres, la máxima responsable de la ONU en la lucha contra el cambio climático.

Para Susana Malcorra (Rosario, Argentina, 1954), que gestionó cerca de treinta misiones de paz y cree que la ONU «es hoy más necesaria que nunca», el rol del secretario general deber ser el de «construir puentes y resolver problemas antes de que se conviertan en crisis». La avala su trayectoria en el organismo, al que llegó en 2004 para ser directora de operaciones y directora ejecutiva adjunta del Programa Mundial de Alimentos.

Malcorra ocupó el cargo hasta que en 2008 fue nombrada secretaria general adjunta del Departamento de Apoyo a las Actividades sobre el Terreno, y en 2012 Ban Ki-moon la designó jefa del gabinete de la Secretaría General de las Naciones Unidas.

La ministra argentina ha anunciado que, si consigue hacerse con el cargo, formará un equipo paritario, formado al 50 por ciento por mujeres, en su afán por construir una ONU «diferente».

Christiana Figueres (San José, Costa Rica, 1956), otra candidata latinoamericana, cuenta en su haber con el mayor logro conseguido en la lucha contra el cambio climático, después de que todos los estados miembro de la ONU firmaran en diciembre de 2015 el Acuerdo de París, por el que se comprometen a reducir la emisión de gases contaminantes.

Figueres ha destacado el acuerdo como un ejemplo de la multilateralidad que debe seguir el planeta para reducir la pobreza y buscar la paz, y cree que «la ONU necesita liderar al mundo para restaurar el optimismo global». Su liderazgo en materia de energía y cambió climático ya fue reconocido en 2001 con el Premio Héroe del Planeta, de National Geographic.

La mujer más poderosa de Centroamérica, según la revista Forbes, ha destacado que ésta «es una buena oportunidad para que la ONU sea liderada por primera vez por una mujer», y considera que «tener tantas candidatas ya es en sí una gran victoria», aunque «se trata de buscar a la persona que tenga los mejores atributos».

Figueres apuesta por la resolución pacífica de las disputas y la respuesta a las crisis, el fortalecimiento de la ONU y el desarrollo de un modelo de «diplomacia colaborativa». La costarricense enarbola el pacifismo de un país que ha destacado por su defensa de los derechos humanos y que abolió el ejército en 1948 por iniciativa de su padre, José Figueres Ferrer, que lideró una revolución ese año y fue presidente de Costa Rica.

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